Violencia intrafamiliar: las denuncias por agresiones a menores crecieron un 57%

La Oficina de Violencia Doméstica reveló que en 2025 se superaron los 5.000 casos vinculados a niños y adolescentes, con un preocupante aumento del maltrato físico.

En medio de la conmoción que persiste por el caso de Ángel, el niño asesinado en Comodoro Rivadavia, los datos oficiales exponen una realidad alarmante que golpea a los sectores más vulnerables de la sociedad. Según el último informe de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, las denuncias por violencia contra niños, niñas y adolescentes experimentaron un incremento superior al 57% durante 2025 en comparación con el año anterior, alcanzando niveles críticos de desprotección.

El relevamiento indica que, de las más de 10.000 presentaciones totales recibidas por el organismo, la mitad correspondió a menores de edad. Esta cifra marca un pico histórico tras un leve descenso en 2024, evidenciando que el entorno familiar, lejos de ser un refugio, se ha convertido para miles de chicos en un escenario de riesgo constante.

Radiografía de las víctimas y los agresores

El análisis de la OVD permite desglosar un universo de violencia con rasgos específicos de género y edad. Durante el último año, la tendencia mostró que las mujeres (66%) y los varones (60%) sufren agresiones de manera masiva, siendo el segmento de 6 a 10 años el más afectado por las denuncias.

En cuanto a los victimarios, los datos son contundentes:

  • Género del agresor: El 71% de las denuncias en 2025 apuntaron a varones, lo que representa un aumento del 5% respecto al año anterior.

  • Vínculo filial: El 80% de los casos ocurre dentro de un vínculo parental. En la mayoría de las presentaciones, el agresor identificado es el padre (66%), seguido por la madre (34%).

  • Sujetos denunciados: La cifra de personas señaladas como agresores escaló de 3.484 en 2024 a 10.951 en 2025, reflejando una multiplicación de los focos de violencia.

Tipos de violencia y señales de alerta

Si bien la violencia psicológica es la que más se asienta en los registros (presente en el 98% de las evaluaciones de riesgo de inicios de 2026), la violencia física ha mostrado un avance preocupante. En 2024, afectaba al 37% de los menores denunciantes; para 2025, ese número ascendió al 42%. Es decir, cuatro de cada diez niños padecen castigos corporales o lesiones.

La psicóloga Sol Rivera (MN 51296) advierte que estas situaciones desnudan un sistema que «falló en ver, escuchar e intervenir». Según la profesional, los niños siempre dan señales, aunque no puedan verbalizar el maltrato:

  1. Lesiones frecuentes: Heridas con explicaciones poco claras.

  2. Cambios conductuales: Aislamiento, agresividad repentina o miedo excesivo.

  3. Hipervigilancia: Menores que viven en estado de alerta constante ante la presencia de adultos.

  4. Retrocesos: Dificultades en el desarrollo o pérdida de hitos ya alcanzados.

2026: una tendencia que no cede

El inicio del corriente año no ofrece un panorama alentador. Durante enero de 2026, la OVD elaboró 1.153 evaluaciones de riesgo, un 2% más que en el mismo periodo del año pasado. Del total de casos analizados, el 26% fue calificado como de riesgo «alto o altísimo», lo que implica una amenaza inminente para la integridad física o la vida de los menores involucrados.

Rivera enfatiza que la naturalización del maltrato bajo el concepto de «correctivo» es uno de los mayores peligros. «El maltrato aparece cuando el adulto interpreta el berrinche como un desafío, cuando en realidad es un desborde emocional del menor que el adulto no sabe gestionar», explica.

Conclusión

Las cifras de la OVD son un llamado urgente a la acción para las instituciones escolares, judiciales y de salud. La violencia intrafamiliar no es un asunto privado, sino una problemática pública que requiere de una red de contención activa. Para revertir esta «realidad que duele», resulta imperativo dejar de minimizar las señales de los niños y entender que la crianza requiere límites claros, pero estrictamente despojados de cualquier forma de violencia.