El futuro de las jubilaciones: por qué cada vez más trabajadores terminarían cobrando la mínima
La precarización y el auge del monotributo transforman el mapa laboral argentino, augurando un futuro previsional crítico para millones de aportantes independientes.
La retracción del empleo asalariado formal y el vertiginoso crecimiento del régimen simplificado modifican estructuralmente el mercado de trabajo en la Argentina. Informes recientes basados en estadísticas oficiales revelan que toda la creación de empleo de los últimos años se sostiene exclusivamente sobre el monotributo, un fenómeno que encendió las alertas entre los economistas y especialistas en seguridad social debido al impacto directo que tendrá en los haberes jubilatorios del porvenir.
El desplazamiento del empleo formal
De acuerdo con datos difundidos por entidades de análisis económico a partir de registros oficiales de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) y el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la masa de trabajadores independientes bajo el régimen simplificado no para de escalar. En los últimos cinco años, el padrón de monotributistas registró un incremento del 22%, alcanzando a más de 4,1 millones de personas.
En contraposición, los puestos estables en relación de dependencia exhiben una tendencia contractiva o de estancamiento crónico. Tras la salida de la pandemia, el empleo privado formal mostró un repunte efímero que se interrumpió a finales de 2023. Desde ese punto de inflexión, la nómina de asalariados registrados retrocedió un 3,8%, mientras que los monotributistas «puros» —aquellos que no combinan su actividad con un empleo formal— continuaron expandiéndose con fuerza.
Este desplazamiento progresivo provocó que el universo cuentapropista formal se acerque al 30% del total de ocupaciones registradas en el país, dejando atrás los registros previos al 2021.
El peso de la obligatoriedad y la falsas contrataciones
Un dato alarmante que arrojan los relevamientos sectoriales es el crecimiento de las denominadas contrataciones independientes encubiertas. Se trata de trabajadores que operan bajo una supuesta autonomía profesional pero que responden a una relación de dependencia clásica, facturando de manera obligatoria para reducir costos laborales patronales. Este segmento pasó de representar el 2,1% del mercado en 2017 a superar el 4% en la actualidad.
Por sectores, los mayores saltos cuantitativos se concentraron en los servicios de mensajería y logística urbana, con subas superiores al 60%, acompañados de cerca por la industria informática, el transporte vinculado a plataformas digitales y las actividades profesionales.
El impacto ineludible en el sistema previsional
El talón de Aquiles de este modelo radica en la naturaleza de los aportes al sistema previsional. A diferencia de los empleados en relación de dependencia, donde las contribuciones patronales y personales se calculan de forma proporcional sobre el salario bruto, los monotributistas aportan una suma fija mensual que no guarda relación directa con sus ingresos reales ni escala de manera óptima para financiar el sistema.
Al jubilarse, la gran mayoría de estos contribuyentes —independientemente de la categoría que hayan ostentado durante su vida activa— ingresan al universo de beneficiarios que perciben los haberes mínimos establecidos por la ANSES. La ecuación financiera del SIPA se vuelve así insostenible: ingresan menos aportes proporcionales por asalariado formal y se multiplica la cantidad de futuros pasivos con derecho a la mínima, tensionando los recursos del Estado de cara a las próximas décadas.
«El reemplazo del empleo asalariado por el monotributo no solo precariza las condiciones laborales del presente, sino que condena a una massiva cobertura previsional de subsistencia en el futuro.»
Desafíos estructurales pendientes
La consolidación del monotributo como principal motor de la ocupación en la Argentina pone de manifiesto la urgencia de repensar las normativas laborales e impositivas. Sin incentivos claros para la formalización plena de las PyMEs y sin esquemas de seguridad social adaptados a las nuevas formas de economía gig y cuentapropismo, el sendero actual conduce inexorablemente hacia un sistema jubilatorio homogéneo en la base de la pirámide de ingresos, profundizando la vulnerabilidad de los adultos mayores.
