Industria del cuero: crisis, plantas al mínimo y 26.000 despidos

La industria del cuero enfrenta una recesión histórica con plantas al mínimo, acumula 26.851 empleos perdidos junto al calzado y registra un derrumbe productivo superior al 24%.

La industria del cuero atraviesa uno de los ciclos recesivos más severos de su historia reciente en la Argentina, castigada por una contracción productiva superior al 24% durante el primer semestre de 2026 y la pérdida de 26.851 empleos formales en la cadena de valor compartida con los sectores textil, confección y calzado. Este complejo escenario fabril, relevado por el Sindicato de Empleados, Capataces y Encargados de la Industria del Cuero a partir del inicio de la administración de Javier Milei en diciembre de 2023, mantiene a curtiembres, centros de acopio y talleres manufactureros operando a niveles mínimos de capacidad instalada debido al desplome del consumo interno y el alza de costos fijos.

Derrumbe productivo y capacidad ociosa en las fábricas

El retroceso de la actividad fabril se profundizó con crudeza durante la primera mitad de 2026. La caída de más de 24 puntos porcentuales en el volumen manufacturado dejó al descubierto la vulnerabilidad estructural de una cadena productiva que depende en gran medida de la demanda interna y de costos energéticos previsibles.

Hoy, los principales establecimientos industriales del rubro —radicados principalmente en los cordones fabriles del conurbano bonaerense y el interior provincial— presentan naves semivacías, esquemas de suspensiones rotativas y una parálisis casi total de líneas de acabado. Las curtiembres, que constituyen el primer eslabón transformador de la materia prima ganadera, debieron adecuar sus ritmos de trabajo a una demanda doméstica severamente erosionada, acumulando excedentes que no encuentran colocación rentable ni en el mercado local ni en los destinos de exportación.

Sangría laboral en la cadena del calzado y confección

La dimensión más crítica del problema radica en el impacto social directo sobre el trabajo registrado. Los datos gremiales dan cuenta de que, entre diciembre de 2023 y mediados de 2026, el conjunto conformado por las industrias textil, confección, cuero y calzado resignó 26.851 puestos de trabajo formales.

Esta cifra no solo ilustra el achicamiento de las nóminas salariales mediante retiros voluntarios y despidos por goteo, sino también la desaparición definitiva de micro, pequeñas y medianas empresas que no lograron sortear la caída de ventas. Los talleres de confección y calzado, fuertemente articulados con los proveedores curtidores, absorbieron el impacto inicial reduciendo turnos laborales y prescindiendo de personal calificado cuya formación técnica insumió años de experiencia en el oficio manufacturero.

Advertencias gremiales frente a la desindustrialización

Frente a este retroceso sistemático, el secretario general del gremio del cuero, Marcelo Cappiello, advirtió sobre la gravedad del cuadro económico general y cuestionó con firmeza el rumbo dispuesto por las autoridades nacionales. Para el referente sindical, la situación de la manufactura no puede aislarse como una vicisitud estacional del mercado, sino que responde a una matriz económica deliberada.

“Este modelo económico es un modelo para desindustrializar”, aseveró Cappiello, remarcando que las variables macroeconómicas actuales conducen a una reducción drástica del entramado fabril argentino. El dirigente apuntó además contra las contradicciones existentes en el sector patronal, al señalar que ciertas cúpulas empresariales acompañaron orientaciones políticas aperturistas que terminaron dinamitando la rentabilidad de las propias plantas locales. Al mismo tiempo, subrayó la urgencia de diseñar herramientas de representación laboral para monotributistas y cuentapropistas, quienes quedan desamparados fuera del convenio formal al cerrarse los puestos fabriles.

Asfixia financiera y parálisis en la cadena de pagos

El retroceso operativo se complementa con un estrangulamiento financiero generalizado. Los resultados del relevamiento de Indicadores Industriales y Expectativas elaborado por la Unión Industrial Argentina (UIA) para el mes de julio confirmaron que el 47,6% de los establecimientos manufactureros del país experimentó dificultades severas para cancelar al menos una de sus obligaciones básicas.

El corte de la cadena de pagos afecta simultáneamente la liquidación de haberes salariales, las cargas impositivas, los compromisos con proveedores de insumos químicos y las facturas de servicios públicos esenciales como gas y electricidad, cuyos aumentos tarifarios impactaron de lleno en los procesos de curtido intensivo. Sin acceso a financiamiento productivo a tasas razonables y con márgenes operativos en terreno negativo, las empresas agotan sus reservas de liquidez únicamente para mantener abiertas sus persianas.

La combinación de una demanda deprimida, costos en ascenso y ausencia de medidas de protección sectorial sitúa a la actividad fabril frente a una encrucijada determinante. La industria del cuero requiere con urgencia políticas activas de estímulo que restituyan el poder adquisitivo, financien la reconversión tecnológica y frenen la sangría de puestos calificados, factores indispensables para evitar el desmantelamiento definitivo de uno de los sectores históricos del patrimonio productivo nacional.