Argentina perdió más de 30.000 empresas durante el gobierno de Javier Milei
El cierre de empresas en Argentina alcanzó las 31.000 bajas desde la asunción presidencial, golpeando con fuerza al comercio, la industria y el transporte en todo el país.
El cierre de empresas en Argentina registró una marca crítica tras confirmarse la desaparición de unas 31.000 firmas formales desde el inicio del mandato de Javier Milei. La cifra, revelada a través de un riguroso relevamiento elaborado por el centro de estudios Fundar sobre registros oficiales, arroja un ritmo de disolución alarmante: el país pierde un promedio aproximado de 33 empleadores por día. La contracción del entramado productivo se concentró de manera predominante en el comercio, el transporte, el negocio inmobiliario y la actividad manufacturera, configurando un escenario donde la emergencia de nuevos emprendimientos en sectores extractivos o de servicios no logra compensar la sangría generalizada.
El impacto sectorial y la brecha productiva
El retroceso de la estructura corporativa nacional se manifiesta con particular crudeza en aquellos rubros que traccionan mano de obra intensiva. De acuerdo con el diagnóstico de la entidad técnica, la caída del número de compañías operativas se focalizó en los eslabones del comercio minorista y mayorista, la logística y almacenamiento, los desarrollos inmobiliarios y diversas ramas de la industria manufacturera. Se trata de sectores profundamente atados a la dinámica del mercado doméstico, los cuales sufren el doble impacto de costos operativos al alza y una demanda deprimida.
En contraste con este cuadro recesivo, se observó la conformación de nuevas unidades de negocios en actividades muy específicas, tales como los servicios personales y administrativos, los hidrocarburos y la minería. No obstante, el dinamismo exhibido por estos segmentos de capital intensivo resultó completamente insuficiente para revertir la tendencia global de achicamiento. La economía evidencia así una estructura bifurcada: enclaves vinculados a la exportación de recursos naturales que logran expandir proyectos a gran escala, mientras el tejido empresarial tradicional y urbano continúa contrayéndose de forma ininterrumpida.
Desplome del consumo y encarecimiento tarifario
Entre los factores macroeconómicos que explican la disolución de miles de establecimientos, el análisis vincula el fenómeno de manera directa con un desplome de al menos 10% en los niveles de consumo masivo. Esta retracción en las ventas afectó tanto a las bocas de expendio de proximidad como a las plataformas de comercio electrónico, erosionando el flujo de caja operativo necesario para que los comercios y las pequeñas y medianas empresas puedan cubrir sus compromisos fijos corrientes.
A la merma sustancial en la facturación se acopló una presión de costos sin precedentes derivada del reacomodamiento en los precios relativos. La canasta de servicios públicos esenciales (que comprende electricidad, gas, agua y combustibles) experimentó un encarecimiento del 249% en términos reales, es decir, tras descontar la inflación acumulada. Esta corrección tarifaria desarticuló las estructuras de costos de talleres, fábricas, depósitos y locales comerciales, transformando las facturas energéticas en un componente prohibitivo dentro de los balances de las empresas.
La apreciación del peso y la pérdida de competitividad
El tercer vector que terminó de estrangular la sostenibilidad operativa radicó en la dinámica cambiaria. El informe subraya que la apreciación del peso argentino acumuló una suba cercana al 30% desde finales de 2023. Lejos de aliviar el funcionamiento de la producción fabril, este movimiento encareció de manera abrupta los costos unitarios de elaboración medidos en moneda dura, restando competitividad a los bienes nacionales.
Este atraso relativo del tipo de cambio encareció la producción local en dólares e incrementó la exposición de las fábricas nacionales frente al ingreso de mercadería importada. Los fabricantes que operan para abastecer a la población debieron afrontar tarifas dolarizadas e insumos caros en un mercado donde la capacidad de compra de los consumidores está seriamente mermada. Al no poder trasladar los incrementos a los precios en góndola por falta de demanda, la rentabilidad colapsó hasta desembocar en el cese definitivo de actividades o la presentación de concursos preventivos.
La radiografía aportada por las estadísticas expone una encrucijada determinante para el programa económico oficial. Mientras los indicadores de inflación mensual exhiben una desaceleración en las mediciones agregadas, la combinación de derrumbe en las ventas, tarifas energéticas al alza y encarecimiento en dólares provocó un daño de proporciones sobre la red de empleadores del país. El cierre de empresas en Argentina deja en evidencia que la estabilidad financiera difícilmente devenga en una recuperación genuina si el entramado productivo pierde su capacidad de subsistencia y generación de empleo registrado.
