Trabajadores pobres: el empleo ya no evita la pobreza
La suba de la inflación y la informalidad laboral elevaron la tasa de trabajadores pobres al 20%, quebrando la protección tradicional del empleo frente a la canasta básica.
Los trabajadores pobres representan hoy al 20% de la población ocupada en la Argentina, consolidando un quiebre estructural donde tener un empleo formal o informal ya no garantiza superar la línea de subsistencia económica. Durante el primer trimestre de 2026, la aceleración de la inflación, el rezago sistemático de los ingresos frente a las canastas básicas y el avance de la precarización laboral empujaron a uno de cada cinco trabajadores bajo el umbral de la pobreza, en un contexto socioeconómico donde el índice general trepó al 30% de la población y la indigencia se ubicó en el 6,5%.
El quiebre del salario como escudo protector
Históricamente, la inserción laboral funcionaba en el mercado argentino como una barrera efectiva contra la privación material extrema. Sin embargo, la dinámica inflacionaria reciente y el encarecimiento de los consumos esenciales alteraron este esquema de protección social. Aunque contar con un puesto de trabajo todavía previene de manera mayoritaria la caída en la indigencia, su capacidad para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) quedó fuertemente erosionada.
El deterioro socioeconómico general incorporó a cerca de 1,3 millones de personas a los registros de pobreza durante el inicio del año corriente. Este avance no respondió a una destrucción masiva de puestos laborales, sino a una degradación cualitativa y real de las remuneraciones percibidas por los asalariados y cuentapropistas, quienes vieron cómo sus ingresos mensuales perdían terreno de manera continua frente a los bienes y servicios de primera necesidad.
Factores detrás del deterioro según el ODSA
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina identificó tres factores concurrentes que explican la vulnerabilidad del sector ocupado:
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Erosión del salario real: La velocidad de actualización de las remuneraciones marchó por detrás del encarecimiento registrado en alimentos, transporte y servicios.
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Crecimiento de la informalidad: El empleo no registrado escaló hasta alcanzar al 44,2% de la estructura laboral activa en el territorio nacional.
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Presión de gastos fijos ineludibles: Las subas continuas en tarifas de servicios públicos, transporte urbano y alquileres absorbieron una porción creciente de los ingresos familiares.
Desde el organismo técnico de la UCA señalaron que el escenario refleja un mercado que logra sostener el volumen general de ocupación, pero lo hace a expensas de multiplicar los puestos precarios, la subocupación horaria y las inserciones laborales de baja productividad con remuneraciones deprimidas.
Brecha de vulnerabilidad según la categoría ocupacional
El impacto de la crisis de ingresos no se distribuye de manera homogénea entre los distintos segmentos del mercado. Un informe de la consultora Empiria desagregó cómo incide la pobreza de acuerdo con la modalidad de contratación y registro de los trabajadores:
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Cuentapropistas informales: Es el sector más golpeado del entramado productivo, con una tasa de pobreza que alcanza al 42% de sus integrantes debido a la falta de cobertura gremial y la volatilidad de sus tareas diarias.
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Asalariados no registrados: El personal contratado en la informalidad presentó un índice de pobreza del 33%, condicionado por salarios inferiores a los convenios colectivos y la ausencia de beneficios sociales.
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Empleados privados formales: Dentro del empleo en blanco, la pobreza alcanzó al 11%, un registro inédito para este universo que históricamente se mantenía resguardado por las negociaciones paritarias.
Esta segmentación confirma que la precarización contractual duplica e incluso triplica las probabilidades de caer en la pobreza, afectando principalmente a quienes carecen de esquemas formales de actualización salarial periódica.
Proyecciones y perspectivas de los especialistas
Las estimaciones elaboradas por centros de estudios privados anticipan un panorama complejo para el cierre del año, caracterizado por la rigidez de las cifras sociales. Agustín Salvia, director del ODSA-UCA, calculó que la pobreza general finalizará el ejercicio anual en torno al 33%, consolidando un piso que calificó como histórico y estructural para la matriz socioeconómica de la Argentina.
Por su parte, el economista Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Equilibra, evaluó que la segunda mitad del año podría exhibir una estabilización en los niveles de precios tras los ajustes más severos en alimentos y tarifas energéticas. No obstante, advirtió que no se prevé un sendero de recuperación sustantiva para el poder adquisitivo de los salarios reales, lo que mantendrá a los ingresos familiares en niveles deprimidos e impedirá una salida rápida de los hogares vulnerables de la franja de pobreza.
La consolidación del fenómeno de los trabajadores pobres plantea un desafío que trasciende la mera generación cuantitativa de empleo. Sin una desaceleración inflacionaria sostenida combinada con una recuperación tangible del poder de compra y la formalización de los puestos de trabajo, el mercado laboral continuará albergando a millones de ciudadanos cuyos ingresos no logran costear la canasta básica familiar.
