El fin del Monotributo: el Gobierno analiza un nuevo esquema que encarecería el costo de trabajar
El Consejo de Mayo propuso limitar el régimen simplificado a las categorías más bajas y revivir la compleja figura del Responsable No Inscripto para el resto de los profesionales.
El Gobierno nacional, bajo la constante presión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha vuelto a poner sobre la mesa de debate la posibilidad de eliminar el Monotributo o, en su defecto, reducir al mínimo indispensable la masa de contribuyentes adheridos a este régimen simplificado. La iniciativa cobró fuerza tras la difusión de un documento elaborado por el Consejo de Mayo —el espacio multisectorial promovido por la administración de Javier Milei que nuclea a funcionarios, gobernadores y empresarios—, el cual propone reformar sustancialmente el esquema de tributación para los trabajadores independientes de todo el país. El objetivo de fondo es forzar la migración de un amplio sector de profesionales hacia el régimen general de impuestos.
El plan para reducir el universo de monotributistas
La estrategia oficial bajo análisis busca recortar de manera drástica el alcance del Monotributo, restringiendo su acceso únicamente a los sectores de menores ingresos. Según los lineamientos trazados por el Ministerio de Economía, la intención es mantener vigente el beneficio del pago unificado exclusivamente para el Monotributo Social y las categorías iniciales de la escala: A, B y C.
Todos aquellos trabajadores autónomos e independientes cuyas facturaciones anuales superen los límites establecidos para la categoría C quedarían automáticamente excluidos del régimen simplificado. Para evitar el impacto de un salto directo y sin escalas al Régimen General —un histórico factor de resistencia debido a la enorme carga impositiva y administrativa que conlleva—, el Consejo de Mayo sugirió la creación de un sistema intermedio o «puente» diseñado de forma específica para los prestadores de servicios y profesionales.
La pieza central de esta transición consistiría en resucitar la figura tributaria del «Responsable No Inscripto» en el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Este mecanismo, que funcionó activamente en la arquitectura impositiva argentina durante décadas, fue derogado de forma definitiva en el año 2004 debido a las severas distorsiones económicas, la complejidad de su fiscalización y las asimetrías comerciales que generaba en la actividad diaria.
Menos cobertura de salud y previsional, más costos operativos
El eventual fin del Monotributo para las categorías medias y altas no solo alteraría la ecuación fiscal de los contribuyentes, sino que reconfiguraría por completo su acceso a la seguridad social. En la actualidad, el pago mensual del monotributista cubre de forma integrada el componente impositivo, la obra social y los aportes jubilatorios.
Con el nuevo diseño propuesto, los profesionales excluidos del sistema simplificado afrontarían un escenario sumamente adverso:
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Aportes jubilatorios obligatorios: Deberían comenzar a cotizar bajo el régimen de trabajadores autónomos. Esto implicaría una erogación mensual significativamente más alta que la actual, con la perspectiva de acceder en el futuro únicamente a una jubilación de nivel mínimo.
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Pérdida de cobertura médica básica: Al eliminarse el componente destinado a la salud dentro de la cuota única, los trabajadores se verían obligados a contratar de manera particular una empresa de medicina prepaga o afiliarse de forma directa a una obra social sindical, lo que encarecería drásticamente el presupuesto familiar mensual.
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Asistencia profesional permanente: La complejidad de la liquidación de las nuevas obligaciones requerirá, de manera casi indispensable, la contratación de un contador público, sumando un costo operativo fijo adicional para el trabajador independiente.
Ante este panorama, diversos analistas tributarios advierten que, lejos de ampliar la base de recaudación, las nuevas exigencias y costos podrían empujar a una masa significativa de profesionales hacia la informalidad y el traspaso directo a la actividad no declarada.
El regreso del Responsable No Inscripto y la trampa del IVA
La propuesta oficial intenta suavizar el impacto técnico estableciendo que los nuevos Responsables No Inscriptos no tendrían la obligación de presentar las declaraciones juradas mensuales de IVA ni de emitir la facturación habitual de dicho tributo. En su lugar, el proyecto contempla que este universo de trabajadores independientes tribute un Impuesto a las Ganancias Simplificado con una alícuota fija del 25%.
Sin embargo, los antecedentes históricos de este esquema demuestran que el beneficio de la simplificación es relativo. En el pasado, la exención de declarar el IVA se compensaba mediante el sistema técnico del «IVA por acrecentamiento». Bajo este método, los proveedores de un Responsable No Inscripto cobraban la tasa general del IVA y le adicionaban, por imperio legal, un recargo obligatorio del 50%.
Trasladado a valores actuales, donde la alícuota general del IVA se ubica en el 21%, un Responsable No Inscripto terminaría asumiendo un costo indirecto estimado del 31,5% en sus compras de insumos y servicios vinculados a su actividad. De este modo, el fisco recauda de manera anticipada el tributo bajo el supuesto de que el profesional luego trasladará ese costo al precio final de sus prestaciones, encareciendo toda la cadena de valor de los servicios profesionales independientes.
Perspectivas legislativas ante un año clave
El debate en torno a esta reforma se da en un contexto macroeconómico complejo. El Monotributo fue creado originalmente en el año 1998 bajo la gestión de Domingo Cavallo, con la premisa de brindar previsibilidad a los pequeños trabajadores e incorporar al circuito formal a miles de cuentapropistas que operaban al margen del sistema.
La administración actual evalúa avanzar con estas modificaciones mediante el envío de un conjunto de proyectos de ley al Congreso de la Nación durante el transcurso de este año. La urgencia del Poder Ejecutivo radica en la ventana de oportunidad política: los estrategas oficiales entienden que debatir una reforma tributaria de esta magnitud durante el año 2027 resultará prácticamente inviable debido a la cercanía del proceso electoral legislativo, el cual suele congelar las iniciativas que demanden un mayor esfuerzo fiscal a la clase media.
