La apertura importadora y el atraso cambiario aceleran la destrucción de empresas

El modelo económico de Javier Milei registra una pérdida inédita de unidades productivas y puestos de trabajo, impulsada por un esquema que privilegia las finanzas sobre la industria nacional.

La velocidad de la metamorfosis económica en Argentina ha alcanzado un ritmo que los analistas califican de «dramático». A poco más de dos años del inicio de la gestión de La Libertad Avanza, el entramado socioproductivo del país enfrenta una de las crisis de sostenibilidad más agudas de su historia reciente. Según datos oficiales y reportes de consultoras privadas, la combinación de una apertura comercial irrestricta, el atraso del tipo de cambio y un ajuste fiscal sin precedentes está configurando un escenario donde la producción local cede terreno frente a los bienes finales importados, dejando tras de sí un tendal de comercios cerrados y fábricas inactivas.

Un saldo alarmante: 24.000 empresas menos

El impacto del programa económico se traduce en cifras que superan los registros de crisis previas. De acuerdo con un informe de Fundar, basado en datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, desde el inicio del mandato de Milei se han perdido 24.180 empresas, lo que representa una caída del 4,7% del total del universo productivo hasta principios de 2026. Esta sangría empresarial se concentra mayoritariamente en sectores orientados al mercado interno: 14 de los 19 rubros económicos muestran descensos significativos, con un impacto que alcanza a 23 de las 24 provincias argentinas, siendo Neuquén la única excepción gracias al dinamismo de Vaca Muerta.

En términos laborales, el panorama es igualmente desolador. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señala que la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas se redujo un 3%, lo que equivale a la desaparición de 290.123 puestos de trabajo. Si se incluye al personal de casas particulares, la cifra de empleo privado registrado destruido asciende a más de 317.000 personas. Los especialistas advierten que este proceso no solo reduce la cantidad de empleo, sino que degrada su calidad, empujando a miles de trabajadores hacia la informalidad y la precariedad salarial.

Importaciones vs. producción nacional

Uno de los ejes centrales del diagnóstico crítico refiere al desplazamiento de la industria local por productos extranjeros. El Banco Provincia detalló en su último informe que la participación de bienes finales (consumo y vehículos) alcanzó el 24,5% de la canasta importadora en los últimos doce meses. Esta cifra es superior a los promedios registrados durante la convertibilidad de los años 90 y el gobierno de Mauricio Macri.

Mientras las compras al exterior de productos terminados aumentaron un 80% entre 2023 y 2025, las importaciones de insumos productivos —piezas y accesorios necesarios para fabricar localmente— cayeron un 25%. Esta asimetría evidencia una estrategia de desmantelamiento deliberado del valor agregado nacional. El discurso oficial, que suele tildar de «ineficientes» a los empresarios locales, parece ignorar que la competencia se da en un marco de asimetría cambiaria y costos financieros que asfixian la operatividad diaria.

La dicotomía de los ganadores y perdedores

El modelo actual parece haber consolidado una economía de dos velocidades. Por un lado, un sector externo robusto impulsado por récords en exportaciones de commodities (agro, minería y energía) que genera superávit comercial. Por otro lado, una economía doméstica en ruinas que no recibe el «derrame» de esas divisas. Los únicos ganadores claros en este esquema son el sector financiero, los exportadores de materias primas y los grandes importadores de bienes terminados.

Perspectivas y riesgo de sostenibilidad

A pesar de las promesas del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre una inminente recuperación histórica, los indicadores de actividad de febrero de 2026 muestran una caída del 2,6%, ubicándose como uno de los peores registros mensuales desde 2004 (excluyendo la pandemia). El arrastre estadístico negativo pone en duda incluso la posibilidad de crecimiento para el cierre de este año.

El riesgo que asume el Ejecutivo es, en última instancia, político y social. Cuando la caída del consumo y la pérdida de empleo superen la barrera de la tolerancia social, el relato de la «eficiencia de mercado» podría enfrentarse a un shock de realidad. El hundimiento de la clase media comercial e industrial representa un desafío para la sostenibilidad de un modelo que, hasta ahora, ha avanzado a una velocidad de destrucción superior a cualquier ciclo previo de apertura liberal.