El desempleo en la era Milei: la destrucción de puestos de trabajo alcanza a todas las provincias
Un informe del Cetyd de la Unsam revela que la recesión y el freno de la obra pública golpearon de forma generalizada a las economías regionales entre 2023 y 2026.
La narrativa de una crisis laboral focalizada exclusivamente en los grandes centros urbanos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) quedó desarticulada por la evidencia estadística. La recesión económica y la paralización total de la obra pública nacional dinamitaron las estructuras productivas del interior, transformando la desocupación en un fenómeno marcadamente federal. Lejos de registrarse un impacto aislado, el derrumbe del empleo formal privado se extendió como una mancha de aceite, afectando de manera crítica al entramado social y económico de la casi totalidad de las provincias argentinas.
Una radiografía homogénea y federal de la crisis
De acuerdo con el último monitor sociolaboral desarrollado por el Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (Cetyd) de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), la contracción del mercado de trabajo privado registrado afectó a 318 de los 498 departamentos que integran el territorio nacional entre septiembre de 2023 y septiembre de 2025.
Si bien el AMBA resignó la mayor cantidad de posiciones netas en términos absolutos al contabilizar más de 60.000 empleos menos, la medición de la tasa relativa demuestra que la crisis golpeó con una fuerza significativamente superior fuera de las fronteras bonaerenses. Las estructuras provinciales menos diversificadas y con alta dependencia estatal fueron las que asimilaron el impacto más severo.
El Norte argentino como el epicentro del derrumbe
Los datos oficiales procesados revelan que las regiones del Nordeste (NEA) y el Noroeste (NOA) sufrieron el impacto más agudo sobre sus mercados laborales. Al no contar con matrices industriales densas, el freno total de la construcción y la obra pública generó un efecto dominó inmediato sobre el consumo y el comercio local.
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Región NEA: registró un desplome del 7,1% en el empleo asalariado formal privado, lo que representó la pérdida neta de 21.292 puestos de trabajo.
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Región NOA: sufrió un retroceso relativo del 3,4%, traduciéndose en 16.252 trabajadores formales menos en las calles.
Al analizar los grandes aglomerados urbanos del interior profundo, Formosa lideró el ránking de vulnerabilidad con una caída del 12,1% de su plantilla laboral privada (2.343 puestos), seguida muy de cerca por el Gran Resistencia en Chaco, que anotó una contracción del 11,9% (6.367 puestos). En el centro del país, el Gran La Plata experimentó un retroceso del 6,3%, perdiendo más de 7.200 empleos registrados.
Las ciudades chicas y el ámbito rural sufren más
El informe del Cetyd derriba además otra hipótesis común: la supuesta migración virtuosa del empleo hacia localidades intermedias. Los departamentos de tamaño medio y pequeño sufrieron un impacto proporcionalmente mayor al de las grandes metrópolis.
| Tipo de aglomerado urbano / área | Caída promedio del empleo formal |
| Grandes aglomerados urbanos | -1,8% |
| Áreas suburbanas y ciudades intermedias | -3,2% |
| Ciudades pequeñas y departamentos rurales | -3,9% |
A nivel nacional, solo dos provincias consiguieron mantenerse en terreno positivo gracias al empuje de actividades extractivas muy puntuales: Neuquén, impulsada por el desarrollo hidrocarburífero de Vaca Muerta, y Río Negro. Sin embargo, estos puntos ligados a la minería o la agroindustria operaron como excepciones aisladas que no lograron modificar la tendencia de la desocupación generalizada del país.
Un repunte económico que prescinde de los trabajadores
El análisis del Cetyd avanzó sobre los primeros meses de 2026 y advirtió sobre una alarmante anomalía del ciclo económico actual: el rebote de la actividad no está traccionando la demanda de personal. Aunque el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) reflejó una importante recuperación en marzo (+3,5% intermensual desestacionalizado), dicha mejora no tuvo correlato en las oficinas de recursos humanos.
A través del Indicador Predictivo del Empleo (IPE-Cetyd), el organismo anticipó que las variaciones mensuales de abril y mayo mantendrán el signo negativo (-0,10% y -0,12% respectivamente). El fenómeno es todavía más crudo en la actividad industrial, donde el empleo asalariado registrado acumula más de un año consecutivo de caídas mensuales de entre el 0,2% y el 0,5%.
Con salarios disponibles fuertemente condicionados por la suba de las tarifas de servicios públicos y un empleo de calidad en retroceso, el mapa sociolaboral de las provincias ratifica que la salida de la recesión se enfrenta al complejo desafío de un crecimiento que, al menos en su etapa inicial, prescinde de los trabajadores.
