Importación masiva, despidos y márgenes de ganancia récord
Grandes industrias sustituyen la producción nacional por artículos terminados del exterior, manteniendo precios elevados mientras desmantelan plantas. El impacto en el empleo y el consumo alerta a los especialistas.
El nuevo escenario económico en Argentina ha disparado una transformación radical en el modelo de negocios de las principales fábricas del país. Según el reciente informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr, las grandes empresas están abandonando su rol productivo para transformarse en importadoras. Esta maniobra, facilitada por la apertura comercial y la apreciación cambiaria, les permite reducir costos operativos mediante el despido de personal, mientras sostienen —o incluso incrementan— sus márgenes de ganancia al consumidor final.
La brecha de precios: el caso de los termos y el calzado
Uno de los datos más reveladores del informe es la enorme distancia entre el costo de importación y el precio de venta al público. El caso de Lumilagro se ha vuelto paradigmático: tras despedir a 170 empleados en su planta de Tortuguitas, la firma comenzó a traer termos de China a un costo unitario de $8.178, pero los comercializa en el mercado interno a $44.000. Curiosamente, este es el mismo valor que tenía el producto cuando se fabricaba localmente, lo que evidencia que la baja de costos por importación no se traslada al bolsillo del ciudadano.
Situaciones similares se replican en otros sectores:
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Adidas: Importa zapatillas por un valor de $26.790 y las vende a $100.000. En comparación, el mismo modelo en Chile cuesta U$S 44, frente a los U$S 70 que se pagan en Argentina. La firma cerró su planta local, dejando a 360 trabajadores en la calle.
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Essen: La tradicional marca de cacerolas importa unidades de China a $50.000 y las ofrece en sus canales de venta a $384.000. En el proceso, se desprendió de 30 operarios.
Desmantelamiento industrial y reconversión comercial
El informe «Las grandes empresas ante la apertura importadora del gobierno de Milei» sostiene que este proceso no es casual, sino una estrategia deliberada. Empresas emblemáticas como Whirlpool han cerrado plantas modernas (como la de Pilar, inaugurada en 2022) para duplicar la importación de lavarropas terminados.
En el sector tecnológico, Newsan ha pasado de ensamblar componentes en Tierra del Fuego a traer equipos terminados, como los modelos Motorola G23/24. El costo de importación de estos dispositivos ronda los $136.770, mientras que su precio de venta al público se sitúa en los $260.000. Esta transición ha dejado un saldo de despidos y suspensiones que afectan directamente la estabilidad laboral del polo electrónico austral.
El impacto en el consumo y el riesgo a largo plazo
Para los investigadores Zanotti y Schorr, esta dinámica de «importar para comercializar con sobreprecios» tiene patas cortas. Al destruir el empleo industrial, las empresas están socavando la base de sus propios clientes. La reducción de ingresos en la población general impacta directamente en la demanda agregada doméstica.
La industria alimentaria tampoco es ajena a esta tendencia. Mondelez, que suspendió a 2.300 trabajadores a fines de 2025, incrementó la participación de productos finales en sus importaciones. El costo de traer una unidad de galletitas Club Social es de $521, pero llega a la góndola a $2.164, un recargo que supera el 300%.
En conclusión, el modelo de reconversión actual prioriza la rentabilidad financiera inmediata y el aprovechamiento de la coyuntura cambiaria por sobre la capacidad productiva nacional. Si bien el flujo de productos extranjeros es mayor, la persistencia de precios altos y la pérdida de puestos de trabajo plantean un interrogante severo sobre la sostenibilidad del mercado interno en el mediano plazo.
