Crisis habitacional: ocho de cada diez argentinos recorta gastos esenciales

Un estudio global de Hábitat para la Humanidad revela que la crisis económica obliga a los hogares a sacrificar alimentos, ahorros y servicios básicos para pagar la vivienda.

La crisis habitacional en Argentina alcanzó niveles críticos: ocho de cada diez personas debieron recortar al menos un gasto esencial durante el último año con el único fin de poder sostener el costo de su vivienda. Así lo advierte un reciente estudio global de la organización Hábitat para la Humanidad, titulado «Un hogar, pero ¿a qué costo?», que ubica al país por encima del promedio mundial, el cual se sitúa en el 75%. La prolongada volatilidad económica, la inflación acumulada y el fuerte incremento en las tarifas de los servicios públicos profundizan la presión, golpeando con mayor crudeza a los inquilinos y a los sectores de menores recursos.

El relevamiento, encargado a Edelman Intelligence y desarrollado en 22 países, expone que los recortes en los hogares argentinos afectan directamente la subsistencia diaria. El 38% de los encuestados reconoció haber gastado menos en alimentos y compras esenciales, el 37% debió recurrir de manera forzada a sus ahorros o fondos de emergencia, y el 35% se vio obligado a asumir trabajos adicionales o extender sus jornadas laborales para completar el monto del alquiler o la cuota hipotecaria.

El dilema cotidiano y el impacto en los servicios

La gravedad del escenario se refleja en que el 34% de la población debió elegir directamente entre pagar la vivienda o cubrir necesidades vitales básicas, tales como medicamentos, vestimenta o atención médica. En este contexto, la situación empeora drásticamente entre las familias cuyos ingresos se ubican por debajo de los dos salarios mínimos.

A esta ecuación se suma el peso asfixiante de las tarifas energéticas. Casi una de cada cinco personas (19%) limitó severamente el uso de calefacción o refrigeración en su hogar, una cifra que multiplica por casi tres el promedio global (7%). Entre quienes alquilan, el 60% afirma que las elevadas tasas de energía deterioran drásticamente la asequibilidad de su hogar, transformando el pago de los servicios en un factor de exclusión habitacional.

Inquilinos y vulnerabilidad: los sectores más castigados

Si bien el 67% de los consultados asegura poder cubrir actualmente los costos de su vivienda, un análisis más detallado revela una extrema fragilidad financiera: casi cuatro de cada diez personas admiten que tienen dificultades frecuentes para lograrlo, y cerca del 60% teme que un imprevisto económico ponga en riesgo su continuidad en el hogar.

Los inquilinos sufren las presiones más agudas. El 49% de este segmento experimenta problemas constantes para afrontar los pagos —frente al 31% de los propietarios—, mientras que el 68% vive con el temor latente de que un traspié financiero afecte su permanencia. La situación alcanza ribetes críticos en los asentamientos informales, donde el 64% de las personas reporta altos niveles de estrés habitacional, un contraste abismal con el 28% registrado a nivel nacional.

Hacia una estrategia integral de vivienda

Bárbara Bonelli, directora ejecutiva de Hábitat para la Humanidad Argentina, resume la gravedad del diagnóstico al señalar que la vivienda ha dejado de ser un pilar de seguridad para convertirse en una fuente constante de sacrificio.

«Hoy tener una vivienda implica hacer sacrificios que no deberían ser necesarios. Cuando una persona tiene que elegir entre pagar el alquiler o comprar medicamentos, el problema ya no es solamente habitacional, estamos frente a una situación que impacta en la salud y en las oportunidades», advierte Bonelli.

Para los especialistas, la solución requiere de un abordaje multisectorial que combine políticas públicas orientadas a la asequibilidad con la articulación del sector privado y las organizaciones sociales, garantizando que el acceso a un hogar adecuado deje de ser un privilegio en tiempos de crisis.

Conclusión

El informe de Hábitat para la Humanidad desnuda una de las aristas más dolorosas de la crisis económica argentina: la pérdida de la seguridad habitacional. Con una población exigida al límite por el peso de los alquileres y las tarifas, la urgencia de políticas habitacionales activas se vuelve indispensable para evitar una profundización de la desigualdad social.