Femicidio de Ángeles Rawson: el caso que marcó un antes y un después

El crimen de la adolescente de 16 años conmovió a la sociedad argentina en 2013, impulsó los debates sobre la violencia de género y sentó precedentes judiciales históricos.

El femicidio de Ángeles Rawson, ocurrido en junio de 2013 en Buenos Aires, se convirtió en uno de los casos policiales más impactantes de la historia argentina reciente. La desaparición de la adolescente de 16 años, el hallazgo de su cuerpo en un predio de tratamiento de residuos y la posterior investigación que apuntó hacia el portero de su edificio, Jorge Mangeri, mantuvieron en vilo a la opinión pública. Este trágico suceso no solo desnudó la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia machista, sino que también aceleró debates legislativos y sociales fundamentales que, un par de años más tarde, confluirían en el histórico movimiento masivo bajo la consigna «Ni Una Menos».

La desaparición y el hallazgo que conmocionaron al país

El 10 de junio de 2013, Ángeles Rawson regresaba de su clase de educación física hacia su departamento en el barrio de Palermo. Las cámaras de seguridad de la zona registraron su ingreso al edificio de la calle Ravignani 2360, pero nunca llegó a entrar a su hogar. Su familia, al notar la prolongada ausencia y la falta de respuesta en su teléfono móvil, inició una búsqueda desesperada que se viralizó rápidamente en las redes sociales y los medios de comunicación locales.

La peor de las certezas llegó al día siguiente. El 11 de junio, operarios de la planta de tratamiento de residuos de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE) en José León Suárez descubrieron el cuerpo de la joven entre la basura. El cadáver presentaba ataduras y signos de haber pasado por el proceso de compactación de los camiones recolectores, lo que inicialmente dificultó las pericias forenses pero evidenció la brutalidad del hecho.

Un giro inesperado en la investigación penal

En las primeras horas del hallazgo, las hipótesis judiciales y las coberturas mediáticas se enfocaron erróneamente en el entorno familiar de la víctima, generando una fuerte revictimización. Sin embargo, el rumbo de la causa cambió drásticamente durante la noche del viernes 14 de junio, cuando Jorge Mangeri, el encargado del edificio donde residía Ángeles, fue citado a declarar como testigo ante la fiscal Paula Asaro.

Mangeri se presentó a la fiscalía con notorias lesiones en su cuerpo, las cuales intentó justificar falsamente como producto de un presunto apremio ilegal policial. Ante las incongruencias de su relato y la presión de la situación, el encargado interrumpió su declaración testimonial y se autoincriminó espontáneamente expresando que era el responsable de lo sucedido. Aunque esta confesión extrajudicial no tuvo validez legal directa para la condena, orientó de forma definitiva las pesquisas científicas. Las pruebas de ADN posteriores fueron concluyentes: se halló material genético del portero debajo de las uñas de Ángeles, lo que demostró que la joven luchó por su vida y arañó a su agresor antes de morir asfixiada.

El veredicto judicial y el agravante por violencia de género

El juicio oral y público se llevó a cabo en 2015 ante el Tribunal Oral en lo Criminal N° 9 de la Ciudad de Buenos Aires. Durante las audiencias quedó acreditado que Mangeri interceptó a Ángeles en el hall o en el sótano del edificio con fines de abuso sexual. Ante la resistencia de la menor, el agresor la sofocó y la estranguló, provocándole la muerte antes de descartar su cuerpo en el circuito de recolección de residuos urbanos.

El tribunal condenó a Jorge Mangeri a la pena de prisión perpetua al encontrarlo culpable de los delitos de femicidio, abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa y homicidio agravado por su comisión criminis causa (para ocultar el delito precedente).

Esta sentencia fue ratificada posteriormente por la Cámara Federal de Casación Penal y quedó firme por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, consolidando un fallo ejemplar en materia de investigación criminalística con perspectiva de género.

Impacto social y el camino hacia «Ni Una Menos»

El femicidio de Ángeles Rawson no fue un caso policial más; transformó profundamente la sensibilidad social respecto a los crímenes contra las mujeres en Argentina. La masiva cobertura periodística, aunque criticada en ocasiones por el morbo y el tratamiento desmedido, obligó a los medios de comunicación y a la justicia a revisar sus propios sesgos y protocolos de actuación.

La indignación colectiva acumulada por este y otros casos contemporáneos actuó como un catalizador social indispensable. La necesidad de visibilizar que estos crímenes no eran «crímenes pasionales» aislados, sino la consecuencia de una violencia estructural, derivó en la histórica primera movilización del 3 de junio de 2015. El asesinato de Ángeles Rawson permanece en la memoria colectiva como un doloroso punto de inflexión que impulsó la exigencia de políticas públicas eficaces para la prevención, sanción y erradicación de la violencia de género en el país.