Bancos renegocian deudas ante niveles récord de morosidad en el país

Las entidades financieras de primera línea lanzan planes de salvataje individuales para frenar el impago en créditos de consumo, que alcanza su punto más crítico desde el año 2004.

En un contexto de asfixia financiera para los hogares, los principales bancos del país han comenzado a ejecutar una estrategia de emergencia: la renegociación «caso por caso» con clientes morosos. Ante una morosidad récord que ya afecta a 28 de las 30 entidades líderes, el sector busca evitar el colapso de sus carteras de consumo mediante la extensión de plazos y la reducción del costo financiero total. Esta medida responde a una realidad ineludible: el deterioro de los ingresos reales y la pérdida de empleo han dejado a miles de usuarios fuera del sistema de pagos tradicional.

El viraje hacia la renegociación individual

La iniciativa, manejada hasta ahora con estricta discreción, se centra en líneas de crédito para el consumo con plazos originales inferiores a los 36 meses. Las entidades están convocando a clientes con atrasos superiores a los 90 días para ofrecerles una salida basada en la «buena voluntad». Según fuentes del sector, el objetivo primordial es recalibrar la cuota a un monto que el deudor pueda afrontar efectivamente, lo que suele implicar un alargamiento de los plazos de devolución.

«Llevará tiempo volver a niveles razonables de morosidad», admitió el director de un banco extranjero líder. La normalización de la actividad depende, en gran medida, de la estabilidad de las tasas de interés y de una mayor liquidez en pesos que permita a las familias recuperar capacidad de pago. Por ahora, la prioridad de la banca es contener el daño y evitar que los créditos clasificados como irrecuperables sigan escalando en sus balances.

Una mora que enciende alarmas rojas

Los números que maneja el sistema financiero son drásticos. La mora en los créditos destinados a las familias trepó al 11,2% en febrero, marcando el decimosexto mes consecutivo de suba. Este indicador no solo representa un máximo histórico en dos décadas, sino que se agrava exponencialmente en el sector de las entidades no financieras, donde la irregularidad ya alcanza el 29,9%.

Esta crisis de cobrabilidad no es un fallo de gestión interna, sino un síntoma macroeconómico. Los hogares argentinos se encuentran atrapados en una pinza financiera: por un lado, ingresos licuados por la inflación; por el otro, tasas de interés para préstamos personales que rondan el 70% de TNA, pero cuyo Costo Financiero Total (CFT) puede superar el 250% anual. Este desacople entre la tasa de referencia del Banco Central y lo que paga el consumidor final ha creado una barrera infranqueable para el cumplimiento de las obligaciones.

Los motivos detrás del alto costo del crédito

A pesar de ciertos intentos de flexibilización monetaria por parte del Banco Central, las tasas de los préstamos personales se resisten a bajar. Según expertos, existen tres razones fundamentales:

  • Elevado riesgo de impago: La morosidad actual obliga a los bancos a encarecer el crédito para compensar las pérdidas por los clientes que dejan de pagar.

  • Incertidumbre oficial: La dificultad para prever la política de tasas a mediano plazo impide que las entidades trasladen las bajas de referencia al consumidor.

  • Brecha histórica: El ratio entre la tasa de préstamos y la de referencia se encuentra en niveles inéditos para la última década, evidenciando una falta de transmisión monetaria eficiente.

Propuestas legislativas para el desendeudamiento

Frente a este escenario, el arco político ha comenzado a reaccionar. Un proyecto de ley impulsado por el diputado Roberto Santiago (Unión por la Patria) busca crear un régimen extraordinario de regularización de deudas. Bajo el nombre de «Desendeudamiento y reestructuración de deudas de las familias argentinas», la iniciativa propone mecanismos de condonación parcial y asistencia estatal para deudores del consumo registrados hasta finales de 2025.

El proyecto apunta a personas en categorías críticas de la Central de Deudores del BCRA (niveles 2 a 5) e incluye no solo a bancos, sino también a proveedores de servicios de pago y billeteras virtuales. Mientras el Congreso debate, la realidad en las sucursales bancarias es de pragmatismo: renegociar hoy parece la única vía para evitar una crisis sistémica de crédito en el corto plazo.