Crisis turística: Mar del Plata registra su peor temporada postpandemia
La caída del consumo y el éxodo de veraneantes hacia destinos internacionales como Brasil marcaron un verano difícil en La Feliz, con una baja significativa en la ocupación hotelera.
El sector turístico de Mar del Plata enfrenta un escenario de profunda preocupación tras el cierre de una temporada estival que arroja los números más bajos desde la crisis sanitaria de 2020. Según los datos oficiales difundidos por el Ente Municipal de Turismo y Cultura (Emturyc), entre el 1 de diciembre de 2025 y el 28 de febrero de 2026, la ciudad recibió a 3.141.427 visitantes. Esta cifra representa una caída del 3,7% en comparación con el ciclo anterior, consolidando una tendencia negativa que ni siquiera el repunte de los feriados de Carnaval logró revertir por completo.
Un balance marcado por la recesión y la competencia externa
El análisis del comportamiento turístico durante este verano revela que la crisis turística no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una combinación de factores económicos internos y una oferta externa más competitiva. El flujo de argentinos hacia el exterior, motivado por un tipo de cambio que favoreció las vacaciones en las playas de Brasil, drenó una parte considerable de la clase media que históricamente elige la Costa Atlántica.
Las estadísticas del Emturyc son contundentes: enero, el mes que tradicionalmente define el éxito de cualquier temporada, fue particularmente hostil para el comercio y la hotelería local. La cantidad de arribos durante el primer mes de 2026 descendió un 7,1% respecto al mismo período de 2025. Este enfriamiento ya se había anticipado en diciembre, mes que cerró con una merma del 2,1%, rompiendo con las expectativas de un inicio de ciclo robusto.
Carnaval: el alivio que no alcanzó para el equilibrio
A pesar del panorama sombrío, el fin de semana largo de Carnaval funcionó como un respirador artificial para la economía marplatense. Durante esos días, el flujo de pasajeros aumentó considerablemente, aunque el balance final de febrero siguió arrojando un saldo negativo del 0,7% en términos interanuales.
La comparación histórica sitúa a este verano en un umbral crítico. Para encontrar una estadística de afluencia tan baja, hay que remontarse a la temporada 2020/2021, cuando las restricciones de movilidad y los protocolos sanitarios por el coronavirus limitaron el ingreso a 2.231.660 personas. La diferencia radica en que, en aquel entonces, el factor era una emergencia global de salud; hoy, es el poder adquisitivo del bolsillo argentino el que marca el límite.
Radiografía del alojamiento y el perfil del visitante
El informe detalla un cambio en el perfil de consumo de quienes sí visitaron la ciudad. La ocupación promedio global se situó en un discreto 50,7%. Un dato relevante es la resiliencia de los propietarios: el 41,3% de los visitantes se alojó en vivienda propia, cumpliendo con el ritual de veraneo sin depender de los precios del mercado inmobiliario turístico.
Por otro lado, el sector de alquileres temporarios (casas y departamentos) captó al 32,6% de los turistas, mientras que el sector hotelero y de hosterías, el más golpeado por los costos operativos y la caída de reservas, solo recibió al 25,9% del total de viajeros.
Transporte y logística de arribo
La conectividad terrestre sigue siendo la columna vertebral del turismo en La Feliz. El 81,4% de los turistas optó por el auto particular como medio de transporte, una cifra que subraya la preferencia por la autonomía y el ahorro en grupos familiares. El uso del ómnibus quedó en segundo lugar con un 13,8%, a pesar de que los pasajes promediaron los $50.000, un costo que incidió directamente en el presupuesto total de las vacaciones.
Los medios de transporte alternativos mantienen una participación marginal:
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Tren: 3,4% de los arribos.
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Avión: 1,5% de los pasajeros, aterrizando en el Aeropuerto Internacional Astor Piazzolla.
