Las ventas minoristas profundizaron su caída en febrero
El sector comercial registró un retroceso interanual del 5,6%, consolidando una tendencia negativa que ya acumula una baja del 5,2% en el primer bimestre de 2026 bajo una fuerte presión de costos.
El escenario para el comercio minorista en Argentina continúa mostrando señales de debilidad estructural. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas de las pequeñas y medianas empresas descendieron un 5,6% en febrero respecto al mismo mes del año anterior. Aunque el calendario mostró un ligero repunte mensual del 2,6% —explicado fundamentalmente por el inicio del ciclo lectivo y el consumo estacional de calzado y marroquinería—, la cifra no logra maquillar una realidad preocupante: el consumo interno no encuentra su piso y la rentabilidad de los negocios se desvanece ante el aumento de los costos fijos.
Un consumo en retirada y rubros en rojo
La selectividad del consumidor se ha vuelto la regla de oro en el inicio de 2026. Las familias argentinas han volcado sus presupuestos hacia lo estrictamente necesario, postergando cualquier gasto vinculado al hogar o al bienestar personal. Esta dinámica se refleja con crudeza en los números por sector: el rubro de Bazar y decoración lideró el desplome con una caída del 14,4% interanual, seguido por Perfumería con un 10,7% y, lo más alarmante, Alimentos y bebidas con un retroceso del 8,7%.
Incluso sectores tradicionalmente resilientes, como el de Farmacia, apenas lograron mantenerse a flote con un crecimiento marginal del 0,3%. La caída en el volumen de ventas de alimentos sugiere que el ajuste ya no solo afecta a los bienes durables o de lujo, sino que está impactando directamente en la canasta básica, obligando a los usuarios a buscar ofertas agresivas y opciones de financiamiento para sostener el consumo diario.
El deterioro de las expectativas empresariales
Más allá de las estadísticas de ventas, el informe de CAME revela un cambio significativo en el humor social de los propietarios de pymes. El porcentaje de comerciantes que percibe un deterioro real en su actividad saltó al 38,8%, mientras que la sensación de estabilidad cayó seis puntos respecto a enero.
«El contexto actual nos obliga a una planificación de supervivencia. Con costos operativos al alza y una carga tributaria que no cede, el margen de error es inexistente», señalan desde el sector.
Esta falta de previsibilidad ha paralizado casi por completo la rueda de la inversión. El 57,6% de los consultados considera que el clima económico actual no es apto para realizar desembolsos o mejoras en sus locales. Solo un magro 15,5% identifica oportunidades de expansión, lo que preanuncia un año de estancamiento en la creación de empleo y renovación tecnológica para el comercio de cercanía.
Desafíos para el resto de 2026
Para lo que resta del año, las esperanzas de reactivación están supeditadas a una recomposición salarial que devuelva poder de compra a los hogares. Sin una estabilización de los márgenes de ganancia y una reducción en la volatilidad de los costos fijos (alquileres, servicios y logística), las pymes enfrentan el riesgo de una contracción técnica prolongada.
El optimismo es hoy un bien escaso: menos de la mitad de los comerciantes (42,9%) espera una mejora en el corto plazo. El desafío inmediato para el sector será resistir la presión de los gastos fijos mientras el mercado interno aguarda señales claras de estabilidad macroeconómica que permitan, finalmente, dar vuelta la página de la recesión.
