Llegar a fin de mes: la mitad de los hogares recurre a deudas
Para llegar a fin de mes, casi cinco millones de familias argentinas debieron quemar ahorros, liquidar pertenencias o contraer préstamos, golpeando con mayor dureza a mujeres y jubilados.
Llegar a fin de mes se ha transformado en un desafío crítico para la estructura social argentina, al punto de obligar a la mitad de las familias del país a desplegar maniobras de emergencia para sostener sus gastos corrientes. De acuerdo con un relevamiento de la organización Argentina Grande, basado en microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, 4.866.574 hogares recurrieron durante el primer trimestre a endeudarse, liquidar ahorros acumulados o desprenderse de bienes personales para amortiguar el impacto del severo ajuste económico. Este fenómeno de subsistencia no responde a decisiones de inversión o consumo suntuario, sino a la imperiosa necesidad de cubrir la canasta de subsistencia frente al encarecimiento del costo de vida.
El desarme patrimonial y la pérdida histórica de ahorros
La liquidación de fondos de reserva se posicionó como el recurso más recurrente de los hogares. El 36,1% de las familias reconoció haber consumido ahorros para afrontar sus compromisos mensuales, marcando uno de los registros más elevados de la última década. La proporción de hogares que debió recurrir a esta alternativa experimentó un alza del 18,1% en comparación con el primer trimestre de 2023.
A este drenaje se sumó una práctica que denota una vulnerabilidad todavía más profunda: la venta forzada de bienes y pertenencias domésticas. Casi un millón de hogares (9,8% del total, equivalente a 999.291 familias) debió desprenderse de objetos personales para costear alimentos, servicios o salud. Aunque se ubica como la estrategia menos generalizada en términos absolutos, representó la segunda vía de financiamiento de emergencia con mayor aceleración, registrando una disparada del 35,4% respecto de los niveles de 2023.
La espiral del crédito: entre la usura informal y el sector bancario
La imposibilidad de cerrar los presupuestos domésticos con los ingresos corrientes empujó a millones de personas hacia el endeudamiento. El informe revela un mapa complejo en el que conviven el auxilio entre particulares y la financiación en el sistema formal:
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Endeudamiento informal: 1.051.890 hogares (16,2%) tomaron compromisos financieros con familiares o conocidos, lo que implica un incremento del 17,3% contra 2023 y del 7,6% en la medición interanual.
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Crédito bancario y entidades financieras: 901.860 hogares (14,7%) recurrieron al sistema formal, segmento que exhibió una suba interanual extraordinaria del 55,9% en relación con el primer trimestre de 2023.
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Doble endeudamiento: 603.943 familias quedaron atrapadas en ambas modalidades simultáneamente, combinando deudas crediticias reguladas con préstamos personales en su entorno inmediato.
Este circuito revela que el crédito formal dejó de ser una herramienta de adquisición de capital para convertirse en un canal de refinanciación de gastos corrientes a tasas de interés difíciles de sobrellevar.
Mujeres y jubilados: los sectores que pagan el mayor costo social
La crisis distributiva no impacta de manera homogénea. Los hogares encabezados por mujeres y aquellos conducidos por adultos mayores exhiben las mayores señales de fragilidad financiera. En el caso de las jefaturas femeninas, el recurso a mecanismos extraordinarios de ingresos aumentó 6,4 puntos porcentuales frente a 2023, duplicando el incremento observado en los hogares a cargo de varones (3,2 puntos), lo que profundizó la brecha económica de género.
Por su parte, la degradación de los ingresos previsionales forzó a las personas mayores a regresar a la actividad laboral. La contracción del 30% en el poder de compra de los haberes mínimos jubilatorios, combinada con la desregulación de las cuotas de la medicina prepaga y los incrementos en medicamentos, modificó drásticamente la dinámica de esta franja etaria. En la actualidad, el 41% de los hogares con titulares de 66 años o más busca activamente ingresos complementarios, empujando a adultos mayores que deberían estar en etapa de retiro de regreso al mercado de trabajo.
Salarios reales en retroceso y el peso de las tarifas
El trasfondo estructural de este deterioro reside en la contracción del salario real y la modificación de los precios relativos. La pérdida del poder adquisitivo afectó a todos los sectores asalariados: los trabajadores privados registrados resignaron un 5,4% de su capacidad de compra, los empleados públicos provinciales perdieron un 14,8%, mientras que en la planta estatal nacional el quebranto alcanzó el 38,2%, pulverizando más de un tercio del salario real.
A este escenario se suma el reacomodamiento de los servicios esenciales tras la quita generalizada de subsidios energéticos y al transporte público. En 2023, la cobertura de una canasta de servicios básicos (luz, gas, agua y transporte mediante SUBE en el Área Metropolitana de Buenos Aires) representaba el 5,4% del ingreso mediano de un empleado formal privado. En el esquema actual, esa misma canasta absorbe el 10,1% del ingreso, reduciendo de manera drástica el margen disponible para alimentos y vestimenta.
Mientras la doctrina oficial del ajuste fiscal argumenta la escasez de recursos como limitante, el Estado resignó 3,2 billones de pesos en recaudación tras la reforma y rebaja de alícuotas del impuesto a los Bienes Personales. Esta asimetría fiscal deja en evidencia que, mientras los sectores de mayor patrimonio vieron aliviada su carga tributaria, las familias de ingresos fijos deben liquidar su patrimonio mínimo o endeudarse a tasas elevadas para sortear la subsistencia cotidiana.
