Consumo en comercios: ofertas concentran un tercio de las ventas
El consumo en comercios sobrevive atado a promociones y segundas marcas ante el avance inflacionario, en un contexto de caída salarial, suba de la pobreza y récord de empleo informal.
El consumo en comercios minoristas y supermercados atraviesa una transformación forzada por la pérdida de poder adquisitivo, obligando a los consumidores a concentrar un tercio de sus gastos estrictamente en productos rebajados. De acuerdo con el más reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), elaborado a partir de las bases estadísticas de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, la profundización de la brecha entre ingresos y precios alteró de raíz los hábitos de aprovisionamiento cotidiano de los hogares, al tiempo que reactivó el avance de la pobreza y consolidó una precarización laboral inédita.
La brecha salarial frente al encarecimiento de la canasta básica
El motor del desplome en las ventas radica en el desfasaje acumulado durante el inicio del año entre los ajustes remunerativos y el valor de los bienes de primera necesidad. A lo largo del primer trimestre de 2026, la Canasta Básica Total (CBT) experimentó una suba acumulada del 9,6 por ciento, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA), termómetro directo del costo de subsistencia, trepó un 11,6 por ciento.
En ese mismo lapso temporal, las remuneraciones de los asalariados formales dentro del sector privado registrado exhibieron una recomposición nominal de apenas el 7 por ciento. Esta diferencia de casi cinco puntos porcentuales contra el valor de los alimentos erosionó de inmediato el margen disponible para consumos cotidianos, forzando un ajuste inmediato sobre el volumen físico de las compras familiares.
La búsqueda de promociones como estrategia de subsistencia
La retracción del presupuesto familiar impacta de forma directa y visible en la dinámica de las líneas de caja y en los mostradores barriales:
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El peso de los descuentos: Hacia el cierre de julio, el 34 por ciento de las operaciones comerciales totales en supermercados y negocios de proximidad se concretó únicamente bajo esquemas de rebajas, cupones o promociones bancarias.
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Cambio de marcas: En más del 50 por ciento de las categorías analizadas, las familias abandonaron de forma definitiva sus etiquetas habituales de primera línea para migrar hacia segundas y terceras marcas más económicas.
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Reducción del gramaje: Se consolidó la compra recurrente de envases y paquetes de menor tamaño o fraccionados como método para no sobrepasar el presupuesto disponible en el día a día.
Este patrón de compra fragmentado evidencia que la demanda de bienes masivos no solo se reduce en volumen, sino que depende de manera casi obligatoria de la intervención de bonificaciones para concretar la venta de artículos de primera necesidad.
Precarización laboral y salto del empleo no registrado
El escenario comercial responde de manera paralela al deterioro general de las condiciones del mercado de trabajo. En la comparación interanual medida entre junio de 2025 y el mismo mes de 2026, la subocupación demandante exhibió un alza de 1,1 puntos porcentuales, reflejando un universo creciente de asalariados que no consiguen cubrir una jornada laboral completa y buscan horas adicionales para complementar sus ingresos mensuales.
A su vez, el empleo no registrado registró un incremento de 2,2 puntos porcentuales en doce meses, alcanzando un pico crítico del 44,2 por ciento de la población económicamente ocupada. Prácticamente la mitad de la masa trabajadora del país carece en la actualidad de derechos previsionales, cobertura médica de obra social y representación gremial en paritarias, lo que debilita aún más su capacidad de defensa económica frente a la suba de los precios regulados y de la canasta familiar.
La pobreza retoma la tendencia alcista en los grandes aglomerados
El estudio del ODSA confirmó que los índices sociales interrumpieron el sendero de descenso que se había registrado desde fines de 2024. Durante el primer trimestre de 2026, la tasa de pobreza nacional trepó al 30 por ciento de la población urbana (una suba de 0,1 puntos porcentuales respecto del trimestre anterior), mientras que la indigencia se ubicó en el 6,5 por ciento, marcando un deterioro trimestral de 0,4 puntos porcentuales.
El impacto territorial de esta crisis muestra una disparidad geográfica pronunciada, con focos alarmantes en el interior del país:
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Concordia: Encabeza la pobreza urbana nacional con un 52,5 por ciento, secundada por un 11,2 por ciento de indigencia.
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Gran Resistencia: Presenta un 49,7 por ciento de pobreza y la cifra más severa de indigencia del país, alcanzando al 24,3 por ciento de sus habitantes.
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Posadas: Registró un 42,6 por ciento de personas bajo la línea de pobreza y un 10,7 por ciento en situación de indigencia.
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Gran Santa Fe: Marcó un 39,7 por ciento de pobreza y un 10,4 por ciento en indigencia.
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Corrientes: Cerró el grupo crítico con un 38,4 por ciento de pobreza y un 9,1 por ciento de indigencia.
El comportamiento del consumo hogareño funciona como el síntoma más directo de una estructura socioeconómica bajo fuerte tensión. Mientras los costos de la canasta alimentaria continúen evolucionando por encima del ritmo de actualización salarial y la mitad del mercado laboral permanezca en la informalidad, las familias mantendrán hábitos de consumo defensivos. En este marco, los mostradores comerciales seguirán marcados por la sustitución de productos y la dependencia de las promociones como la única vía posible para sostener la compra de insumos básicos.
