Caída del empleo registrado: se perdieron más de 141.000 puestos en el último año
Un informe del Instituto Argentina Grande advierte sobre la profunda contracción del mercado laboral formal, la acelerada precarización de los nuevos puestos y el desequilibrio en el sistema previsional.
La destrucción de puestos de trabajo de calidad atraviesa un momento crítico en la Argentina. Un relevamiento técnico elaborado por el Instituto Argentina Grande (IAG) confirmó que el mercado de trabajo nacional registró la pérdida de más de 141.000 empleos registrados en los últimos doce meses. El fenómeno impacta tanto en el ámbito privado como en el sector público. Esta tendencia a la baja no ha podido ser compensada por el incremento en las altas del régimen simplificado para pequeños contribuyentes, dibujando un escenario caracterizado por la precarización, el estancamiento de los ingresos reales y una presión severa sobre la sustentabilidad del sistema previsional.
Desde el inicio de la administración de Javier Milei en diciembre de 2023, la contracción acumulada asciende a 329.600 empleos formales menos en todo el territorio nacional. Si bien desde el Poder Ejecutivo se suele destacar el dinamismo de ciertas formas de contratación independiente, las estadísticas oficiales revelan que el crecimiento del monotributo resulta insuficiente para absorber la masa de trabajadores desplazados. Durante el último período interanual, la modalidad de monotributistas sumó únicamente 49.500 nuevos adherentes, una cifra que apenas cubre una fracción marginal de las vacantes destruidas en la economía formal tradicional.
Un proceso acelerado de precarización e informalidad
El informe del IAG desglosa con severidad la calidad de la ocupación que se genera en el contexto actual. Los datos exponen que la dinámica de contratación presente está marcada por una fuerte vulnerabilidad: de los 238.000 nuevos ocupados contabilizados en las mediciones recientes, el 85% corresponde a puestos informales. Esto significa que aproximadamente 201.000 personas pasaron a integrar la masa de trabajadores sin cobertura social, sin aportes jubilatorios y al margen de las negociaciones paritarias.
Este trasvase masivo de asalariados con derechos plazos hacia el trabajo no registrado o el autoempleo de subsistencia genera consecuencias directas sobre la estructura social. Al deteriorarse la estabilidad de las familias, el impacto se derrama de inmediato sobre el consumo masivo y el bienestar general de la población. La caída del empleo registrado no solo se traducirá en un problema de ingresos presentes, sino en una degradación estructural de la fuerza de trabajo del país a mediano plazo.
El impacto directo en el sistema previsional contributivo
Uno de los capítulos más alarmantes que aborda la investigación es el desequilibrio financiero que este fenómeno imprime sobre el sistema contributivo de la seguridad social. El desplazamiento continuo de mano de obra desde el sector asalariado hacia esquemas de baja o nula tributación resiente el flujo de recursos que ingresan al Estado.
El informe detalla que actualmente se contabilizan 622.300 aportantes menos en relación con períodos previos, al tiempo que la nómina de beneficiarios que demandan coberturas o prestaciones se incrementó en 426.261 personas. Si se analizan las variaciones relativas, el cotejo entre los promedios del año 2023 y la dinámica observada hacia marzo de 2026 demuestra que el total de aportantes al sistema cayó un 5,7%, mientras que la cantidad total de beneficiarios creció un 6,2%.
A este estrangulamiento de los fondos previsionales se le suma la contracción en la cobertura de asignaciones familiares, derivada de la pérdida de empleos en blanco, y las restricciones administrativas fijadas a las prestaciones no contributivas. Como resultado, la red de protección social se debilita en el preciso instante en que la fragilidad laboral abarca a mayores franjas de la población.
El desplome de los salarios reales en todos los sectores
La pérdida del volumen de puestos de trabajo de calidad se combina con una degradación sostenida del poder adquisitivo. Los datos correspondientes a los registros más recientes indican que la totalidad de los sectores laborales experimentó retrocesos en sus ingresos reales durante el mes de mayo.
El salario del sector privado registrado anotó una merma mensual del 0,1%, acumulando una contracción interanual del 2,9% respecto a igual mes de 2025. Por su parte, la remuneración de los empleados del sector público nacional sufrió un retroceso del 0,6% en la medición mensual, mientras que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) mostró una contracción real del 1,0%.
Cuando la comparación se efectúa tomando como base de referencia el promedio salarial de 2023, las cifras exponen un desplome de magnitudes extraordinarias:
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Sector Público Nacional: Los haberes reales cayeron un 38,5% en términos reales respecto del nivel de 2023.
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Salario Mínimo, Vital y Móvil: Presenta una pérdida de poder de compra acumulada del 41,1%.
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Sector Privado Registrado: Tras una leve y pasajera recuperación en el mes de abril, volvió a terreno negativo, consolidando la tendencia bajista del salario.
Reflexiones sobre el horizonte laboral argentino
Los indicadores compilados por el Instituto Argentina Grande trazan una radiografía compleja del mercado de trabajo en la Argentina actual. La caída persistente de la ocupación formal, acompañada por la precarización y el recorte del ingreso real de las familias, plantea interrogantes urgentes sobre la viabilidad de un modelo basado en el ajuste de costos laborales. Sin políticas activas que reactiven la producción, promuevan la inversión genuina y fortalezcan el poder de compra de la población, el deterioro del empleo registrado seguirá erosionando tanto la sustentabilidad de las cuentas públicas como la calidad de vida de millones de trabajadores.
