Pobreza oculta: el fin de los ahorros empuja a las familias al endeudamiento usurero

El fenómeno de la pobreza oculta afecta a millones de argentinos que, tras agotar sus reservas, recurren a créditos informales con tasas asfixiantes para cubrir la canasta básica.

La reducción de los índices oficiales de vulnerabilidad en la Argentina esconde un fenómeno estructural que los métodos tradicionales de medición no logran captar. Según los últimos datos publicados por el Indec, la pobreza por ingresos descendió al 28,8% en el segundo semestre de 2025, lo que representa una baja significativa respecto al pico del 52,9% registrado a mediados de 2024. Sin embargo, esta mejora estadística contrasta con una realidad subterránea: la pobreza oculta provocada por el endeudamiento masivo de los hogares. Tras agotar sus ahorros para subsistir durante los meses de mayor aceleración inflacionaria, un porcentaje creciente de la población se ve obligado a recurrir a préstamos con tasas de interés usureras para cubrir los gastos cotidianos, comprometiendo de manera severa sus ingresos disponibles actuales.

El límite de la medición por ingresos y la metamorfosis del empleo

La metodología oficial vigente en el país evalúa la pobreza mediante una foto estática que cruza los ingresos mensuales declarados por los hogares con el costo de la Canasta Básica Total (CBT). Este mecanismo omite el arrastre financiero y las estrategias de supervivencia que las familias debieron implementar a partir de la devaluación de finales de 2023. Un informe del Grupo de Estudios de Desigualdad y Movilidad Social del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA) advierte sobre una profunda «metamorfosis del empleo argentino», donde siete de cada diez ocupados perciben ingresos individuales inferiores a la línea de pobreza.

Al evaluar las estrategias económicas familiares, la investigación coordinada por los doctores Eduardo Chávez Molina, Mariana Sosa y José Rodríguez de la Fuente demuestra que el principal recurso inicial de los hogares fue el uso de los ahorros previos. No obstante, para finales de 2025 e inicios de 2026, ese activo se agotó por completo. La imposibilidad de sostener el consumo diario abrió paso, en primera instancia, a la ayuda de redes informales como amigos o familiares —estrategia que se mantiene en el 16% de los casos— y, posteriormente, a una peligrosa dependencia del sistema financiero formal e informal.

La trampa del crédito informal y las tasas de interés usureras

El recurso al financiamiento para la compra de alimentos y el pago de servicios básicos se ha transformado en un salvavidas de plomo para los sectores de ingresos medios y bajos. De acuerdo con el informe del Instituto Gino Germani, la necesidad de recurrir a préstamos bancarios o financieros directos alcanzó al 15% de los hogares al cierre del último año. La situación adquiere ribetes críticos cuando se analizan los Costos Financieros Totales (CFT) que convalidan los tomadores de crédito:

  • Banca pública y privada: Las tasas nominales para créditos personales oscilan entre el 35% en entidades oficiales y más del 130% en el sector privado.

  • Tarjetas de crédito: Si bien las tasas de interés se ubican entre el 40% y el 95%, el refinanciamiento de los saldos eleva el costo financiero real hasta el 170% anual.

  • Billeteras virtuales y plataformas fintech: Ante la falta de acceso al crédito bancario tradicional por carecer de un empleo registrado, los sectores más vulnerables recurren a aplicaciones digitales. En este segmento, las tasas básicas van del 85% al 250%, pero los recargos y comisiones pueden catapultar el costo financiero total hasta un valor sideral del 1300% anual.

  • Préstamos «a sola firma»: Las financieras barriales que exigen únicamente el Documento Nacional de Identidad (DNI) aplican tasas nominales de entre el 114% y el 150%, lo que equivale a una Tasa Efectiva Anual (TEA) del 305%. Al sumar los gastos administrativos, el costo final roza el 430%, con intereses punitorios adicionales de hasta el 80% en caso de mora.

El salto de la morosidad y el impacto en el ingreso disponible

Esta dependencia de financiamiento a altas tasas ya se refleja de forma directa en los balances del sistema financiero nacional. El último Informe sobre Bancos emitido por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) encendió las alarmas al revelar que el ratio de irregularidad de las financiaciones a los hogares alcanzó el 11,5% del total de la cartera. Esta cifra representa un incremento de 8,3 puntos porcentuales respecto al mismo período del año anterior, lo que equivale a un salto del 254% en el número de deudores morosos, concentrados casi en su totalidad en el rubro de préstamos personales y consumo con plásticos.

La especialista Mariana Sosa explica que la salida estadística de la pobreza no implica un retorno al bienestar previo. Cuando un hogar logra superar la línea de la canasta básica gracias a paritarias o aumentos de emergencia, arrastra consigo una pesada carga de pasivos acumulados. El dinero destinado a cancelar cuotas, intereses punitorios y deudas corrientes reduce de manera drástica el ingreso disponible neto de la familia, consolidando la denominada pobreza oculta. En términos reales, aunque formalmente pertenezcan a la clase media por sus ingresos brutos, el poder de compra real de estos núcleos familiares se encuentra severamente deprimido.

Pluriempleo y precarización como mecanismos de subsistencia

Frente a la insuficiencia de los salarios y la presión de las deudas, el entramado social argentino despliega mecanismos de resistencia que modifican la estructura del mercado laboral. El primero de ellos es el pluriempleo, una modalidad que ya afecta al 12% de la población económicamente activa y alcanza a más de dos millones de personas en todo el país, marcando uno de los registros más elevados de la serie histórica.

Asimismo, se observa un fenómeno de adición de miembros del hogar al mercado de trabajo para apuntalar los ingresos del jefe o jefa de hogar. Ciudadanos que anteriormente se encontraban en condición de inactivos, especialmente jóvenes y una proporción significativa de jubilados, se reincorporan a la actividad económica a través de inserciones laborales informales, de baja productividad y nula protección social. La urgencia por complementar el dinero necesario para llegar a fin de mes anula la posibilidad de elegir empleos de calidad.

Perspectivas de una crisis financiera en el seno del hogar

La estabilización de las variables macroeconómicas y el descenso de la pobreza por ingresos representan un avance relativo, pero resultan insuficientes para solucionar la vulnerabilidad financiera de la población. La consolidación de una masa de deudores atrapados en circuitos de usura digital y comercial plantea un serio desafío para las políticas públicas de inclusión y desarrollo.

Mientras el ingreso disponible de las familias argentinas continúe afectado por el pago de financiamiento de consumo pasado, la reactivación del mercado interno mantendrá un techo estructural. El desendeudamiento de los hogares de ingresos bajos y medios, mediante herramientas de financiamiento blando y la regulación efectiva de las tasas de las plataformas electrónicas, aparece como una condición indispensable para que la baja de la pobreza estadística se traduzca en una mejora real, palpable y sostenible en las heladeras del país.