Desempleo en Argentina: se agotan los empleos refugio ante la crisis

La saturación de la informalidad y la caída sostenida del empleo registrado marcan un punto de inflexión. El trabajo precario ya no logra contener el aumento de la desocupación abierta.

El mercado laboral argentino atraviesa un punto de inflexión crítico. Durante los últimos dos años, la economía local logró evitar un estallido en las tasas de desocupación gracias a la proliferación de los denominados «empleos refugio»: actividades informales, cuentapropismo de baja calificación y tareas de subsistencia que absorbieron a quienes fueron expulsados del sistema formal. Sin embargo, un reciente informe del Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) advierte que este mecanismo de defensa ha llegado a su límite de saturación. La incapacidad de la informalidad para seguir conteniendo el deterioro económico sugiere que el desempleo comenzará a manifestarse con mayor crudeza en las estadísticas oficiales.

El fin del amortiguador informal

Históricamente, las crisis argentinas se manifestaban de formas distintas. En la década del 90, el impacto era directo: ante la recesión, el trabajador quedaba desempleado. En la actualidad, la estructura ha mutado hacia una precarización persistente. Según el CETyD, entre fines de 2023 y el último trimestre de 2025, el trabajo independiente informal creció un 11%, concentrándose en sectores como la gastronomía precaria, la venta ambulante y el servicio doméstico.

Hoy, aproximadamente 1,8 millones de argentinos subsisten en empleos refugio, superando por primera vez a los 1,7 millones de desocupados declarados. El problema reside en que, ante una demanda interna estancada, la competencia dentro de la informalidad ha pulverizado los ingresos de estos trabajadores. Cuando hay demasiada oferta de «changas» para una demanda inexistente, el ingreso marginal cae a cero, obligando a las personas a abandonar la búsqueda de estas alternativas para pasar directamente a las filas del desempleo.

Ocho meses de caída en el empleo registrado

Mientras el sector informal se satura, el empleo asalariado privado formal no ofrece mejores noticias. Los datos de enero de 2026 confirman ocho meses consecutivos de contracción. Este declive se explica, en parte, por la desaparición de unas 26.000 unidades productivas desde inicios de 2024. El cierre de empresas, asfixiadas por la caída del consumo y el aumento de los costos fijos, ha golpeado con especial saña a la industria manufacturera, un sector tradicionalmente intensivo en mano de obra calificada.

El impacto en el sector público y la industria

Las proyecciones para el primer semestre de 2026 son desalentadoras. La industria continúa reportando perspectivas de contratación negativas, muy por debajo del promedio general de la economía. Por su parte, el sector público ha experimentado un ajuste sin precedentes, con una pérdida del poder adquisitivo del 18% desde la asunción de la actual administración. Esta combinación genera un efecto de pinza: menos puestos en el sector privado y salarios estatales que ya no logran traccionar el consumo.

Salarios bajo presión y el ingreso disponible

El análisis periodístico no debe centrarse únicamente en la cantidad de empleos, sino en su calidad y capacidad de compra. El informe destaca que, si bien el salario nominal intenta seguir a la inflación, el «ingreso disponible» se ha desplomado. Los gastos fijos —alquileres, transporte y tarifas de servicios públicos— consumen una proporción cada vez mayor del sueldo, dejando un margen mínimo para el ahorro o el consumo de bienes básicos.

A nivel histórico, los ingresos actuales se sitúan un 20% por debajo de los niveles de 2015. Esta pérdida de participación de los trabajadores en el ingreso total de la economía es el síntoma más claro de un modelo que privilegia sectores extractivos y de recursos naturales, los cuales, aunque dinámicos en divisas, poseen una baja capacidad de generación de empleo masivo.

Conclusión: una bomba de tiempo laboral

La Argentina se encamina a un escenario donde la informalidad ya no puede ocultar las grietas del modelo económico. El agotamiento de los empleos refugio deja al descubierto la vulnerabilidad de millones de ciudadanos que han quedado fuera de la protección social y laboral. Sin políticas activas de reactivación industrial y de fomento al empleo de calidad, el país corre el riesgo de transformar su actual crisis de ingresos en una crisis de desocupación estructural de largo plazo, similar a las vividas en los momentos más oscuros de su historia reciente.