Crisis en el transporte público: menos frecuencias y tarifas récord agotan a los usuarios

El ajuste fiscal del gobierno impacta de lleno en la movilidad del AMBA. Con deudas millonarias en subsidios y trenes a marcha lenta, el sistema enfrenta un deterioro histórico y discrecional.

Aldana Cisneros, de 20 años, es la cara visible de una estadística que duele. Estudiante de Derecho en la UBA y actualmente desempleada, debe salir de su casa en Berazategui con dos horas de antelación para rendir un examen en Recoleta. El pasado mayo, la odisea no bastó: el Tren Roca pasó con demora, la combinación con el colectivo fue eterna y llegó a la facultad cuando el examen ya había comenzado. Su historia se repite por millones en un Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) donde la eficiencia del transporte parece haber retrocedido décadas.

La realidad de Aldana coincide con los datos fríos: según la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), en abril se registró una caída del 21% interanual en el uso de colectivos. No es solo que la gente elige no viajar; es que, ante el aumento de costos y la quita de subsidios, el sistema está expulsando a los pasajeros.

El ajuste como único norte

Desde la asunción de la actual gestión nacional, el gasto de los hogares en movilidad creció un 1000%, de acuerdo con el Observatorio de Tarifas y Subsidios (IIEP). El freno de mano que el Gobierno aplica para sostener el superávit fiscal ha generado una deuda de 130 mil millones de pesos con las empresas de colectivos.

Federico Poore, magíster en Economía Urbana, describe este escenario como una “privatización de facto”. Según el especialista, la lógica oficial se centra exclusivamente en lo fiscal, eliminando subsidios sin un plan de contingencia. «Hoy se puede afirmar que la frecuencia y confiabilidad del sistema es peor que la de hace dos años», sentencia Poore.

Impacto en el servicio:

  • Colectivos: Las frecuencias en el AMBA bajaron un 18% promedio en abril, con líneas que alcanzan reducciones del 40%.

  • Trenes: El sindicato La Fraternidad advirtió sobre recortes de hasta 18 servicios diarios en las líneas Roca, Sarmiento, San Martín y Mitre.

  • Costos: Las empresas operan con un cálculo de gasoil a $1740, cuando el precio real ya superó los $2100.

Descoordinación y desamparo

El sistema de transporte del AMBA padece una fragmentación estructural. Entre líneas nacionales, provinciales, municipales, el subte porteño y los ferrocarriles, la falta de una autoridad única de planificación agrava el caos. Federico Conditi, especialista de la UNSAM, señala que el modelo argentino está 50 años atrasado respecto a ciudades como Santiago de Chile o San Pablo, donde una agencia metropolitana centraliza la operación.

Para quienes no pueden costear una alternativa privada, el deterioro se traduce en estrés y pérdida de oportunidades. Mirta Gutiérrez, de 56 años y vecina de José C. Paz, cuenta que debió rechazar trabajos por el agotamiento físico que le genera viajar. «Es salir de casa y no saber a qué hora volvés», relata con resignación.

El fantasma de la desorganización total

Jimena Dmuchowsky, directora de la Maestría en Transporte de la UNSAM, advierte sobre los peligros de un servicio deficiente y desregulado. Cita como ejemplo extremo la “Guerra del Centavo” en la Colombia de los 90, donde las empresas alteraban recorridos de forma anárquica para captar demanda.

Aunque existen herramientas tecnológicas como el GPS para optimizar frecuencias, el debate actual parece estancado en quién paga la cuenta. Mientras el Estado se retira de la planificación, los usuarios quedan atrapados en estaciones como Constitución, esperando servicios que tardan el doble de lo habitual y cuestan diez veces más. La odisea de viajar en mayo no es solo una cuestión de bolsillo; es el síntoma de una red que, sin inversión ni control, viaja directo hacia la parálisis.