Crisis en el consumo: el sector comercial lidera el cierre de empresas en todo el país

Un informe revela que más de 3.100 comercios bajaron sus persianas en el último año debido al desplome de las ventas y la pérdida del poder adquisitivo salarial.

El termómetro de una economía en retroceso

El sector comercial se ha consolidado como el síntoma más crítico del freno económico que atraviesa la Argentina en 2026. Según los últimos datos del EMAE-INDEC, la actividad comercial registró una caída del 7,0% en febrero, posicionándose como uno de los principales factores que lastran el Producto Bruto Interno (PBI). Sin embargo, la preocupación de los analistas ya no reside únicamente en los volúmenes de venta, sino en la destrucción del tejido empresarial: en el último año, el sector perdió 3.109 firmas, encabezando el ranking de cierres a nivel nacional.

Este fenómeno es el resultado directo de una economía donde el consumo, motor histórico de la actividad, se encuentra apagado. La caída es federal y sistémica; incluso en los supermercados —indicador fundamental del consumo básico— las bajas se replicaron en las 24 jurisdicciones del país en comparación con 2025, evidenciando que el ajuste ha perforado incluso los gastos de primera necesidad.

Disparidad sectorial y regional

Mientras que sectores primarios y extractivos muestran signos de vitalidad, los rubros que generan mayor empleo formal y encadenamientos productivos están en picada. El reporte de actividad muestra una dualidad peligrosa:

  • Sectores en alza: Pesca (+14,8%), Minería (+9,9%) y Agro (+8,4%).

  • Sectores en crisis: Industria (-8,7%) y Comercio (-7,0%).

La brecha geográfica también es alarmante. Según el Instituto Argentina Grande (IAG), el impacto en el interior del país es devastador. En el Noreste Argentino (NEA), las ventas en supermercados cayeron un 36%, mientras que en el Noroeste (NOA) la contracción fue del 31%. Estas cifras implican que, en términos reales, la población de estas regiones redujo sus compras en un tercio durante el último año.

El desplome de los ingresos reales

La explicación técnica del cierre masivo de comercios se encuentra en el bolsillo de los consumidores. Los salarios reales atraviesan un deterioro sostenido que no encuentra piso. En el sector público nacional, la caída de los ingresos llega al 37,9%, mientras que en el sector privado registrado el retroceso es del 5,5%.

«El salario se encuentra estancado en niveles similares a los de 2009», advierten los especialistas, señalando que las paritarias actuales, con ajustes en torno al 2%, están muy por debajo de la inflación acumulada.

Además, se observa una creciente precarización de las negociaciones colectivas: el 80% de los acuerdos ahora se basa en sumas fijas, lo que genera una enorme heterogeneidad salarial y dificulta la planificación financiera de los hogares. Sin una recuperación de la demanda interna, el motor del crédito —impulsado por la baja de tasas— no logra encender la actividad comercial.

Vulnerabilidad social y falta de cobertura

La crisis golpea con mayor saña a los sectores más desprotegidos. Un reporte del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (ODSA-UCA) reveló que las transferencias sociales han perdido su capacidad de contención. La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar hoy solo cubren el 39% de la canasta alimentaria y menos del 20% del costo total de vida.

Esta realidad impacta directamente en los comercios de barrio, donde las ventas cayeron un 3,8% interanual. Al no cubrirse las necesidades básicas, el flujo de dinero hacia el pequeño comercio desaparece, forzando el cierre de negocios que durante décadas fueron el sustento de miles de familias.

Perspectivas: un escenario de «demanda insuficiente»

El panorama para lo que resta de 2026 no es alentador. La encuesta de tendencias de negocios del INDEC refleja que el 80% de las empresas espera que las ventas se mantengan estancadas o sigan cayendo por la falta de demanda local. Además, la confianza del consumidor retrocedió un 15% en el primer cuatrimestre, afectada por una inflación que suma diez meses consecutivos de alza.

En este contexto, el cierre de más de 22.600 empresas en términos netos desde fines de 2023 marca una dinámica recesiva difícil de revertir. Sin una recuperación real de los ingresos y una estabilización de los precios, el comercio seguirá siendo el principal damnificado de un modelo que hoy prioriza los equilibrios nominales por sobre la actividad real en las góndolas y mostradores.