Parkinson: la cirugía de estimulación profunda que transforma la calidad de vida
El Hospital Alemán realizó con éxito este procedimiento de vanguardia que utiliza electrodos para modular circuitos neuronales y reducir síntomas como el temblor y la rigidez.
Cuando la enfermedad de Parkinson avanza, el tratamiento farmacológico suele encontrarse con un techo: los medicamentos pierden eficacia o generan efectos secundarios incapacitantes. Ante este escenario, la estimulación cerebral profunda (DBS, por sus siglas en inglés) surge como una alternativa quirúrgica consolidada. Recientemente, el Hospital Alemán marcó un hito al realizar por primera vez esta intervención de alta complejidad, la cual permite a pacientes seleccionados recuperar autonomía mediante la modulación eléctrica de sus circuitos cerebrales.
La técnica, comparada frecuentemente con un «marcapasos cerebral», no busca curar la patología ni detener su progresión biológica, pero sí mitigar drásticamente sus manifestaciones motoras. Según los especialistas Pablo Rubino y Joaquín Chuang, el objetivo es devolverle al paciente la capacidad de realizar actividades cotidianas que la rigidez y el temblor les habían arrebatado.
Precisión milimétrica y tecnología de punta
El procedimiento es una proeza de la ingeniería médica y la neurocirugía. Consiste en implantar electrodos extremadamente finos en áreas profundas del cerebro, como el núcleo subtalámico o el globo pálido. Para lograrlo, se utiliza un sistema de coordenadas estereotáxicas y resonancias magnéticas que permiten a los cirujanos navegar por la estructura cerebral con una precisión de fracciones de milímetro.
Un aspecto distintivo de la cirugía es que, en gran parte del proceso, el paciente permanece despierto bajo sedación y anestesia local. Esto permite al equipo multidisciplinario —integrado por neurólogos, ingenieros y neurofisiólogos— realizar un mapeo electrofisiológico en tiempo real. Al escuchar la actividad eléctrica de las neuronas, los médicos confirman que están en el «blanco quirúrgico» exacto y verifican que la estimulación no afecte funciones vitales antes de dejar el dispositivo fijo.
Un sistema ajustable y reversible
A diferencia de las cirugías lesivas de antaño que destruían tejido, la estimulación profunda es reversible y ajustable. Los electrodos se conectan a un generador de impulsos colocado bajo la piel del tórax. Este dispositivo puede programarse de forma externa y electrónica, adaptando la intensidad de los estímulos según la evolución de la enfermedad del paciente.
Desde el Servicio de Neurología del Hospital Alemán destacan que esta flexibilidad es la mayor ventaja del sistema, ya que permite sintonizar el tratamiento a lo largo de los años sin necesidad de reintervenciones invasivas.
Resultados que respaldan la práctica
La evidencia internacional es contundente. Con más de 150.000 personas tratadas en el mundo, estudios publicados en JAMA Network demuestran una mejora del 50% en la función motora durante el primer año postcirugía. Además, la Parkinson’s Foundation señala que este procedimiento permite reducir significativamente las dosis de medicación oral, disminuyendo así los efectos adversos asociados al consumo prolongado de fármacos.
El camino a la recuperación
Tras la operación, que suele durar varias horas, el paciente requiere una internación breve de entre dos y cinco días. Lo más importante ocurre después: una etapa de ajustes ambulatorios donde el neuroestimulador se calibra minuciosamente. Para quienes conviven con un Parkinson avanzado, esta tecnología representa hoy la frontera más esperanzadora para recuperar el control sobre su propio cuerpo y mejorar su vida diaria.
