Día del Bailarín de Tango: el legado de «El Cachafaz»

Cada 7 de febrero, la cultura rioplatense se detiene para homenajear a quienes dan vida al 2x4. La fecha conmemora el nacimiento de José Ovidio Bianquet, el máximo referente del baile elegante y el corte preciso.

El tango no es solo música y poesía; es, fundamentalmente, un cuerpo en movimiento que narra una historia. En Argentina, el Día del Bailarín de Tango se celebra cada 7 de febrero para honrar esa conexión única entre el compás y el asfalto. La elección de esta fecha no es aleatoria: es un tributo al nacimiento de José Ovidio Bianquet, inmortalizado como «El Cachafaz», quien transformó el baile de los suburbios en un arte de exportación y elegancia técnica.

¿Quién fue «El Cachafaz»? El creador del estilo

Nacido en 1885 en el barrio de Boedo, Bianquet fue el hombre que le dio al tango su «corte» y su «quebrada» definitiva. En una época donde el género aún buscaba su identidad, él impuso un estilo caracterizado por la solemnidad del torso, la velocidad de los pies y una elegancia que rompía con la imagen arrabalera y desprolija.

Su apodo, que refiere a alguien pícaro o desfachatado, contrastaba con su rigurosidad técnica. «El Cachafaz» fue quien sacó al tango de los prostíbulos y lo llevó a los grandes salones de París y Nueva York, demostrando que la danza rioplatense poseía una complejidad digna de cualquier escenario mundial. Su legado no solo reside en los pasos que inventó, sino en la figura del bailarín como un profesional del espectáculo.

La danza como patrimonio y sentimiento

El bailarín de tango es un intérprete de la nostalgia. A través de los años, figuras como Juan Carlos Copes, María Nieves y Miguel Ángel Zotto continuaron la senda trazada por Bianquet, evolucionando hacia el tango escenario sin perder la esencia del tango de salón. Hoy, la celebración del Día del Bailarín de Tango alcanza a miles de personas en las milongas de Buenos Aires y el mundo, donde el abrazo sigue siendo el eje central de la comunicación.

La importancia de esta fecha radica en reconocer al baile como el motor que mantuvo vivo al género durante las décadas en que la música de orquesta perdió terreno frente a otros ritmos internacionales. Fue el bailarín, con su presencia en la pista, quien aseguró que el tango fuera declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El impacto cultural en la actualidad

Hoy, el tango vive un renacimiento global. Desde las milongas barriales en Villa Urquiza hasta los festivales en Japón o Finlandia, el espíritu de «El Cachafaz» se siente en cada improvisación. El 7 de febrero sirve para recordar que el tango es una danza de a dos, donde el diálogo silencioso entre el líder y el seguidor construye una obra de arte efímera que nace y muere en cada canción.

La figura de Bianquet, quien falleció precisamente después de bailar un tango en Mar del Plata en 1942, simboliza la entrega absoluta a esta pasión. Su vida y su muerte, ligadas indisolublemente al escenario, marcaron el estándar de lo que significa ser un profesional de la danza en Argentina.