Combate Naval de Costa Brava: otra demostración del genio táctico de Brown

 

Enfrentando las fuerzas de la Banda Oriental, al mando de Garibaldi, lucharon en el río y en tierra. La victoria de Brown consolidó el dominio argentino en la Cuenca del Plata.

Durante la guerra de la Confederación Argentina contra la Banda Oriental del Uruguay, la escuadrilla al mando del Almirante Guillermo Brown salió en persecución de unidades de la escuadra de Fructuoso Rivera, bajo las órdenes del Coronel italiano Giuseppe Garibaldi, que se desplazaban por el río Paraná. Ambas fuerzas se encontraron –luego de 18 días– en Costa Brava (río Paraná, límite de Entre Ríos y Corrientes), donde luego de un cruento combate, el poder naval nacional se erigió victorioso.

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Las unidades principales de la Confederación Argentina eran el bergantín “Echagüe”, el bergantín goleta “Americano”, la barca de dos gavias “Chacabuco”, el bergantín goleta “Republicano” y la goleta “9 de Julio”; en tanto que las fuerzas de apoyo estaban compuestas por la goleta “La Argentina”, la goleta “Libertad”, el “Santafecino” y el cúter “Federal”.

En suma, la fuerza de Brown estaba constituida por 7 unidades de guerra y 3 auxiliares, tripulados por unos 730 hombres, incluidos 100 Infantes de Marina. Sus oficiales, veteranos de otras luchas, tenían alta jerarquía y demostraron su valor. Además, estaban bien equipados, con médicos y medicamentos.

La escuadrilla oriental, en tanto, estaba compuesta por la corbeta “Constitución”, el bergantín “Pereyra”, el bergantín goleta “Joven Esteban”, el lanchón balandra “Caa-Guazú”, tres balleneras, el buque hospital “Mercedes” y cuatro embarcaciones mercantes correntinas apresadas. Contaba con aproximadamente 420 hombres incluidos 50 Infantes de Marina.

A pesar de la superioridad del poder argentino, Costa Brava preanunciaba la presencia de sorpresas tácticas para Brown y sus comandantes.

El 14 de agosto por la tarde, los argentinos divisaron los palos de la escuadra oriental, fondeada en cercanías de Curuzú Chalí. Marchaba a proa el “Echagüe” que al divisar al enemigo dejó pasar a la “9 de Julio”, buque insignia al mando del Almirante Brown.

Fondearon en la punta de la Cancha de Costa Brava y se alistaron para zarpar a la mañana siguiente en zafarrancho de combate.

Al encontrarse Garibaldi con una bajante que no pudo salvar la corbeta, no tuvo más remedio que prepararse para combatir contra Brown. Mientras aguardaba tuvo tiempo para apreciar en detalle las características del lugar del combate, y tomar las previsiones que su experiencia le señalaban para defenderse de un enemigo que presumía superior en fuerzas a las propias.

Brown dispuso sus unidades en dos divisiones o alas: la derecha encabezada por el “Echagüe” seguido por la “Chacabuco”, la “9 de Julio” y el “Americano”; la izquierda formada por “La Argentina”, el “Republicano” y la “Libertad”.

El Almirante Brown mandó gente a tierra para que hicieran de sirgadores –remolcando los barcos desde la orilla por medio de cuerdas–, pues había decidido avanzar a la sirga con cuatro naves que maniobraban cerca de tierra, donde había suficiente profundidad, hacia el enemigo, viendo que era difícil y peligroso atacar a Garibaldi de un modo frontal. A la vez, dispuso que el ala izquierda fondeara al suroeste del enemigo a distancia de tiro, hostigando y perturbando la reacción enemiga contra el ala derecha con los cañones que pudiera presentar.

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Por su lado, Garibaldi, que había advertido la maniobra de Brown, mandó que su infantería fuera destacada para tirotear a los sirgadores y a las tripulaciones.

Se dio cuenta Brown y ordenó al Sargento Mayor Rufino Montaña ir a tierra con 100 hombres en tres columnas: una de 20 hombres al mando del Teniente Mariano Cordero se dirigiría por la ribera; la derecha también de 20 hombres al mando del Tenientete French y la tercera en el centro con 60 Infantes de Marina, al mando de Montaña y los Subtenientes Montandón y Castellanos. Montaña no tardó en repeler al enemigo desalojando la orilla de los tiradores emboscados. A partir de ese momento el ala derecha de Brown pudo moverse con mayor libertad y alcanzar la distancia de tiro.

Cuando las unidades argentinas entraron a distancia de tiro de las orientales, Garibaldi abrió fuego soportado estoicamente por el ala derecha, auxiliada a la vez por el ala izquierda que ya debía haber alcanzado la posición asignada. Brown pudo hacer maniobrar a los buques para presentar la banda de babor al enemigo, entrando en combate todos ellos.

Al mediodía, el fuego se había generalizado, iniciándose el ablandamiento del enemigo con la artillería, sin apresurar abordajes, que hubieran costado muchas vidas. El combate se frenó cerca de las 16 para que la gente pudiera comer, reanudándose poco después hasta el oscurecer, con ambos bandos tomando disposiciones de seguridad nocturna, y la atención de los buques y del personal herido o muerto.

Garibaldi estaba en serios problemas apremiado por la escasez de munición, la elevada pérdida de gente y el mal estado de sus unidades de combate por los impactos de cañón.

Previendo su derrota, armó dos brulotes –barcos cargados de materias combustibles e inflamables, que se dirigía sobre los buques enemigos para incendiarlos— que Brown mandó a anular su carga explosiva y a embicarlos en un banco de arena.

Signada su suerte por la deserción de su personal, que huyó en un par de buques o por tierra, a media mañana del 16 Garibaldi decidió abandonar la lucha y se retiró en tres balleneras en dirección a Esquina. Luego hizo volar a la “Constitución”, al “Pereyra” y al “Joven Esteban”, que no se hundió, para no entregárselos a Brown, y escapó a tierra firme. Los argentinos, al querer perseguirlo para ultimarlo, fueron detenidos por Brown: “Garibaldi es un valiente, dejen que se salve y que Dios lo ayude”, habría dicho.

Luego de arranchar todo y escribir los informes correspondientes, el Almirante Brown emprendió su regreso. En esta acción quedó definitivamente anulado, en ese entonces, el poder naval de la Banda Oriental del Uruguay en la Cuenca del Plata.