Dengue y El Niño: cómo anticipar el riesgo en Argentina

El impacto de El Niño y las temperaturas de primavera sobre los brotes de dengue en Argentina. Qué revelan 17 años de registros epidemiológicos y cómo optimizar la prevención sanitaria.

Argentina ingresa en la temporada cálida bajo la influencia del fenómeno de El Niño, un factor climático que, combinado con las temperaturas de primavera, reaviva la atención del sistema sanitario sobre la propagación del dengue. Un estudio reciente basado en 17 años de registros epidemiológicos aporta nuevas claves para entender cómo el clima anticipa el riesgo de transmisión en distintas regiones del país.

El trabajo científico analizó 817.699 casos notificados en 473 departamentos del norte y centro argentino entre 2009 y 2025. Los resultados indican que los períodos bajo la influencia de El Niño registraron un riesgo marcadamente mayor de transmisión, de forma independiente al clima estacional específico de cada año. Asimismo, la investigación observó una relación no lineal entre las temperaturas de la primavera anterior y los niveles posteriores de contagio, evidenciando un efecto de arrastre térmico.

El rol del clima en el ciclo biológico del mosquito

El Aedes aegypti es un insecto ectotérmico, lo que significa que su desarrollo depende directamente de la temperatura ambiental. Los mayores registros térmicos aceleran tanto el crecimiento de las larvas como el ciclo reproductivo de las hembras, reduciendo los tiempos necesarios para la transmisión viral.

Investigaciones internacionales respaldan que las fases de El Niño incrementan de manera significativa la variación interanual de los casos en América. Sin embargo, los especialistas aclaran que la meteorología actúa como un catalizador y no de forma aislada: factores urbanos locales, la acumulación de recipientes con agua y la circulación viral en países limítrofes completan el escenario de riesgo.

Utilidad práctica para los sistemas de alerta temprana

Si bien los modelos predictivos actuales logran identificar con alta precisión las zonas geográficas con mayor probabilidad de brotes, todavía enfrentan limitaciones para calcular la magnitud exacta de los contagios. La ventaja de contar con indicadores estacionales radica en el factor tiempo: anticipar qué departamentos combinan el fenómeno climático, una primavera propicia y condiciones urbanas vulnerables permite optimizar la focalización de las campañas de prevención, la eliminación de criaderos y las estrategias de vacunación antes de la llegada del pico estacional.