Jubilados endeudados: la mora se triplicó en el último año
El 44,6% de los adultos mayores tiene pasivos y crecen los jubilados endeudados en mora por el deterioro de los haberes frente al costo de vida básico.
Los jubilados endeudados en la Argentina alcanzaron una cifra récord que supera los cuatro millones de personas, en el marco de un deterioro acelerado en sus condiciones de vida y su capacidad de pago. Según un relevamiento técnico elaborado por Provincia Microcréditos a partir de registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el 44,6% de la población en edad de retiro mantiene pasivos vigentes. De ese total, unas 457.596 personas ingresaron formalmente en situación de mora, un indicador que refleja las crecientes dificultades para afrontar compromisos crediticios elementales.
Un salto abrupto en la tasa de morosidad
El incremento del incumplimiento crediticio representa uno de los datos más alarmantes del informe sectorial. Entre mayo de 2025 y el mismo mes del año corriente, la tasa de morosidad dentro del universo de adultos mayores endeudados trepó del 4,1% al 11,4%, lo que significa que el índice prácticamente se triplicó en el lapso de doce meses.
Esta dinámica pone de manifiesto una alteración sustancial en el comportamiento financiero del sector pasivo. Históricamente caracterizado por un perfil de cumplimiento regular, el segmento de la tercera edad enfrenta hoy un estrangulamiento de su liquidez cotidiana que empuja a cientos de miles de beneficiarios a la cesación de pagos involuntaria. La aceleración de las deudas impagas evidencia que los pasivos contraídos ya no responden a planes de consumo extraordinario ni a mejoras en la calidad de vida, sino a una respuesta de subsistencia ante el encarecimiento del costo de vida.
El deterioro del haber mínimo y el costo de vida
El trasfondo directo de este fenómeno reside en la erosión de los ingresos previsionales. El documento destaca que, desde noviembre de 2023, la jubilación mínima acumuló una pérdida real del 19% en su poder de compra, aun considerando el refuerzo que representan los bonos compensatorios extraordinarios otorgados periódicamente.
Frente a una canasta de la tercera edad fuertemente impactada por las subas en medicamentos, alimentos y tarifas de servicios públicos básicos, el crédito dejó de ser una herramienta de apalancamiento patrimonial para transformarse en un mecanismo de financiamiento de gastos corrientes. Miles de hogares recurren a préstamos personales, giros en descubierto o tarjetas de crédito para cubrir la compra de víveres esenciales o tratamientos farmacológicos indispensables, comprometiendo flujos de ingresos que ya resultaban insuficientes.
Estrategias de supervivencia y regreso al mercado laboral
La necesidad de compensar el desfasaje entre haberes e inflación obligó a los adultos mayores a desplegar múltiples estrategias informales de supervivencia. Además del endeudamiento con entidades financieras o casas de crédito no bancarias, el estudio señala que creció de forma marcada la apelación a ahorros previos, la asistencia económica intrafamiliar y la venta de bienes o pertenencias personales para saldar deudas inmediatas.
Asimismo, la urgencia de generar recursos adicionales impulsó un retorno tangible a la actividad laboral. En el ámbito del Gran Buenos Aires, la tasa de personas en edad jubilatoria que se encuentran ocupadas o buscando trabajo de manera activa pasó de representar a uno de cada cinco individuos a cerca de uno de cada cuatro. La reinserción en el mercado, frecuentemente bajo esquemas de informalidad y precariedad, surge como una salida obligada para completar un ingreso mensual que el sistema previsional ya no garantiza.
Una espiral de vulnerabilidad financiera
El informe concluye que el endeudamiento de los adultos mayores no debe interpretarse como un hecho aislado, sino como parte de una secuencia estructural de empobrecimiento. La caída inicial del poder adquisitivo genera una brecha que se intenta cerrar mediante la contracción de deuda, el empleo informal y la ayuda de terceros; sin embargo, al acumularse vencimientos con tasas de interés onerosas, la carga financiera supera rápidamente el flujo disponible.
Esta dinámica retroalimenta el problema, configurando un cuadro de fragilidad financiera permanente. Sin una recuperación sostenida de los haberes reales o esquemas de desendeudamiento específicos adaptados al sector previsional, la combinación de ingresos deprimidos y cargas crediticias acumuladas continuará profundizando los índices de mora y deteriorando el bienestar integral de la población de mayor vulnerabilidad social.
