La mitad de los argentinos se percibe de clase baja debido a la crisis

Un informe privado revela que el 50,2% de la población se autopercibe en la base de la pirámide social por la constante pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación.

La erosión del poder adquisitivo en Argentina ha dejado de ser una variable macroeconómica abstracta para transformarse en un componente estructural de la identidad social. Según los datos del último Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por la consultora Zentrix, la crisis salarial y el arrastre inflacionario han provocado que el 50,2% de los ciudadanos se autoperciba actualmente como parte de la clase baja. Este indicador sociológico refleja un quiebre en la histórica narrativa del país como un territorio predominantemente de clase media, un estrato que hoy solo nuclea al 39,3% de los encuestados, mientras que apenas un 10,5% se identifica con la clase alta.

Radiografía del bolsillo y el impacto en la vida cotidiana

El estudio de la consultora demuestra que esta autopercepción no responde a un mero desánimo colectivo o a una sensación térmica de la economía, sino que se sustenta en datos materiales precisos del día a día. Existe una correspondencia exacta entre la dimensión subjetiva y la experiencia financiera real de los hogares. La restricción del consumo, la supresión de gastos esenciales y la imposibilidad de planificar a mediano plazo han configurado un escenario donde la vulnerabilidad económica es la norma y no la excepción.

Cuando la cuestión subjetiva de cómo se siente el ciudadano se cruza con la experiencia concreta del ingreso, el diagnóstico deja de ser una percepción aislada para volverse un patrón sistemático que afecta la calidad de vida de la mayor parte de la población.

Salarios versus inflación: un frente que no cede

El núcleo de la problemática radica en la dinámica laboral y en la incapacidad estructural de las remuneraciones para equiparar el costo de vida. El informe destaca que el 86,1% de los trabajadores asegura que su salario pierde de manera sistemática contra la inflación, un porcentaje que se ha mantenido con una estabilidad alarmante durante los últimos meses. Los analistas advierten que esta falta de fluctuación no debe interpretarse como una señal de alivio; por el contrario, denota que la sociedad lleva un período prolongado conviviendo con una persistente pérdida de bienestar, naturalizando un piso de deterioro muy elevado.

Esta percepción de pérdida salarial atraviesa de forma transversal a las identidades políticas, alcanzando incluso al 70,2% de los votantes de la coalición oficialista, La Libertad Avanza (LLA). La transversalidad del fenómeno evidencia que el impacto de la devaluación interna afecta las economías familiares con independencia de las preferencias electorales o del respaldo ideológico hacia la administración central.

El límite del día 20 y las expectativas a futuro

La distribución temporal de los ingresos familiares muestra una asfixia recurrente en el calendario. Más de 6 de cada 10 argentinos afirmaron que sus ingresos les permiten cubrir sus necesidades básicas como máximo hasta el día 20 de cada mes. Esto implica que una porción mayoritaria de la población enfrenta la última decena del mes sin recursos líquidos, recurriendo al endeudamiento informal, el uso de tarjetas de crédito para la compra de alimentos o la privación directa de bienes básicos. En contraposición, solo el 13% de los consultados manifestó lograr cubrir el mes completo y disponer de un margen para el ahorro.

En lo que respecta a las proyecciones de los ciudadanos sobre la evolución general de la economía a futuro, el pesimismo domina la escena colectiva: el 55,1% de los argentinos encuestados cree que lo peor está por venir. Este indicador está profundamente polarizado por la identidad política. Mientras que solo el 13,4% de los adherentes al presidente Javier Milei muestra una visión negativa del futuro, el escepticismo trepa de forma contundente al 83,6% entre los ciudadanos que se identifican con los sectores de la oposición.

Paradoja política y la estabilización de la imagen presidencial

A pesar del adverso panorama microeconómico, el monitor sociológico detectó una aparente contradicción en el comportamiento de la opinión pública respecto a la gestión de gobierno. La valoración negativa del mandatario nacional experimentó un leve descenso, pasando del 61,2% registrado en el mes de mayo al 56,6% en la última medición, interrumpiendo una racha de cuatro meses consecutivos con caídas en su popularidad.

Los especialistas explican este fenómeno a través del concepto de «descuento del ajuste». Una parte considerable de la ciudadanía ha incorporado las medidas de austeridad y la recesión como parte del paisaje cotidiano. Cuando las condiciones de privación se prolongan de manera uniforme durante meses, la persistencia del perjuicio económico deja de operar como un factor de sorpresa o una novedad negativa capaz de desgastar de forma continua la figura del Jefe de Estado. La tolerancia social parece haberse disociado, de manera transitoria, de la situación real del propio bolsillo.

Los resultados del Monitor de Opinión Pública exponen una mutación profunda en la estructura socioeconómica de la Argentina contemporánea. La consolidación de una mayoría que se autopercibe como clase baja, sumada a la generalizada conciencia de que los ingresos no logran cubrir la canasta básica, plantea interrogantes complejos sobre la sustentabilidad del tejido social a largo plazo. Aunque el Gobierno central logre capitalizar una tregua en los índices de aprobación política gracias a la habituación de la población al entorno de crisis, el límite material impuesto por los ingresos que se agotan a mitad de mes representa el desafío más urgente e ineludible para la estabilidad social.