La crisis del bolsillo: un 87% de los argentinos cambió sus hábitos de consumo por la inflación
Un informe privado de Management & Fit revela que la gran mayoría modificó su forma de gastar y el 75% sufre para cubrir sus costos básicos mensuales.
La profunda crisis económica actual sigue impactando con fuerza en el presupuesto diario de los hogares, obligando a una reconfiguración drástica del gasto familiar. Según el último informe de la consultora Management & Fit, el 87% de los argentinos modificó sus hábitos de consumo para intentar resguardar sus ingresos, en un contexto donde el 75% de los encuestados admitió tener severas dificultades para llegar a fin de mes. La investigación, fundamentada en un relevamiento de 2.500 casos en todo el territorio nacional, expone la brecha existente entre las variables macroeconómicas de estabilización y la economía real que perciben los ciudadanos en las góndolas y en el pago de los servicios básicos.
La brecha entre la macroeconomía y la calle
El estudio privado expone una marcada paradoja que define el termómetro social de los últimos meses. Mientras que desde el plano macroeconómico el Gobierno exhibe cifras de desaceleración inflacionaria y superávit fiscal como pilares de su gestión, el consumo masivo y el poder adquisitivo no logran acompañar esa tendencia. La brecha entre los indicadores oficiales y la economía doméstica se traduce en un malestar creciente que erosiona las expectativas de la población a mediano plazo.
«La gente ve los indicadores, pero no los siente en el bolsillo», analizó Mariel Fornoni, directora de Management & Fit. La especialista advirtió que la persistencia de este escenario deteriora de forma paulatina la paciencia social, un activo clave para sostener la confianza en el rumbo de la gestión pública. La falta de alivio tangible en los salarios actúa como el principal factor de desgaste en la percepción ciudadana.
Estrategias de supervivencia en el hogar
El proceso de contracción del gasto no representa un fenómeno aislado ni reciente, sino la consolidación de una tendencia que se viene profundizando a lo largo del año. Ante la imposibilidad de sostener el nivel de vida previo, las familias argentinas han adoptado diversas estrategias de adaptación comercial para optimizar cada peso.
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Migración de marcas: El 85% de los consultados afirmó haber abandonado sus productos habituales para volcarse hacia segundas y terceras marcas, o hacia opciones mayoristas.
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Postergación de consumos: Se registra una caída pronunciada en las compras de bienes durables, indumentaria, esparcimiento y productos no esenciales.
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Morosidad obligada: Un porcentaje significativo de los hogares reconoció que debe retrasar el pago de impuestos provinciales, tasas municipales y servicios públicos para priorizar la compra de alimentos.
Financiamiento y endeudamiento en niveles críticos
El dato más alarmante que arroja el relevamiento es el crecimiento sostenido del endeudamiento familiar como mecanismo para cubrir la brecha de ingresos. El 60% de los argentinos bajo estudio arrastra algún tipo de deuda, una variable que acumula 16 meses consecutivos en terreno positivo. Las familias recurren al financiamiento con tarjeta de crédito mediante el pago mínimo, a préstamos personales informales o al pedido de dinero a familiares para afrontar los gastos corrientes del mes.
A pesar de que el índice de precios al consumidor muestra una tendencia a la baja en comparación con los picos del período anterior, la velocidad de los aumentos en las tarifas de luz, gas, agua y transporte público superó ampliamente la pauta de recomposición salarial. Esta asimetría mantiene asfixiado al sector de ingresos medios y bajos, que destina la mayor parte de sus recursos exclusivamente a servicios fijos y alimentación.
Perspectivas de reactivación contenida
El estancamiento del comercio minorista y las cifras contractivas de la actividad industrial completan un cuadro de situación complejo. Aunque algunos sectores específicos de la economía muestran signos de reactivación, la masa salarial general carece del impulso necesario para dinamizar el mercado interno. Mientras el costo de vida base continúe elevado en dólares, el consumo masivo seguirá operando bajo mínimos históricos.
La sostenibilidad del humor social dependerá, según los analistas, de la velocidad con la que la baja de la inflación se traslade a una recuperación real de los ingresos. Hasta que ese proceso se materialice, la economía familiar argentina continuará bajo un régimen de estricta austeridad y reajuste permanente.
