Qué significa que los gatos se laman entre sí, según la ciencia

Una investigación internacional revela que el acicalamiento social entre felinos domésticos no siempre es una demostración de afecto, sino que puede ocultar tensiones territoriales y advertencias conductuales.

Para quienes conviven con múltiples felinos en el hogar, observar que los gatos se laman entre sí es una de las escenas más cotidianas y reconfortantes. Tradicionalmente, este comportamiento ha sido interpretado por los tutores como una manifestación inequívoca de afecto, camaradería o un simple hábito de higiene compartida. Sin embargo, un reciente estudio científico internacional ha venido a derribar este mito popular, demostrando que esta interacción es notablemente más compleja de lo que parece a simple vista y que, dependiendo del contexto y la postura corporal, puede constituir una sutil señal de dominancia o el preludio de un conflicto territorial.

El descubrimiento del acicalamiento social

La conducta de lamerse mutuamente, denominada técnicamente en la etología como allogrooming o acicalamiento social, fue el eje de una exhaustiva investigación codirigida por especialistas de la Universidad de Ghent, en Bélgica, y la Universidad de Lincoln, en el Reino Unido. Para evitar los sesgos que provocan los entornos de laboratorio artificiales, el equipo de científicos analizó minuciosamente el material audiovisual provisto por 53 familias con múltiples gatos. Esta metodología permitió registrar las interacciones orgánicas de los animales dentro de su propio ambiente cotidiano, capturando expresiones genuinas y sin alteraciones provocadas por el estrés del cautiverio.

Los resultados confirmaron que, en una gran cantidad de casos, el acicalamiento mutuo funciona como un poderoso estabilizador social que refuerza la cohesión del grupo. Cuando la relación entre los individuos es saludable, el acto de lamerse se desarrolla en un clima de relajación absoluta. Durante estos episodios, los felinos suelen adoptar posturas corporales simétricas o incluso sincronizar sus movimientos, un fenómeno biológico que los expertos asocian directamente con la percepción de un entorno seguro, predecible y de mutua confianza.

La importancia de la zona anatómica

El estudio científico determinó que la región del cuerpo en la que se concentra el acicalamiento es un factor predictivo fundamental para interpretar la intención del animal. Las lamidas localizadas en la cabeza, la frente y, especialmente, detrás de las orejas, representan el componente más genuinamente amistoso del allogrooming.

Factores clave de la comunicación química

  • Glándulas odoríferas: Estas zonas del rostro concentran una alta densidad de glándulas que segregan feromonas faciales.

  • Intercambio de aromas: Al lamer estas áreas, los gatos mezclan sus olores individuales para crear un «aroma grupal» único.

  • Mecanismo de reconocimiento: Este perfume comunitario facilita la aceptación mutua y reduce la hostilidad entre los miembros de la colonia.

Por el contrario, el panorama cambia drásticamente cuando el contacto físico se desplaza hacia zonas anatómicas inferiores, como el cuello, la garganta o los costados del cuerpo. El análisis de los videos demostró que las lamidas insistentes en el área del cuello suelen estar vinculadas a dinámicas de poder y control, funcionando en ocasiones como una sutil maniobra de inmovilización psicológica o física antes de un despliegue de agresividad.

Cuándo el acicalamiento oculta hostilidad

La investigación enfatiza que los propietarios deben aprender a realizar una lectura integral del lenguaje corporal felino para identificar con precisión cuándo el hábito de que los gatos se laman entre sí deja de ser un acto pacífico. El allogrooming de dominancia o tensión suele ser más enérgico, rápido y rígido. Si el gato que está recibiendo las lamidas comienza a manifestar sutiles signos de incomodidad, la interacción requiere una supervisión atenta para evitar una escalada de violencia en el hogar.

Entre las alarmas corporales que los investigadores aconsejan vigilar se destacan el movimiento espasmódico o en forma de látigo de la punta de la cola, las orejas ligeramente orientadas hacia atrás o aplanadas («en posición de avión»), y el endurecimiento de la musculatura dorsal. Asimismo, señales micro-conductuales como el bostezo repetido fuera de los momentos de sueño, el lamido rápido de los propios labios por parte del felino acicalado o sutiles gruñidos de baja frecuencia son indicadores inequívocos de que el animal se encuentra estresado y está intentando tolerar una intromisión no deseada en su espacio personal.

Conclusiones para una convivencia armónica

Este hallazgo científico redefine de manera sustancial la comprensión que poseemos sobre la psicología de las mascotas más populares del mundo. Lejos de ser criaturas de respuestas lineales, los felinos gestionan sus microsociedades mediante un intrincado sistema de señales donde un mismo estímulo físico puede albergar significados diametralmente opuestos.

Comprender que las lamidas mutuas oscilan entre el afecto genuino y la delimitación jerárquica dota a los tutores de herramientas valiosas para intervenir a tiempo, garantizando un ambiente armónico y libre de estrés crónico para los animales.