No hay plata que alcance: al 90% de los argentinos no les alcanza el sueldo para cubrir sus necesidades básicas

El último informe de Bumeran revela que la inflación y el estancamiento de los ingresos empujan al 77% de la población al endeudamiento crónico y anulan la capacidad de ahorro.

La crisis socioeconómica en Argentina consolida un escenario de vulnerabilidad financiera extrema donde la premisa «No hay plata que alcance: al 90% de los argentinos no les alcanza el sueldo para cubrir necesidades básicas y el 77% está endeudado» ha dejado de ser una percepción callejera para convertirse en un dato estadístico alarmante. Según el último estudio sectorial denominado «¿Qué pasa con el salario?», desarrollado por la plataforma de empleo Bumeran, la brecha entre los ingresos fijos y el costo de vida real se ha profundizado de forma drástica. El reporte evidencia que el deterioro del poder adquisitivo no solo impide el progreso económico familiar, sino que arrastra a la mayor parte de la población trabajadora a un círculo vicioso de financiamiento deficitario y privaciones cotidianas.

El colapso del poder adquisitivo y el fin del ahorro

El dato más contundente del relevamiento privado se centra en la insuficiencia sistémica de las remuneraciones en el mercado laboral actual. El 87% de los participantes de la encuesta afirmó de manera taxativa que su remuneración mensual es escasa o nula para costear los bienes y servicios esenciales de la canasta básica. Esta realidad se traduce de forma directa en el ámbito financiero personal: el 90% de los argentinos reconoció abiertamente la imposibilidad total de destinar una porción de sus ingresos al ahorro, una herramienta clave para la movilidad social y la previsibilidad ante contingencias de salud o vivienda.

Al indagar en los motivos de esta parálisis financiera, el 74% de los encuestados que no logran ahorrar argumentó que la combinación de salarios estructuralmente bajos y el peso de las deudas preexistentes absorben por completo sus recursos. El pesimismo respecto de la evolución de la economía doméstica es mayoritario. El 74% de los trabajadores consideró que su capacidad de compra empeoró notablemente durante los últimos meses. Esta cifra enciende luces de alarma en el sector corporativo y comercial, ya que representa un incremento de 16 puntos porcentuales en comparación con los registros obtenidos por el mismo estudio durante el año 2025, confirmando una aceleración del malestar social.

Alquileres y alimentos devoran los ingresos en días

La velocidad con la que se diluyen los ingresos tras la fecha de cobro expone la crudeza de la dinámica inflacionaria. El comportamiento del gasto muestra una urgencia financiera generalizada: el 28% de los asalariados encuestados confesó que, inmediatamente después de recibir su remuneración, destina el 100% del dinero de forma íntegra al pago de cuentas acumuladas y servicios básicos.

Para el resto de los trabajadores, la subsistencia mensual se fracciona en plazos mínimos. Al 21% de la población el sueldo le alcanza para cubrir apenas dos semanas de gastos; un 18% logra estirarlo hasta la tercera semana, mientras que un crítico 15% admitió que los fondos se agotan por completo en menos de siete días desde el depósito bancario.

Cuando se analizan los componentes principales que configuran el presupuesto de los hogares argentinos, surgen tres variables determinantes que concentran casi la totalidad de los recursos disponibles:

  • Alquiler (44%): La vivienda se posiciona como el gasto más asfixiante para las familias, duplicando el impacto de otros rubros esenciales debido a la desregulación de contratos y las subas por encima de las paritarias.

  • Alimentos (27%): El aprovisionamiento de productos de primera necesidad en comercios y supermercados representa el segundo desembolso ineludible, obligando a segundas marcas o restricciones de consumo.

  • Deudas (16%): El pago de compromisos financieros previos ya constituye el tercer gasto fijo en importancia, desplazando a la recreación, la indumentaria o la salud privada.

Por el contrario, dentro del reducidísimo universo de trabajadores que todavía manifiestan tener margen para el ahorro corriente, las condiciones también reflejan un fuerte ajuste. Solo el 14% de este grupo privilegiado conserva la capacidad de resguardar más del 25% de sus ingresos mensuales, mientras que el porcentaje restante apenas logra retener sumas marginales de su salario.

El endeudamiento crónico como estrategia de supervivencia

Ante la imposibilidad de llegar a fin de mes con fondos propios, las familias argentinas han recurrido de forma masiva al endeudamiento como un mecanismo paliativo y regular de subsistencia. El 77% de los consultados por Bumeran sostuvo que arrastra deudas vigentes, lo que equivale a un incremento de 5 puntos porcentuales en comparación con las métricas registradas el año anterior. Lejos de utilizar el crédito para la adquisición de bienes durables, automóviles o proyectos de inversión, la financiación actual se destina principalmente a cubrir el bache cotidiano entre el costo de la comida y el ingreso real.

Esta urgencia se ve reflejada de forma directa ante la expectativa de una mejora laboral. Al ser consultados sobre si desearían recibir un incremento en sus haberes, la totalidad de los argentinos respondió de manera afirmativa. Sin embargo, el destino que le darían a ese dinero extra dista mucho de reactivar el consumo suntuario. El 46% de los encuestados afirmó que utilizaría un eventual aumento salarial prioritariamente para cancelar deudas pendientes y desahogar su situación financiera. El 22% lo enfocaría hacia el ahorro preventivo, mientras que solo un 15% incrementaría su consumo general y un 14% optaría por herramientas de inversión financiera.

Finalmente, la crisis también resiente los lazos de solidaridad económica intrafamiliar. El informe detalla que el 50% de los trabajadores se ve imposibilitado de brindar ayuda económica a familiares directos o personas cercanas debido a la escasez de sus propios recursos. En tanto, la mitad restante hace un esfuerzo por sostener sus redes de contención social, dividiéndose en partes iguales entre quienes asisten económicamente a allegados de forma regular (25%) o de manera ocasional (25%).

Conclusión

Los resultados de la investigación de Bumeran exponen una realidad de precarización financiera transversal en el entramado social argentino. Cuando la totalidad de los ingresos de un hogar se consume en las primeras semanas del mes únicamente para costear techo y comida, el tejido económico pierde sustentabilidad a mediano plazo. El endeudamiento masivo ha pasado de ser una herramienta financiera de progreso a convertirse en un impuesto invisible de supervivencia. Sin una recomposición real de los ingresos reales frente a los costos de los servicios regulados y de la canasta alimentaria, el margen de maniobra de las familias seguirá reduciéndose, consolidando un escenario donde la cultura del ahorro y la estabilidad económica parecen metas cada vez más lejanas.