Granja Tres Arroyos al borde del cierre: no pudo pagar los sueldos
El frigorífico avícola más importante del país atraviesa una situación límite en Entre Ríos, donde el incumplimiento en el pago de sueldos desató paros y una profunda incertidumbre social.
La planta de Granja Tres Arroyos en Concepción del Uruguay, el mayor centro de faena aviar de Argentina, se encuentra paralizada tras el incumplimiento del pago de salarios correspondientes al mes de abril. La empresa, que emplea a 450 trabajadores directos en dicha sede, no logró depositar siquiera la primera cuota de un esquema de pagos fraccionados previamente acordado ante la Secretaría de Trabajo de la Nación. Esta situación ha encendido las alarmas no solo en el sector industrial, sino en toda la comunidad entrerriana, que observa con temor cómo el gigante avícola se asoma a un abismo financiero que amenaza la estabilidad de cientos de familias.
El detonante del conflicto y la paralización de la faena
El conflicto laboral escaló rápidamente luego de que la firma, propiedad de la familia De Grazia y con participación del grupo estadounidense Tyson Foods, informara su incapacidad de afrontar las obligaciones salariales en tiempo y forma. Tras una serie de audiencias oficiales, se había pactado un cronograma de pagos en cuotas para saldar la segunda quincena de abril. Sin embargo, al vencer el plazo para la primera entrega, los fondos nunca aparecieron en las cuentas de los operarios.
La respuesta gremial fue inmediata. Bajo la conducción de Sergio Vereda, representante del Sindicato de la Carne, los trabajadores iniciaron una medida de «trabajo a reglamento» que mutó en un paro total de actividades. La paralización de la faena en una planta de estas dimensiones tiene un impacto sistémico; no se trata solo de la interrupción de la cadena de suministro, sino de la pérdida de ritmo de una industria que maneja productos perecederos y ciclos biológicos estrictos.
Un cóctel de factores: importaciones y restricciones sanitarias
La crisis de Granja Tres Arroyos no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una tormenta perfecta que afecta al sector avícola nacional. Entre los factores más determinantes se encuentra la reciente apertura de importaciones. Según denuncian desde el sector productivo local, el ingreso de pollo proveniente de Brasil ha ganado un terreno considerable en las góndolas de los supermercados y comercios minoristas, ofreciendo precios que la industria nacional, asfixiada por costos operativos en ascenso, no puede igualar.
A este escenario de competencia desigual se suma el impacto duradero de las restricciones sanitarias vinculadas a la gripe aviar. Estos brotes limitaron severamente las exportaciones hacia mercados clave, como la Unión Europea, desequilibrando un modelo de negocio que depende del mercado externo para compensar la baja rentabilidad del consumo interno. La combinación de una caída en la demanda internacional y la penetración de productos extranjeros en el mercado doméstico ha dejado a la empresa con un margen de maniobra financiero prácticamente inexistente.
El impacto socioeconómico en Concepción del Uruguay
La preocupación en Concepción del Uruguay es total. En una ciudad de aproximadamente 80.000 habitantes, el frigorífico ha sido históricamente el principal empleador formal. La industria aviar local, que en sus años de esplendor llegó a emplear a 1.500 personas, hoy apenas sostiene a unas 700 en total, de las cuales la mayoría pertenece a Granja Tres Arroyos.
Un eventual cierre de la planta significaría una catástrofe social para la región. El efecto multiplicador del frigorífico abarca desde servicios de logística y transporte hasta proveedores de insumos y comercios de cercanía que dependen del poder adquisitivo de los trabajadores del sector. La memoria colectiva de la industria todavía guarda las cicatrices de casos como el de Cresta Roja, y el temor a que Granja Tres Arroyos siga un camino similar de degradación estructural es hoy una posibilidad que nadie se atreve a descartar.
Un legado centenario en la cuerda floja
La historia de Granja Tres Arroyos es la historia del ascenso industrial argentino. Fundada por Joaquín de Grazia en 1927, quien comenzó vendiendo pollos en un carrito por las calles de Buenos Aires, la empresa se transformó a lo largo de casi un siglo en un imperio que representa más del 50% del total del sector de faena en el país. Hoy, bajo la presidencia de su nieto, también llamado Joaquín de Grazia, la firma enfrenta el desafío más complejo de su historia.
La participación del gigante global Tyson Foods (que posee el 34% de la firma) no parece haber sido suficiente para blindar a la empresa de los vaivenes de la macroeconomía argentina y la pérdida de competitividad internacional. La resolución de este conflicto depende ahora de una mesa de negociaciones donde el factor tiempo es el recurso más escaso.
Conclusión: un martes de definiciones
El futuro inmediato del frigorífico se define en las próximas horas. Mientras el sindicato mantiene la guardia en alto y la faena permanece detenida, la Secretaría de Trabajo busca acercar posiciones que permitan, al menos, destrabar el pago de las cuotas adeudadas para normalizar la producción. Sin embargo, el problema de fondo —la viabilidad del modelo avícola frente a la importación y los costos internos— sigue vigente. Si no hay un cambio en las condiciones de mercado o una asistencia financiera de emergencia, la empresa más emblemática del pollo argentino corre el riesgo de pasar de líder de mercado a una nueva víctima de la desindustrialización.
