Justicia prohíbe refacciones en la casa de Coghlan por el crimen de Diego Fernández Lima

El juez Alberto Litvack dictó una medida de no innovar por 60 días en la propiedad donde hallaron restos del adolescente desaparecido en 1984, buscando preservar posibles pruebas clave.

La justicia porteña ha dado un paso determinante para garantizar la integridad de la investigación en uno de los casos más estremecedores de la historia criminal reciente de Buenos Aires. El juez Alberto Litvack ordenó una medida cautelar que prohíbe cualquier tipo de modificación o refacción en el jardín de la vivienda de Cristian Graf, ubicada en el barrio de Coghlan. Esta resolución surge tras el hallazgo de los restos óseos de Diego Fernández Lima, el joven de 16 años desaparecido en julio de 1984, cuyo paradero fue un misterio durante casi cuatro décadas hasta que un grupo de obreros dio con sus restos el año pasado.

El valor pericial del suelo en Coghlan

La decisión judicial responde a la necesidad de mantener el escenario del crimen inalterado ante la posibilidad de nuevas diligencias procesales. Aunque recientemente se realizó un operativo con georradar a cargo de Gendarmería Nacional en la propiedad de la avenida Congreso al 3700 con resultados negativos, la querella y la fiscalía de Martín López Perrando consideran vital que el terreno no sea removido. La prohibición de «innovar» se extenderá por 60 días, un plazo técnico que permitiría repetir estudios de prospección si surgieran nuevos testimonios o datos en el expediente, ahora caratulado como homicidio simple.

La defensa de Cristian Graf, actual propietario y residente de la finca desde los años 70, ha manifestado a través de su abogada, Érica Nyczypor, que su cliente no se encuentra imputado y que la medida es estrictamente de carácter preventivo. Sin embargo, el hecho de que los restos fueran encontrados en una fosa improvisada a solo 60 centímetros de profundidad en un terreno lindero a su propiedad mantiene la atención de los investigadores sobre el entorno vecinal de aquella época.

La reconstrucción de una tragedia de 1984

El caso de Diego Fernández Lima representa el fracaso inicial de las instituciones de seguridad de la década del 80 y la persistencia inquebrantable de una familia. Diego desapareció el 26 de julio de 1984 tras salir de su casa en Villa Urquiza para visitar a un amigo. A pesar de que sus padres realizaron la denuncia de inmediato, la policía de aquel entonces caratuló el hecho como una «fuga de hogar», una práctica común que desvió la investigación durante años y condenó a sus padres a una búsqueda infructuosa que duró toda la vida.

El hallazgo fortuito en mayo de 2025 cambió el rumbo de la historia. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) trabajó sobre 151 fragmentos óseos que no solo confirmaron la identidad del adolescente mediante cotejos de ADN, sino que revelaron la brutalidad del ataque: una puñalada en el pecho que dejó una marca indeleble en su cuarta costilla derecha y un intento fallido de desmembramiento posterior al deceso.

Hacia la verdad detrás del muro

La investigación actual busca reconstruir quiénes habitaban y frecuentaban la propiedad de la avenida Congreso a mediados de los 80. El fiscal López Perrando intenta determinar el vínculo entre el adolescente y los ocupantes de la vivienda donde fue enterrado. La sospecha de que el autor del crimen sea alguien del círculo cercano o vecinal cobra fuerza dado el conocimiento del terreno necesario para ocultar un cuerpo durante 40 años sin levantar sospechas.

La medida cautelar dictada por el juez Litvack es, en última instancia, una barrera contra la impunidad. En un caso donde el tiempo ha borrado muchos rastros, la preservación del jardín de Coghlan se vuelve la última oportunidad para que la ciencia forense encuentre algún elemento adicional que permita identificar al autor material de un asesinato que esperó cuatro décadas para comenzar a resolverse.

Conclusión El freno a las refacciones en la casa de Cristian Graf simboliza la prioridad que la Justicia otorga hoy a la memoria de Diego Fernández Lima sobre los intereses privados. Tras 40 años de silencio y una carátula de homicidio simple que busca responsables, el suelo de Coghlan sigue siendo un archivo abierto que los investigadores se resisten a cerrar prematuramente.