Muerte de Maradona: pericias confirman abandono y negligencia médica
El juicio por el fallecimiento de Diego Maradona expone la falta de atención clínica adecuada, tras revelarse cuadros de cirrosis y necrosis renal en un cuerpo sin rastros de sustancias.
El juicio que investiga las circunstancias del fallecimiento de Diego Armando Maradona ha ingresado en una fase técnica definitoria tras las declaraciones de los peritos forenses ante los Tribunales de San Isidro. Los testimonios médicos presentados esta semana no solo describen un cuadro clínico desolador, sino que configuran una prueba de cargo fundamental contra los ocho profesionales de la salud imputados por homicidio simple con dolo eventual. La ausencia de alcohol y drogas de abuso en el organismo del astro desplaza definitivamente la responsabilidad hacia la gestión médica, eliminando cualquier teoría sobre una ingesta voluntaria que hubiera desencadenado el deceso.
Un escenario de precariedad absoluta
Las audiencias recientes han puesto el foco en la llamada «internación domiciliaria» en el barrio San Andrés de Tigre. Federico Corasaniti, médico legista que participó en la necropsia, ofreció un relato crudo sobre las condiciones de habitabilidad en las que Maradona pasó sus últimos días. La descripción de una habitación con luz natural bloqueada por sábanas, la presencia de un inodoro portátil y la falta de equipamiento de monitoreo básico contradice cualquier protocolo estándar para un paciente con antecedentes de cardiopatía severa y síndrome de abstinencia.
El hallazgo de un hongo de espuma en la boca de la víctima —indicador inequívoco de un edema pulmonar— y un abdomen globoso con tres litros de líquido ascítico, revela que el cuerpo de Maradona estaba enviando señales críticas de falla multiorgánica que fueron ignoradas por quienes debían velar por su integridad. Estos signos físicos no aparecen de forma súbita; son el resultado de días de desatención y falta de controles clínicos presenciales.
Los hallazgos anatomopatológicos: un cuerpo al límite
La declaración de la anatomopatóloga Silvana De Piero profundizó en el deterioro interno del ídolo. El informe forense detalló una cirrosis hepática avanzada y necrosis renal provocada por hipoxia, lo que significa que sus riñones estaban muriendo por falta de oxígeno antes del paro cardiorrespiratorio final. A esto se sumó un corazón con fibrosis y un tamaño significativamente aumentado, junto con un cuadro de edema cerebral.
Estos datos técnicos son vitales para la fiscalía, liderada por Gerardo Pollicita, ya que demuestran que el estado de salud de Maradona era de una fragilidad extrema que requería internación en un centro de agudos, y no en una vivienda particular sin los insumos necesarios. La defensa de los imputados, que intentaba sostener que la muerte fue un evento súbito e imprevisible, se ve seriamente comprometida ante la evidencia de patologías crónicas agudizadas por la desidia.
Toxicología: el factor que hunde a los acusados
Uno de los momentos más trascendentales de la séptima audiencia fue el informe del bioquímico Ezequiel Ventossi. Los estudios complementarios sobre sangre y orina fueron negativos para cocaína, marihuana, éxtasis o alcohol. Solo se hallaron rastros de la medicación psiquiátrica recetada. Este resultado es un arma de doble filo para los acusados: si bien confirma que no hubo una recaída en las adicciones, agrava la situación de los médicos al demostrar que el paciente murió por sus patologías de base no tratadas mientras estaba bajo su custodia exclusiva.
La hipótesis fiscal sostiene que Leopoldo Luque, Agustina Cosachov y el resto del equipo médico «se representaron el resultado muerte» y, a pesar de ello, continuaron con un esquema de atención insuficiente. La figura del dolo eventual se alimenta de esta inacción consciente ante un riesgo evidente.
El horizonte judicial de los imputados
Además de Luque y Cosachov, el banquillo de los acusados incluye al psicólogo Carlos Díaz, la coordinadora Nancy Forlini, el médico clínico Pedro Di Spagna y los enfermeros Ricardo Almirón y Mariano Perroni. Las penas previstas para el delito de homicidio simple con dolo eventual oscilan entre los 8 y 25 años de prisión.
La estrategia de las querellas, encabezadas por los hijos del exfutbolista, apunta a demostrar que existió una organización destinada a mantener a Maradona aislado de su entorno familiar genuino mientras se descuidaba su salud. Las próximas audiencias, que contarán con testimonios de toxicólogos y otros forenses, prometen seguir desentramando una red de omisiones que transformaron una recuperación post-quirúrgica en una crónica de una muerte anunciada.
Conclusión: una deuda con la verdad
La muerte de Diego Maradona dejó de ser solo una tragedia nacional para convertirse en un expediente judicial que busca sentar un precedente sobre la responsabilidad médica en internaciones domiciliarias. La ciencia forense ha hablado: el cuerpo de Diego no resistió más, no por el abuso de sustancias externas, sino por el abandono de quienes tenían la obligación legal y ética de asistirlo. La justicia argentina se enfrenta ahora al desafío de determinar si ese abandono fue una negligencia administrativa o un acto de desprecio criminal por la vida del mayor ídolo popular del país.
