Cerraron más de 24.000 empresas desde el inicio de la gestión Milei
Un informe de la fundación Fundar advierte que este es el período de mayor destrucción neta de unidades productivas en décadas, afectando principalmente a las pymes y al mercado interno.
El entramado productivo argentino atraviesa una fase de contracción sin precedentes recientes. Según el «Monitor mensual de empresas» elaborado por la fundación Fundar, sobre la base de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), un total de 24.180 empresas dejaron de operar desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023. El estudio destaca que esta cifra representa una caída del 4,7 % del total de unidades productivas, marcando el inicio de gestión más contractivo para el sector privado en los últimos 26 meses de cualquier gobierno desde el año 2003.
El desplome de la industria y el calzado
La industria manufacturera ha sido uno de los sectores más castigados por la caída del consumo y el aumento de los costos operativos, con un retroceso del 5,83 % en la cantidad de firmas. Dentro de este universo, el rubro de cuero y calzado lidera las pérdidas con una estrepitosa baja del 19,3 %.
Este fenómeno se traduce en historias de desprotección laboral. En Córdoba, la histórica firma Gomas Gaspar, especializada en suelas para calzado, cerró sus puertas dejando a más de 40 familias en la calle. Los trabajadores denuncian que los despidos se produjeron sin el pago de indemnizaciones, aguinaldos ni sueldos adeudados. Un caso similar es el de la marca Viamo, con 38 años de trayectoria, que se vio obligada a solicitar el concurso preventivo de acreedores ante la imposibilidad de afrontar la caída en las ventas.
Sectores más afectados: transporte y construcción
En términos absolutos y relativos, el sector de transporte y almacenamiento encabeza la lista de destrucción de unidades económicas, con 5.899 empresas menos, lo que equivale a una reducción del 15 %. La crisis también golpeó con dureza a los servicios inmobiliarios (-11,6 %) y a la construcción, que perdió 1.947 compañías debido a la paralización de la obra pública y el encarecimiento del crédito.
Otros rubros industriales que registraron caídas de dos dígitos incluyen:
-
Industria maderera: -11,3 %.
-
Confección de prendas de vestir: -11,2 %.
El informe de Fundar subraya que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) son las principales víctimas de este proceso, dado que su estructura es más sensible a las fluctuaciones del mercado interno y carecen del pulmón financiero de las grandes corporaciones.
Mapa federal de la crisis productiva
El cierre de empresas no ha sido uniforme en todo el país, profundizando las asimetrías regionales. La provincia de La Rioja encabeza el ranking de destrucción con una caída del 16,06 % en su padrón de empleadores. Le siguen en gravedad Catamarca (-11,51 %), Chaco (-10,93 %) y Tierra del Fuego (-10,48 %).
La única excepción a esta tendencia nacional es la provincia de Neuquén, que registró un leve crecimiento del 1,5 % en la cantidad de empresas, impulsada casi exclusivamente por la actividad hidrocarburífera en Vaca Muerta. Este dato refuerza la tesis de una economía que se está reconfigurando hacia sectores extractivos y de exportación, mientras el tejido industrial y comercial ligado al consumo doméstico se desmorona.
Un escenario de reconfiguración forzada
Para los analistas de Fundar, los datos de la SRT consolidan un escenario adverso donde la desaparición de más de 24.000 empleadores no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una política económica orientada al ajuste fiscal y la apertura comercial. La pérdida de estas unidades productivas no solo implica una caída en el Producto Bruto Interno, sino una destrucción de capital social y técnico que difícilmente pueda recuperarse en el corto plazo.
En conclusión, la Argentina asiste a una transformación drástica de su mapa económico. Mientras el Gobierno apuesta a que la estabilización macroeconómica atraiga grandes inversiones bajo regímenes especiales, miles de empresas de capital nacional y larga tradición cierran sus puertas, dejando un saldo de desocupación y litigios laborales que marcan el pulso de la realidad social en 2026.
