El salario se licúa en la mesa: seis de cada diez trabajadores saltean comidas

Un informe de la UCA y Edenred revela que el costo del almuerzo laboral consume hasta el 20% de los ingresos. La crisis fuerza a los empleados a reducir la calidad nutricional.

La crisis económica en Argentina ha traspasado la barrera de los gastos superfluos para instalarse en el plato de comida de los asalariados. Según el Informe Técnico 2026 sobre «La alimentación y comensalidad en población asalariada», elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) y Edenred, la suba de precios está forzando decisiones extremas: el 60% de los trabajadores admite saltear alguna comida diaria por falta de presupuesto.

La encrucijada del presupuesto alimentario

El documento expone una degradación sistémica en la calidad nutritiva de quienes trabajan. Un 15% de los encuestados manifestó que dejar de comer durante la jornada es una práctica regular ante la imposibilidad de costear un menú. Además, el 80% de los trabajadores consultados confesó que la calidad de su dieta empeoró significativamente debido a la situación financiera actual.

Esta realidad ha impulsado un cambio en los hábitos de consumo. El 38% de los empleados opta ahora por llevar viandas desde su hogar, recurriendo frecuentemente al reciclaje de las «sobras» de la cena anterior. El objetivo es claro: evitar el gasto que supone almorzar en la calle, una dinámica que se ha vuelto prohibitiva para el bolsillo promedio.

El costo de almorzar: una trampa financiera

Para aquellos que no pueden cocinar en sus hogares o no cuentan con comedor en sus lugares de trabajo, las opciones en la vía pública son limitadas y costosas. Un relevamiento en zonas de alto tránsito, como la estación de Retiro, muestra que las alternativas por menos de $10.000 son escasas y de bajo valor nutricional:

  • Opciones mínimas ($4.500 – $5.000): Apenas alcanzan para un «súper pancho» con gaseosa o un par de empanadas.

  • Menú intermedio ($5.000 – $10.000): Incluye promociones de pizza, porciones de tarta o platos caseros medidos como pastel de papas o arroz con albóndigas.

  • Plato del día (más de $14.000): Es el piso necesario para acceder a un almuerzo en un restaurante promedio, una cifra que queda fuera del alcance de la mayoría.

Impacto real en el bolsillo trabajador

La desconexión entre los precios de la gastronomía y los ingresos es alarmante. Con un salario promedio estimado en $1.000.000 (considerando la brecha entre el sector formal e informal), el peso del almuerzo mensual es devastador para la economía doméstica:

Gasto diario Gasto mensual (20 días) % del Salario promedio
$4.000 (Económico) $80.000 8%
$5.000 (Intermedio) $100.000 10%
$10.000 (Saludable) $200.000 20%

Si un trabajador intentara mantener una alimentación equilibrada gastando $10.000 por jornada, resignaría la quinta parte de sus ingresos totales solo en almuerzos de lunes a viernes. Ante este panorama, el reclamo de que los empleadores asuman parte del costo alimentario gana fuerza como una medida urgente para frenar la inseguridad alimentaria en el sector asalariado.

Conclusión

La transición de una crisis salarial a una alimentaria marca un punto de inflexión en la vulnerabilidad social de la clase trabajadora. La «licuación» de los haberes no solo implica consumir menos, sino comer peor o, en el peor de los casos, dejar de hacerlo. La vianda de «sobras» y el salteo de comidas son hoy los mecanismos de supervivencia de una fuerza laboral que ve cómo el fruto de su esfuerzo se diluye en la góndola y el mostrador.