El caballero de los siete reinos: la épica de lo cotidiano que conquistó el universo de George R. R. Martin
Tras el estreno de su final de temporada, la nueva serie de HBO se posiciona como una pieza única dentro del mundo de Westeros. Lejos de las intrigas palaciegas y el fuego de los dragones, la historia de Dunk y Egg propone un relato cargado de humanidad, barro y corazón.
El fanatismo por Game of Thrones suele estar marcado por la paciencia y la densidad política. Sin embargo, el estreno del final de temporada de «El caballero de los siete reinos» este pasado domingo confirmó que existe otra forma de habitar el universo creado por George R. R. Martin. Basada en las novelas cortas de Cuentos de Dunk y Egg, la serie logró lo que parecía imposible: transformar un multiverso de reyes y traiciones en una historia entrañable sobre la gente común.
Ubicada cronológicamente entre House of the Dragon y la serie original, esta adaptación —liderada por la showrunner Ira Parker— nació de una crítica que el propio Martin recibió hace años: sus historias siempre trataban sobre lores, pero nunca sobre el pueblo. La respuesta fue Dunk, un escudero de origen humilde que asume la identidad de un caballero errante, y Egg, un niño calvo e irreverente que esconde un secreto real.
Una química que trasciende la pantalla
El éxito arrollador de la serie —que ya cuenta con un 93% de aprobación en Rotten Tomatoes— se apoya en gran medida en el casting de sus protagonistas. Peter Claffey, un exjugador de rugby, y el pequeño Dexter Sol Ansell dan vida a Duncan y Egg con una naturalidad asombrosa.
Según Parker, la química fue instantánea desde las primeras lecturas de guion. Fuera del set, los actores forjaron una amistad real jugando ajedrez y videojuegos, lo que se traduce en una de las duplas más sólidas de la ficción actual. La actuación de Sol Ansell en el episodio final ha sido señalada por la crítica como uno de los puntos más altos de la temporada, equilibrando la comedia con el peso dramático de su linaje Targaryen.
Westeros desde la periferia: el valor de lo real
A diferencia de sus antecesoras, El caballero de los siete reinos se aleja de la pulcritud épica. Aquí, el espectador casi puede sentir el olor a barro, el gusto de la cerveza tibia y la incomodidad de la ropa sucia. La serie abraza lo escatológico y lo torpe para construir un relato costumbrista.
Puntos clave de su enfoque realista:
-
Perspectiva: Todo se narra desde el punto de vista de Dunk, el hombre común enfrentado a la nobleza.
-
Acción con peso: La gran pelea del penúltimo episodio no fue una danza coreografiada, sino un enfrentamiento pesado y digno.
-
Personajes secundarios: Figuras como Lyonel Baratheon (Daniel Ings) y Raymun Fossoway (Shaun Thomas) aportan capas de humanidad a un mundo que suele ser cínico.
Una narrativa que rompe las reglas
Si Game of Thrones se caracterizó por la incertidumbre de quién sobreviviría al siguiente capítulo, esta serie juega con otras cartas. Existe la certeza de que sus protagonistas seguirán adelante, lo que permite al espectador conectar con el vínculo emocional sin la ansiedad del «shock» gratuito.
Incluso el anticipo de las pérdidas se maneja con una delicadeza inusual para la franquicia. La historia no se trata de quién se sienta en el Trono de Hierro, sino de dos individuos intentando ser mejores versiones de sí mismos mientras duermen bajo las estrellas.
