Caso Báez Sosa: la realidad de los rugbiers a seis años del crimen

Los ocho condenados por el asesinato del joven de 18 años permanecen alojados en el penal de Melchor Romero, alternando entre el aislamiento, el estudio y el arrepentimiento frente a penas que alcanzan la prisión perpetua.

A seis años del brutal ataque que terminó con la vida de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, el grupo de jóvenes oriundos de Zárate atraviesa una realidad marcada por el encierro y la fragmentación. Alojados en la Alcaidía N° 3 de Melchor Romero, los responsables de aquel homicidio doblemente agravado cumplen sus sentencias bajo un estricto régimen de seguridad que combina el aislamiento preventivo con actividades de formación. Mientras la Corte Suprema de Justicia continúa desestimando recursos de la defensa, los condenados intentan adaptarse a una rutina de talleres y visitas semanales, lejos de la repercusión mediática que alcanzó el juicio en 2023.

Rutinas entre muros y perfiles bajos

El día a día de los detenidos se divide entre pabellones comunes y sectores de resguardo. Máximo Thomsen, uno de los cinco sentenciados a prisión perpetua, mantiene un perfil de aislamiento tras incidentes previos con otros internos. Según trascendió, Thomsen dedica parte de su tiempo a talleres de alfabetización jurídica, una actividad que busca brindar herramientas de derecho a quienes se encuentran en situación de encierro. Por su parte, Lucas Pertossi —quien recibió 15 años de prisión— ha optado por la formación académica, inscribiéndose en la carrera de Abogacía y participando en talleres de huerta y cocina.

Desde el Servicio Penitenciario Bonaerense señalan que, a pesar de los estigmas, el grupo intenta mantener un comportamiento estable. Luciano Pertossi, también condenado a perpetua, ha manifestado apoyarse en la religión como vía de contención emocional, desmintiendo a través de su entorno los rumores de intentos de autolesión que circularon durante 2024. Los jueves representan el único contacto con el exterior, cuando los familiares ingresan al penal con alimentos y objetos personales permitidos por el reglamento.

El peso de la condena y la reflexión tardía

Con el paso del tiempo y la madurez forzada por la cárcel, algunos de los implicados han comenzado a expresar reflexiones sobre el ataque ocurrido frente al boliche «Le Brique». En recientes testimonios audiovisuales, figuras como Ciro Pertossi y Enzo Comelli han manifestado su arrepentimiento, aunque vinculándolo a la pérdida de su propia libertad y al impacto en sus familias. «Esto me sirvió para darme cuenta de la buena vida que tenía y no valoraba», reconoció Ciro desde el penal.

La calificación legal del caso, no obstante, sigue siendo un punto de debate jurídico. Aunque en 2024 la Cámara de Casación bonaerense descartó la figura de «alevosía», mantuvo las penas de prisión perpetua para los coautores y los 15 años para los partícipes secundarios. Para la justicia, el aporte de quienes rodearon a Fernando para impedir que sus amigos lo auxiliaran fue tan determinante para el desenlace fatal como los golpes directos que recibió el joven en el sistema nervioso central.

Un legado de debate sobre la violencia juvenil

El asesinato de Fernando Báez Sosa no solo marcó un hito en la historia judicial argentina, sino que obligó a una profunda revisión social. A seis años del hecho, el caso sigue siendo un referente para discutir la violencia en las salidas nocturnas, la cultura del deporte de contacto y la responsabilidad colectiva. Mientras Ayrton Viollaz y otros condenados a 15 años proyectan una vida fuera de las rejas en la próxima década, la familia de Fernando continúa exigiendo que las sentencias se mantengan firmes ante cada instancia de apelación.

Hoy, la Alcaidía de Melchor Romero es el escenario de un tiempo suspendido para ocho jóvenes que alguna vez compartieron club y vacaciones, y que ahora se enfrentan al costo definitivo de un ataque premeditado que conmocionó a un país entero.