Los argentinos prefieren vivir 90 años con salud plena antes que 150 con limitaciones físicas

La búsqueda de longevidad y salud plena hasta los 90 años se impone sobre la inmortalidad según un estudio de la UBA que analiza el envejecimiento.

La aspiración a una longevidad y salud plena redefine las expectativas sociales en Argentina frente a las promesas futuristas de la biotecnología global. Frente a los discursos de magnates tecnológicos que invierten sumas extraordinarias en proyectos para extender la existencia humana más allá de los 120 años, la ciudadanía expresa un criterio pragmático: el 83% de los argentinos prefiere alcanzar los 90 años en óptimas condiciones físicas y mentales antes que llegar a los 150 años padeciendo limitaciones motrices o cognitivas severas. La conclusión surge de un relevamiento exhaustivo elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), estructurado sobre una muestra representativa de 1.851 casos en todo el territorio nacional.

Lucidez mental frente a la promesa estética del rejuvenecimiento

El informe académico expone una distancia evidente entre las campañas comerciales orientadas a la estética y las demandas reales de la población. La sociedad no prioriza la apariencia exterior ni la ausencia de arrugas, sino la conservación de la autonomía personal y la lucidez cognitiva para el desarrollo de la vida cotidiana.

Ricardo Iacub, profesor titular de Psicología de la Tercera Edad y Vejez en la UBA y vocero de la investigación, subraya que la demanda colectiva descarta la prolongación cronológica desprovista de bienestar. En los segmentos poblacionales mayores de 50 años, la preservación del equilibrio psíquico y la fortaleza física aparecen como los pilares determinantes que otorgan valor a la existencia. La ciudadanía valora la experiencia vital en la medida en que existan condiciones de autovalimiento, desestimando la idea de extender el ciclo biológico sin facultades plenas.

El costo emocional de la soledad en la vejez extendida

La posibilidad teórica de acceder a una vida indefinida suscita mayor resistencia que entusiasmo: el 43% de los encuestados manifiesta un rechazo abierto a la inmortalidad, mientras que un 27% la aceptaría y un 30% permanece indeciso. La dimensión vincular y afectiva se consolida como el factor condicionante decisivo en las determinaciones individuales.

  • Vínculos compartidos: El 54% de los participantes solo aceptaría acceder a tratamientos de vida indefinida si ese beneficio estuviera garantizado simultáneamente para su círculo familiar y personas queridas. Apenas un 9% elegiría la inmortalidad de forma solitaria.

  • El miedo al desarraigo afectivo: El 70% de la muestra teme presenciar la muerte progresiva de sus seres queridos en un escenario de extensión vital extrema. Para los encuestados, el impacto de sobrevivir a su entorno afectivo supera ampliamente la incomodidad frente a las transformaciones socioculturales o la obligación de reinventarse en épocas futuras.

Confianza científica y el deseo de una vida finita

El estudio del OPSA revela una postura ambivalente frente a la aceleración técnica: si bien el 89% considera altamente probable que la ciencia consiga elevar la esperanza de vida en las próximas tres décadas, el entusiasmo por someterse a procedimientos experimentales disminuye notablemente. El 52% se aplicaría terapias comprobadas de reversión biológica, un 27% recurriría a métodos de extensión temporal ilimitada y solo el 15% aceptaría esquemas de preservación digital de memorias y patrones cognitivos.

Respecto al límite temporal deseable, dos de cada tres personas (67%) manifiestan su preferencia por vivir hasta una edad precisa, mientras que únicamente el 17% desearía no tener una fecha final predeterminada. La barrera aspiracional promedio se sitúa en los 90 años, un registro que adiciona una década a la expectativa demográfica vigente en el país pero mantiene una noción de cierre natural. En cuanto a la veracidad de estos avances, el 49% interpreta que existen fundamentos científicos aunque sobredimensionados por los medios, el 26% los califica como meras estrategias publicitarias y el 18% los considera avances consolidados.

Dilemas bioéticos y la barrera del esfuerzo laboral

La discusión sobre la prolongación de la vida activa también suscita inquietudes éticas y socioeconómicas de magnitud. Los efectos adversos desconocidos a largo plazo (23%), el riesgo de que las terapias queden reservadas con exclusividad a las clases adineradas (23%) y la alteración de los procesos biológicos naturales (22%) componen las principales alarmas de la población encuestada.

Asimismo, la perspectiva de una longevidad ligada a la continuidad de las obligaciones laborales genera un rechazo generalizado. La hipótesis de vivir dos siglos manteniendo una vida laboral activa hasta los 150 años es descartada por el 60% de los consultados, cosechando un 57% de desaprobación incluso entre los menores de 30 años.

Los hallazgos del relevamiento confirman que la sociedad argentina valora el tiempo de vida en función de la salud integral, el lazo comunitario y la dignidad cotidiana. Más que perseguir una carrera hacia la inmortalidad corporativa, la ciudadanía establece que la longevidad y salud deben marchar de la mano, privilegiando una vida plena y con propósito antes que una existencia indefinida marcada por el deterioro y la soledad.