Clase media en jaque: casi la mitad no llega a fin de mes
Casi el 50% de los hogares de clase media afronta severos problemas para cubrir sus gastos y apenas el 7% prioriza saldar el resumen de la tarjeta de crédito.
La clase media argentina atraviesa uno de los momentos de mayor tensión económica de los últimos años, un fenómeno reflejado de manera contundente en el deterioro de su capacidad de pago y en la reorganización forzada del presupuesto familiar. Según reveló un informe técnico elaborado por la consultora Brain Network, el 47% de los consultados pertenecientes a este estrato socioeconómico admitió tener serias dificultades financieras para alcanzar el cierre del mes. El escenario de retracción del poder adquisitivo y encarecimiento de los costos fijos alteró drásticamente el orden de prioridades en los hogares, empujando a postergar compromisos financieros clave y consolidando una peligrosa espiral de endeudamiento cotidiano.
Reorganización de gastos: el alquiler y los servicios primero
Frente a un esquema de ingresos que pierde sistemáticamente la carrera contra las tarifas y los bienes básicos, las familias se vieron obligadas a diseñar una economía de subsistencia. La necesidad de asegurar un techo y mantener los suministros esenciales relegó a los instrumentos bancarios a un segundo plano.
El estudio estadístico precisó cómo se distribuyen hoy las prioridades de desembolso dentro del segmento medio:
-
Vivienda: el 48% de los encuestados afirmó que su principal meta mensual es cancelar el monto del alquiler habitacional.
-
Servicios esenciales: el 20% coloca en primer término las boletas de luz, gas, agua y conectividad domiciliaria.
-
Consumo diario: el 11% prioriza destinar sus recursos inmediatos a la compra de alimentos y artículos de primera necesidad.
-
Tarjetas de crédito: apenas el 7% de las personas considera primordial cancelar el saldo total del plástico bancario.
Esta depreciación del compromiso con las entidades crediticias no solo evidencia la asfixia monetaria, sino que alimenta un círculo vicioso de financiamiento para compras básicas. De acuerdo con el diagnóstico de los especialistas de Brain Network, los plásticos pasaron de ser un canal de consumo de bienes durables a una vía para financiar alimentos o medicamentos, transformándose luego en pasivos de refinanciación sumamente gravosos e inaccesibles.
La morosidad en niveles críticos y el impacto juvenil
Como consecuencia directa de este esquema de prioridades fragmentadas, el informe «Mapa de la Deuda» reveló que la tasa de morosidad general en el país trepó al 17,4%. Este indicador encendió luces de alerta en el sistema financiero tradicional y en las plataformas de crédito no bancarias.
El fenómeno de impago muestra una incidencia especialmente severa entre los trabajadores jóvenes. En este grupo, la falta de estabilidad contractual, combinada con salarios de ingreso inferiores y esquemas de crédito de fácil acceso pero con altas tasas de interés, aceleró el incumplimiento de las cuotas mensuales. El retraso reiterado en los resúmenes bancarios empuja a este segmento a ingresar en registros de deudores, restringiendo sus posibilidades futuras de apalancamiento formal y limitando su capacidad patrimonial.
El costo de pertenecer a los sectores medios
La brecha entre los salarios y el costo de vida real explica en gran medida la vulnerabilidad del sector. Según las mediciones oficiales del Instituto de Estadística y Censo de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA), los requerimientos de ingresos para sostener la condición socioeconómica alcanzaron cifras históricas.
Para un hogar tipo compuesto por dos adultos y dos menores en condición de propietarios de vivienda, la línea que delimita el estrato de clase media exigió ingresos mínimos de $2.493.587, extendiéndose el rango hasta los $7.979.478 mensuales. Para aquellas familias que deben afrontar un alquiler inmobiliario, la exigencia salarial real supera holgadamente estos pisos estadísticos. En contrapartida, ese mismo núcleo familiar precisó contar con al menos $1.577.313 únicamente para eludir la línea de pobreza, un umbral que presiona de cerca a franjas cada vez más amplias de trabajadores registrados.
Perspectivas contrapuestas entre la calle y la visión oficial
La percepción ciudadana sobre el corto plazo mantiene un signo marcadamente negativo. En el sondeo privado, el 17% de los consultados estimó que su situación financiera particular empeorará en los meses venideros, mientras que un segmento mayoritario no prevé mejoras sustanciales en su capacidad de ahorro o desendeudamiento inmediato.
En la vereda opuesta, el Gobierno nacional sostiene una interpretación diferente sobre el pulso de las variables macroeconómicas. Tras una reunión de Gabinete encabezada por el presidente Javier Milei en la que se evaluó el comportamiento crediticio general, el equipo gubernamental emitió un pronunciamiento formal en el cual remarcó que las cifras vigentes no configuran un cuadro de crisis estructural. Según la lectura del Ejecutivo, la mora crediticia comenzó a manifestar signos de desaceleración y proyecta una tendencia descendente impulsada por la estabilización monetaria.
El contraste entre las estadísticas oficiales de mora y el balance cotidiano de las familias expone la profundidad del reacomodamiento económico. Con presupuestos agotados a mitad de mes y obligaciones postergadas, los sectores medios enfrentan el desafío cotidiano de sostener su calidad de vida en un entorno que no da tregua a sus finanzas.
