Endeudamiento de las familias: el 92% de los hogares está endeudado

El endeudamiento de las familias alcanza a nueve de cada diez hogares en el país, mientras casi la mitad de los compromisos se acumula fuera del sistema financiero bancario.

El endeudamiento de las familias argentinas ha alcanzado una dimensión crítica: el 92% de los hogares mantiene compromisos financieros vigentes y el 49,3% de ese volumen total corresponde a obligaciones no bancarias ni deducibles por los registros oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA). De acuerdo con el último informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), la combinación de pérdida de poder adquisitivo y encarecimiento del costo de vida forzó a los núcleos familiares a recurrir al financiamiento informal y al impago de servicios básicos como mecanismo de subsistencia diaria en todo el territorio nacional.

La radiografía de los pasivos dentro y fuera del sistema

El relevamiento del IETSE —elaborado sobre 4.200 casos de personas mayores de 18 años responsables de la administración doméstica— traza una divisoria nítida entre los pasivos bancarizados y los compromisos contraídos en el circuito extrabancario. Dentro del 50,7% correspondiente al sistema financiero formal, las tarjetas de crédito representan el principal factor de compromiso al concentrar el 31,1% del total de las obligaciones. Le siguen los créditos tomados a través de billeteras virtuales, financieras de consumo y prestamistas regulados con un 10,2%, mientras que los préstamos bancarios directos completan el 9,4%.

En contrapartida, el 49,3% de los pasivos escapa a las estadísticas crediticias tradicionales, reflejando un tejido de endeudamiento invisible para los organismos reguladores. En este bloque predomina el fiado en comercios barriales y de proximidad con el 13,3%, seguido de cerca por los atrasos en los alquileres de vivienda con el 12,5%. Asimismo, las deudas acumuladas por impuestos, tasas municipales y expensas explican el 8,5%, mientras que los préstamos de familiares, amistades o prestamistas no regulados absorben el 4,7%. La nómina de pasivos no financieros se completa con mora en servicios de empresas privadas (4,3%), cuotas de educación privada (2,2%), deudas no especificadas (2%) y servicios públicos esenciales (1,8%).

Acumulación crítica y una morosidad que roza el 90%

El aspecto más alarmante del informe reside en la acelerada superposición de pasivos sobre la economía doméstica. En agosto de 2026, el 28,4% de las familias relevadas reportó mantener más de tres deudas en simultáneo. Este registro marca una suba sostenida frente al 23,5% documentado en marzo pasado, y cuadruplica los parámetros históricos registrados en julio de 2024, cuando la acumulación múltiple afectaba apenas al 8% de las familias.

La gravedad del escenario se traslada de forma directa a la capacidad de cumplimiento: el 88,9% de los compromisos relevados por el IETSE se encuentra formalmente en situación de mora o incumplimiento. En contraste, solo el 11,1% de las obligaciones se mantiene bajo una condición de pago regular. Esta pérdida masiva de cobrabilidad aceleró la judicialización de los conflictos financieros, que ya alcanza al 41,3% de los casos, al tiempo que las medidas de ejecución forzosa —como embargos de haberes, bienes y bloqueos de cuentas bancarias— treparon al 17,2% del universo encuestado.

El crédito como mecanismo para costear alimentos

La distribución de los ingresos familiares exhibe un desbalance severo frente a las cargas crediticias. En agosto, el 44% de los hogares debió destinar más de la mitad de sus ingresos mensuales exclusivamente al pago de intereses y amortización de capital, una carga que en 2024 comprometía únicamente al 18% del salario.

Este drenaje de recursos recortó el margen disponible para rubros indispensables como salud, educación, transporte y recreación, obligando a transformar el crédito en un sustituto del salario. El uso de tarjetas de crédito para la adquisición de la comida diaria subió del 54% en 2024 al 62,5% en agosto de este año. El plástico dejó de funcionar como un instrumento de financiamiento de bienes durables para convertirse en un mecanismo de sostenimiento del consumo primario indispensable.

Un problema macroeconómico de insolvencia estructural

La percepción sobre el futuro financiero individual muestra un marcado escepticismo. El 47,5% de las familias consultadas admitió que no podrá cancelar la totalidad de sus deudas contraídas, frente a un 18% registrado hace dos años, mientras que un 15% adicional señaló una incapacidad total para proyectar su situación económica en los meses venideros.

Las conclusiones del IETSE descartan que la problemática constituya un mero incumplimiento contractual entre agentes privados. El informe subraya que los hogares argentinos atraviesan un cuadro de sobreendeudamiento con signos de insolvencia estructural originado por variables macroeconómicas generales, lo que exige abordar la asfixia crediticia como una cuestión prioritaria de política económica y social para evitar una parálisis definitiva del consumo interno.