Capacidad instalada de la industria cayó al 58,4% en mayo

La utilización fabril profundizó su contracción interanual afectada por el consumo interno, mientras los hidrocarburos sostienen la actividad de los sectores exportadores en un escenario polarizado.

La capacidad instalada de la industria manufacturera argentina registró un nivel de utilización de apenas el 58,4% durante mayo de este año, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Esta contracción interanual, que ubica el indicador por debajo del 58,9% del mismo mes del año anterior, expone la profunda asimetría que atraviesa el entramado fabril. Mientras que las actividades vinculadas al consumo interno continúan en retroceso debido a la caída de los ingresos, los sectores primarios y energéticos, impulsados por los hidrocarburos, actúan como el principal motor de resistencia de la economía nacional.

Un escenario de polarización productiva

El indicador del Indec, que evalúa la proporción de la capacidad productiva efectivamente utilizada por el sector manufacturero sobre un panel de entre 600 y 700 empresas, expone de manera nítida el mapa actual de la economía argentina. Se observa una creciente segmentación entre los sectores transables, orientados a la exportación, y los no transables, dependientes de la demanda interna. Esta fractura se traduce en niveles operativos extremadamente dispares: mientras unas pocas ramas rozan su techo técnico, la mayoría trabaja a media máquina debido al enfriamiento de la actividad comercial y la parálisis de la construcción y la inversión privada.

Los bloques sectoriales que lograron posicionarse por encima de la media general del 58,4% estuvieron liderados de manera sobresaliente por la refinación de petróleo, que alcanzó un 88,7% de operatividad. Detrás se ubicaron las industrias metálicas básicas con un 75,4%, seguidas por papel y cartón (68,1%), sustancias y productos químicos (65,6%) y la rama de productos alimenticios y bebidas (60,0%). Por el contrario, la nómina de los sectores que operaron por debajo del promedio evidencia el impacto directo de la recesión doméstica: productos minerales no metálicos (55,5%), edición e impresión (54,0%), industria automotriz (45,5%), productos del tabaco (43,2%), productos textiles (42,2%), productos de caucho y plástico (39,6%) y la metalmecánica (38,7%).

El desplome de la metalmecánica y la maquinaria agrícola

El sector que mayor incidencia negativa aportó al indicador general fue la metalmecánica excepto automotores. Este rubro, clave para el empleo pyme y el desarrollo de la cadena de valor local, registró un nivel de uso de su infraestructura de apenas 38,7%, lo que representa un marcado declive frente al 46,0% alcanzado en mayo de 2025. La contracción de este segmento responde a la drástica disminución en las decisiones de inversión de capital por parte de las empresas y a la pérdida de dinamismo de los sectores demandantes de bienes de capital.

Según detalla el informe técnico del Indec, este resultado adverso se encuentra íntimamente ligado a la menor fabricación de maquinaria agropecuaria y de electrodomésticos. De acuerdo con el Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero, la fabricación de maquinaria destinada al agro sufrió una retracción del 29,6% interanual. Por su parte, la producción de aparatos de uso doméstico se desplomó un 34,1% en la comparación interanual, lo que evidencia el impacto del freno en los planes de financiamiento al consumo masivo y el deterioro real del poder adquisitivo.

El freno en el consumo masivo golpea a alimentos y bebidas

Incluso las industrias tradicionalmente más estables frente a las fluctuaciones económicas, como la de alimentos y bebidas, mostraron signos de debilitamiento al registrar un uso del 60,0% de su capacidad instalada, por debajo del 61,7% de mayo del año anterior. Las explicaciones del organismo de estadística oficial apuntan a la disminución de la actividad de los frigoríficos y una caída generalizada en la producción de bebidas. Datos del IPI manufacturero ratifican que la producción de carne vacuna cayó un 7,7% interanual, mientras que la elaboración de bebidas anotó un retroceso del 9,3%.

La gravedad de la situación en el consumo masivo se constata con los registros del sector privado. La Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (CADIBSA) informó que el volumen total de ventas de gaseosas, aguas y jugos mostró una variación interanual negativa del 14,6% en mayo. Estas cifras reflejan un cambio drástico en el comportamiento de los consumidores, quienes se ven obligados a recortar consumos de primera necesidad, impactando de forma directa en las líneas de producción de las plantas embotelladoras de todo el país.

El empuje hidrocarburífero y el debate sobre el modelo de desarrollo

La contracara absoluta de esta parálisis manufacturera se localiza en la refinación de petróleo, que escaló al 88,7% de su capacidad instalada, superando holgadamente el 73,3% de mayo del año anterior. Este notable incremento responde a un mayor procesamiento de crudo impulsado por el avance de la producción no convencional y la orientación exportadora del sector energético. El informe oficial destaca que la elaboración de gasoil y naftas registró incrementos interanuales del 23,8% y 18,3%, respectivamente, consolidándose como el principal amortiguador de la recesión fabril.

Sin embargo, analistas económicos advierten que esta dinámica asimétrica consolida un modelo con rasgos de economía de enclave, estimulado por marcos normativos como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Este esquema tiende a potenciar proyectos extractivos con un bajo nivel de integración de proveedores locales. El temor latente en la industria pyme es que la falta de encadenamientos productivos termine por desmantelar el tejido industrial urbano, transformando la matriz productiva en un exportador de materias primas con escaso valor agregado y baja generación de empleo calificado.

Conclusión

Los resultados de la utilización de la capacidad instalada en mayo exponen la urgencia de equilibrar la política económica nacional. Si bien el sector de los hidrocarburos y la minería se perfilan como generadores clave de divisas indispensables para la estabilidad cambiaria, el sostenimiento del empleo y el bienestar social en los grandes centros urbanos del país depende críticamente de la supervivencia de la industria enfocada en el mercado interno. Sin una política activa de financiamiento productivo y una recuperación real de los ingresos que motorice la demanda, el riesgo de una desindustrialización de hecho continuará amenazando la estructura económica nacional.