Clase media argentina: la mitad de la población se percibe en los estratos más bajos

El último monitor de la consultora Zentrix revela un profundo deterioro en la identidad social. El 50,1% de los argentinos ya se autopercibe como clase media baja o baja.

La clase media argentina atraviesa una crisis de identidad histórica que va más allá de los fríos números de la macroeconomía. Según el último Monitor de Opinión Pública elaborado por Zentrix Consultora, el 50,1% de los ciudadanos se autopercibe hoy dentro de los estratos de clase media baja o baja, consolidando un corrimiento de la pirámide social hacia los niveles inferiores. Este dato enciende alarmas estructurales, ya que muestra que la tradicional faja aspiracional que caracterizó al país se encuentra severamente erosionada, dejando a la clase media «pura» apenas por encima del tercio de la población, con un 39%.

La contracción del bienestar no responde a un fenómeno temporal de las últimas semanas. La serie evolutiva analizada por la consultora demuestra que la suma de los sectores bajos se ha mantenido de forma sostenida por encima del 50% desde agosto de 2025, transformando una caída coyuntural del poder adquisitivo en una autopercepción de empobrecimiento permanente.

Una radiografía de la pirámide subjetiva actual

El desglose de las respuestas ante la consulta sobre la pertenencia social es elocuente y dibuja un escenario de extrema polarización hacia la base. El estudio detalla los siguientes porcentajes de autopercepción:

  • Clase media: 39,0%

  • Clase media baja: 36,4%

  • Clase baja: 13,7%

  • Clase media alta: 9,6%

  • Clase alta: 0,9%

Estas cifras revelan que 9 de cada 10 argentinos se consideran hoy ubicados en el promedio social o por debajo de este. La porción que logra identificarse con los sectores más dinámicos o de mayores ingresos es microscópica, lo que evidencia el impacto psicológico y económico del actual régimen inflacionario sobre el entramado social de consumo.

La consolidación de una tendencia histórica

La persistencia del retroceso

Lo más significativo del informe no radica en la fotografía estática del mes, sino en su preocupante estabilidad temporal. Desde agosto de 2025, la sumatoria de los niveles socioeconómicos vulnerables ha oscilado dentro de una banda muy alta, tocando pisos del 49,6% y techos del 55,7%. El registro actual del 50,2% para el primer semestre confirma que el descenso social se ha estancado en niveles críticos.

El estancamiento del bloque intermedio

Por su parte, la clase media argentina tradicional ha mostrado fluctuaciones que van desde el 33,9% hasta el 44,6%, ubicándose actualmente en un terreno intermedio con el 39%. Mientras tanto, la cúspide de la pirámide (la combinación de clase alta y media alta) se mantiene completamente blindada y estancada, sin superar jamás el 12% de las menciones a lo largo de los últimos diez meses de mediciones consecutivas.

Pérdida de ingresos e identidad social

La autopercepción de pertenencia es una variable de diagnóstico cualitativo fundamental para entender el humor social. No cuantifica de manera directa el nivel de ingresos mediante una planilla fiscal, sino que describe cómo los ciudadanos interpretan su calidad de vida en relación con su entorno y su historia. El hecho de que la mitad de la población se autoubique en los escalones inferiores demuestra que el malestar ha perforado la matriz identitaria de las familias.

Este derrumbe subjetivo guarda una correlación matemática perfecta con otros indicadores de la encuesta: el 41,7% de los entrevistados evalúa de forma explícitamente negativa su situación económica personal, mientras que un abrumador 86,1% afirma que su salario nominal corre por detrás de la inflación. La percepción de pertenecer a una clase social desfavorecida es, en última instancia, la cristalización de meses acumulados de privaciones materiales directas.

Un fenómeno estructural que resiste a la política

A diferencia de variables de opinión pública que suelen ser sumamente volátiles —como la imagen de la gestión presidencial o la evaluación general de la macroeconomía nacional, las cuales muestran picos de optimismo o desplomes según los anuncios oficiales—, la percepción de clase social goza de una preocupante inercia.

Esto sugiere que los argentinos están procesando la crisis actual no como un bache del cual se sale con rapidez, sino como un reordenamiento estructural de sus vidas cotidianas. El consumo de marcas alternativas, la cancelación de coberturas de salud privadas, el recorte en esparcimiento y la imposibilidad de ahorro mensual actúan como recordatorios diarios de que la antigua posición socioeconómica se ha desvanecido.

Este panorama se completa con un clima generalizado de profundo escepticismo. El monitor de Zentrix destaca que el 64% de los encuestados califica negativamente el rumbo macroeconómico del país, mientras que un 55,1% mantiene expectativas pesimistas y considera que «lo peor está por venir». De esta manera, el declive de la clase media argentina se inserta en un escenario de retroceso material y desesperanza respecto al futuro inmediato.