El empleo en tecnológicas argentinas se freno por primera vez en dos décadas

El empleo en tecnológicas argentinas registró su primer freno histórico desde 2004, afectado por la devaluación de los salarios reales y el fuerte impacto de la automatización por inteligencia artificial.

El empleo en tecnológicas argentinas interrumpió más de dos décadas de crecimiento ininterrumpido al registrar un freno histórico en la generación de nuevos puestos de trabajo. Así lo demostró el Informe Anual del Observatorio del Trabajo Informático (OTI), el cual encendió las alarmas de la economía del conocimiento al detectar un cambio de ciclo estructural. Este estancamiento quiebra una racha positiva que se mantenía invicta desde 2004, dejando en evidencia que el sector de la economía del conocimiento ya no es inmune a las fluctuaciones macroeconómicas del país, a la pérdida del poder adquisitivo y a los desafíos emergentes de la automatización digital.

La causa del software y los servicios informáticos, que mantiene en vilo a la comunidad local, avanzó recientemente hacia un escenario de madurez y enfriamiento laboral. Los datos recopilados por el OTI confirman varios trimestres consecutivos de estancamiento o pérdida neta de puestos, una realidad que impacta de lleno en las expectativas de miles de profesionales y estudiantes que veían en este rubro un pasaporte seguro a la estabilidad financiera.

El fin del refugio laboral y el impacto de la inflación

Durante más de veinte años, la industria del desarrollo de software y servicios de tecnología fue catalogada como el gran refugio del mercado laboral privado en el país. Mientras otras actividades productivas sufrían contracciones severas debido a las recurrentes crisis económicas, las empresas tecnológicas continuaban incorporando personal de manera constante. Sin embargo, los datos basados en los entrecruzamientos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC), el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), confirman el fin de esta excepcionalidad.

Hacia el cierre del año, el sector consolidó una nómina de algo más de 170.000 trabajadores registrados, reflejando una pérdida de casi un centenar de puestos de trabajo netos solo en el último trimestre relevado. A este freno en las contrataciones se suma un marcado deterioro en los ingresos de los profesionales informáticos. Durante el último período, los salarios de la actividad volvieron a perder poder adquisitivo frente a la inflación, una tendencia que se agravó en los primeros meses de este año. La falta de paritarias periódicas y la ausencia de un convenio colectivo de trabajo específico desprotegen a los empleados de esta rama frente a la escalada de precios.

Por otra parte, el informe desmitificó el perfil habitual del trabajador del sector. Lejos de la creencia popular de que la industria está compuesta mayoritariamente por jóvenes menores de 30 años, las estadísticas demuestran que la fuerza laboral está integrada principalmente por varones con formación universitaria, cuya edad promedio ronda los 40 años.

Inteligencia artificial y la precarización invisible del sector

La irrupción masiva de los nuevos modelos de inteligencia artificial (IA) comenzó a reconfigurar la demanda laboral y la organización interna de las compañías. De acuerdo con los investigadores del OTI, la adopción desregulada de estas tecnologías no solo redujo la búsqueda de perfiles de ingreso o niveles junior, sino que provocó despidos directos y un incremento en los fallos de seguridad informática dentro de los entornos corporativos y públicos debido al uso descontrolado de las herramientas.

El estudio pone especial énfasis en el surgimiento de una cadena de trabajo humano altamente precarizada que sostiene el desarrollo de los algoritmos. Detrás de la narrativa corporativa de la autonomía tecnológica, se esconde un ejército de etiquetadores de datos y moderadores de contenido. Estos trabajadores se encargan de clasificar textos, anotar imágenes y entrenar a los asistentes virtuales bajo condiciones contractuales desfavorables: perciben pagos por pieza de escasos centavos, carecen de derechos laborales básicos y están expuestos habitualmente a contenidos traumáticos, bajo una total asimetría de poder con las plataformas internacionales. El mito del pleno empleo en el universo IT empieza a mostrar severas grietas de inestabilidad global.

Reformas laborales y las nuevas modalidades de contratación

El panorama sectorial se complejiza aún más tras la implementación de la reforma laboral sancionada por el Poder Ejecutivo nacional. Desde la perspectiva de los analistas del observatorio, estas modificaciones normativas se traducen en una doble precarización para los informáticos. Las nuevas reglas eliminaron derechos consolidados en la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) e invalidaron de forma directa beneficios y protecciones relativas que establecía la Ley de Teletrabajo.

La falta de un marco normativo unificado que regule las tareas a distancia, fije escalas salariales mínimas según los roles y evalúe el impacto de la IA en los puestos de trabajo profundiza la desprotección de los profesionales. En la actualidad, la realidad del sector exhibe una fuerte concentración geográfica: el 67,8% de los informáticos se desempeña en empresas radicadas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Asimismo, las condiciones de flexibilidad extrema llevaron a que un 10,4% de los trabajadores recurra al pluriempleo para sostener sus ingresos, mientras que más de 35.000 personas operan de forma freelance y un 76% lo hace bajo modalidades híbridas o de teletrabajo absoluto.

Conclusión

El freno en la creación de puestos marca un punto de inflexión para una de las industrias clave de la economía moderna. Ante un escenario dominado por la devaluación salarial, la pérdida de derechos laborales específicos y el avance de la automatización mediante inteligencia artificial, el sector privado enfrenta el desafío de reestructurar sus bases. La sostenibilidad futura de esta actividad ya no dependerá únicamente de los beneficios tributarios corporativos vigentes, sino de una regulación estatal eficiente capaz de proteger el valor del trabajo humano, garantizar la capacitación continua y redistribuir los márgenes de productividad.