La Plaza de Mayo desbordó en un histórico Nunca Más a 50 años del golpe
A cinco décadas del inicio de la última dictadura militar, una multitudinaria movilización en el centro porteño rechazó el negacionismo oficial y reafirmó el compromiso con la Memoria, Verdad y Justicia.
El grito de una generación que no olvida
A 50 años del golpe cívico-militar que instauró el terrorismo de Estado en la Argentina, la Plaza de Mayo volvió a convertirse este 24 de marzo en el epicentro de la resistencia democrática. Bajo la consigna inclaudicable de «Son 30.000 y que nos digan dónde están», una marea humana desbordó las principales avenidas del centro porteño. La jornada no fue solo un ejercicio de nostalgia, sino una respuesta política contundente frente al discurso negacionista que intenta imponer la gestión de Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel.
La movilización alcanzó dimensiones históricas, reflejando que el pacto democrático de 1983, aunque tensionado por la coyuntura actual, mantiene una base social sólida. Centenares de miles de personas, desde sobrevivientes y familiares hasta jóvenes que nacieron en plena democracia, marcharon para asegurar que el horror no tenga espacio para el retorno, ni siquiera en el plano de la disputa narrativa.
La unidad de los organismos: un frente contra el olvido
Uno de los hitos de la jornada fue la lectura del documento central, fruto de una unidad entre los organismos de Derechos Humanos que, hasta hace poco tiempo, parecía difícil de concretar. Con figuras emblemáticas como Estela de Carlotto (Abuelas de Plaza de Mayo), Taty Almeida (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora) y el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel a la cabeza, el mensaje fue directo y punzante.
«La memoria se defiende luchando», afirmaron desde el escenario, vinculando el plan sistemático de exterminio de 1976 con lo que describieron como intentos actuales de «convertir a la Argentina en una colonia». El documento no ahorró críticas a la actual administración nacional, señalando que la relativización de la cifra de desaparecidos y la reivindicación de la «teoría de los dos demonios» son afrentas a la verdad jurídica establecida en los juicios de lesa humanidad.
«No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos», arengaron los referentes, mientras la multitud respondía con cánticos que señalaban directamente a la Casa Rosada. La militancia de los detenidos-desaparecidos fue reivindicada no solo como víctimas, sino como sujetos políticos que lucharon por una sociedad sin opresión, una bandera que los manifestantes levantaron para oponerse a las reformas económicas de la era Milei.
La matriz económica: el hilo conductor entre 1976 y el presente
El análisis periodístico y político de la jornada puso el foco en un punto central: la matriz económica que motivó el golpe. Los organismos recordaron que el terrorismo de Estado —con sus 800 centros clandestinos, el robo de bebés y los vuelos de la muerte— no fue un fin en sí mismo, sino el instrumento necesario para instalar un modelo de desindustrialización y primarización de la economía.
En este sentido, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, presente en la marcha, fue tajante al trazar paralelismos: «Hay fragmentos en los discursos de Milei que son idénticos a los de Martínez de Hoz», sentenció, advirtiendo sobre la fragilidad de las instituciones cuando el modelo económico excluye a las mayorías. Por su parte, el juez federal Daniel Rafecas aportó la perspectiva jurídica necesaria, recordando que, mientras los crímenes comunes prescriben, los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles por haber sido ejecutados desde la estructura misma del Estado.
Una plaza que contuvo todas las luchas sociales
La movilización funcionó también como un termómetro del conflicto social que atraviesa el país. Diferentes columnas aportaron sus propios matices y reclamos, convirtiendo a la Plaza de Mayo en un mosaico de la protesta contemporánea:
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La Cámpora: Partió desde la ex ESMA con una columna masiva, sumando el reclamo por la situación judicial de la expresidenta Cristina Kirchner.
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Sindicatos (ATE y CTA): Rodolfo Aguiar y Hugo Godoy denunciaron la «deshumanización» del ajuste actual. Recordaron, junto al juez Baltasar Garzón, que el 70% de los desaparecidos fueron trabajadores y cuadros sindicales.
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Encuentro Memoria, Verdad y Justicia: La izquierda marchó de forma independiente, exigiendo la apertura total de los archivos de la represión (1974-1983) y criticando la tutela del FMI sobre la economía nacional.
El peso simbólico de los pañuelos blancos
A pesar de los intentos oficiales por deslegitimar la cifra simbólica de los 30.000, la plaza demostró que el consenso social sobre el genocidio es mayoritario. El pedido de justicia por Jorge Julio López y la búsqueda incansable de los nietos que aún faltan recuperar marcaron el cierre de una jornada cargada de emotividad.
El 50° aniversario del golpe dejó una certeza: el Nunca Más ha dejado de ser un lema de bronce para transformarse en una acción política urgente. En un contexto donde la cúpula del Ejecutivo nacional coquetea con discursos de impunidad, la sociedad civil ha vuelto a ocupar la calle para recordar que la democracia argentina se asienta, ante todo, sobre los pilares de la memoria histórica.
