El femicidio de Daiana García: un enigma que terminó en un doble suicidio

A 11 años del crimen que conmocionó al barrio de Palermo, el caso permanece como un recordatorio de la violencia de género más extrema. El principal sospechoso se quitó la vida antes de ser detenido.

El 13 de marzo de 2015, el hallazgo de un cuerpo dentro de una bolsa de arpillera a la vera de la Ruta 4, en la localidad de Llavallol, terminó con la búsqueda de Daiana García. La joven de 19 años había desaparecido seis días antes, tras salir de su casa en el barrio porteño de Palermo para una supuesta entrevista de trabajo. Lo que siguió fue una investigación vertiginosa que reveló una trama de obsesión y un desenlace trágico que impidió la llegada de la justicia formal.

La desaparición y el hallazgo

Daiana salió de su hogar el sábado 7 de marzo de 2015. Según relató su familia, se dirigía a la intersección de las avenidas Ángel Gallardo y Corrientes para encontrarse con un conocido que le había ofrecido un empleo en un local de ropa. Nunca llegó a la cena que tenía pactada con sus amigas esa misma noche.

Tras días de angustia y una campaña masiva en redes sociales, el viernes 13 se confirmó la peor noticia. Unos recolectores de basura encontraron un bulto sospechoso bajo un puente ferroviario. El cuerpo de Daiana no presentaba signos de defensa, lo que sugirió desde un inicio que el atacante era alguien de su círculo de confianza o que la había sorprendido de manera absoluta. La autopsia determinó que la causa de muerte fue asfixia por sofocación.

El sospechoso: Juan Manuel Fígola

La investigación, liderada por el fiscal Lucio Herrera, se centró rápidamente en el entorno de la joven. El cruce de llamadas y mensajes llevó a la policía hacia Juan Manuel Fígola, un hombre de 38 años que trabajaba en una empresa de logística y mantenimiento. Fígola conocía a Daiana y, según los testimonios, mantenía una fijación con ella que no era correspondida.

El sábado 14 de marzo, apenas un día después del hallazgo del cuerpo, la policía allanó el domicilio de Fígola. Sin embargo, llegaron tarde. El hombre se había arrojado bajo una formación del Ferrocarril Sarmiento en la estación de Gregorio de Laferrere. Antes de suicidarse, le habría confesado a su padre a través de un mensaje o llamado: «Me mandé una macana».

Pruebas concluyentes y cierre de la causa

A pesar del suicidio del sospechoso, la justicia continuó con las pericias para determinar si hubo cómplices o si la autoría era exclusiva de Fígola. Las pruebas fueron contundentes:

  • El vehículo: En el auto de Fígola se encontraron restos de fibras de arpillera idénticas a las de la bolsa donde fue hallado el cuerpo.

  • Geolocalización: Las antenas de telefonía celular ubicaron el dispositivo de Fígola en la zona de Llavallol en la madrugada del domingo, el momento estimado del descarte del cuerpo.

  • ADN: Pericias posteriores confirmaron la presencia de material genético que vinculaba directamente al sospechoso con la escena del crimen y los restos de la víctima.

Dado que la acción penal se extingue con la muerte del imputado, la causa fue finalmente archivada. No hubo juicio, ni condena, ni posibilidad de indagar en las motivaciones profundas del femicida más allá de lo que las pruebas materiales indicaron.

Un símbolo de la violencia de género

El femicidio de Daiana García se produjo en un año bisagra para la sociedad argentina. Meses después de su muerte, el 3 de junio de 2015, se realizó la primera movilización de Ni Una Menos, motivada por este y otros crímenes atroces como el de Chiara Páez.

El caso de Daiana desnudó la peligrosidad de las promesas laborales falsas como método de captación y la persistencia de la violencia de género en ámbitos urbanos. A más de una década, su nombre figura en cada listado de víctimas que la justicia no pudo proteger a tiempo y cuyo victimario eligió el silencio final para evadir la cárcel.