Inestabilidad en Medio Oriente: el riesgo para la Argentina

La alianza incondicional de Javier Milei con Estados Unidos e Israel expone a la Argentina a represalias del régimen iraní, según advirtió el experimentado diplomático y ex embajador Diego Guelar.

El recrudecimiento de las hostilidades en Medio Oriente ha encendido las alarmas en el tablero diplomático regional. En este contexto, el ex embajador argentino en China y Estados Unidos, Diego Guelar, lanzó una severa advertencia sobre las implicancias que la política exterior del gobierno de Javier Milei podría tener para la seguridad nacional. Según el diplomático, la postura de alineamiento irrestricto con la administración de Donald Trump y el Estado de Israel coloca al país en una situación de vulnerabilidad inédita, transformando una disputa geográfica distante en un factor de riesgo interno tangible.

Un compromiso en la «primera línea»

Durante una reciente entrevista radial, Guelar fue categórico al analizar el posicionamiento geopolítico de la Casa Rosada. Para el experto, Argentina ha dejado de ser un observador lejano para convertirse en un actor involucrado de manera directa. “No estamos lejos del conflicto; estamos en la primera línea de los aliados incondicionales”, señaló, subrayando que la actual estrategia oficial desdibuja los límites de la tradicional neutralidad o autonomía que el país supo mantener en crisis internacionales previas.

El ex embajador argumentó que esta cercanía no es gratuita. La naturaleza del régimen de Teherán, al que calificó como una estructura «criminal y extremista» con 45 años de historia basada en el fundamentalismo, sugiere que las respuestas a las ofensivas sufridas no se limitarán necesariamente al territorio de Medio Oriente. La memoria histórica de la Argentina, marcada por los atentados a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994, sobrevuela como un recordatorio sombrío de la capacidad operativa de las células iraníes en América Latina.

Pertenencia frente a alineamiento acrítico

Uno de los puntos más agudos del análisis de Guelar radica en la distinción semántica y estratégica entre «pertenecer» y «alinearse». Si bien reconoce que la Argentina es, por valores e historia, una nación plenamente inserta en la comunidad occidental, advirtió que dicha pertenencia no debería implicar una obediencia ciega a las directrices de Washington o Jerusalén.

“Argentina es un país occidental, lo que implica tener libertad de coincidencia y disidencias”, afirmó. Para el diplomático, el alineamiento incondicional que profesa Milei contradice la esencia misma de la democracia occidental, la cual se basa en el pensamiento crítico y la defensa de los intereses nacionales propios. En su visión, consolidar la participación en el concierto de naciones democráticas es un objetivo loable, pero hacerlo de forma «acrítica» expone al Estado a quedar atrapado en las impredecibles dinámicas de poder de las potencias globales.

El factor Trump y el caos global

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y su manejo personalista de la política exterior es otro de los pilares que preocupan a la diplomacia de carrera. Guelar describió el panorama internacional actual no como un «nuevo orden», sino como un «caos» liderado por figuras que privilegian la disrupción sobre la estabilidad institucional. El diplomático cuestionó la volatilidad en las decisiones militares y estratégicas de la potencia del norte, señalando que los efectos no deseados de una guerra abierta contra Irán son imposibles de medir en este momento.

Más allá de los componentes ideológicos o de la justicia de combatir a una teocracia dictatorial, el ex embajador puso el foco en las consecuencias económicas y sociales. Los ataques a la infraestructura petrolera iraní y la consecuente disparada de los precios energéticos son distorsiones que el mundo entero —incluida la Argentina— paga en forma de inflación y violencia. «Nadie sabe dónde, ni cuándo, ni cómo termina esto», sentenció con preocupación.

Perspectivas y riesgos de seguridad

La posibilidad de que Irán active redes durmientes en el exterior es un escenario que las fuerzas de seguridad locales ya monitorean. Según el diplomático, el extremismo solo engendra más extremismo, y sería ingenuo esperar gestos de sensatez por parte de los ayatolás frente a una presión externa que perciben como existencial.

La conclusión de Guelar es agridulce: aunque un cambio de régimen en Irán hacia un sistema conviviente y no violento sería la mayor contribución posible a la paz mundial, el camino elegido para lograrlo —el de la confrontación bélica liderada por un mando «caótico»— podría derivar en consecuencias imprevistas para los aliados secundarios. Para Argentina, el desafío será equilibrar sus deseos de protagonismo internacional con la prudencia necesaria para no quedar en el centro de un fuego cruzado del que difícilmente pueda defenderse.