El avance del mar pone en jaque el futuro de las playas bonaerenses

La erosión costera y el ascenso del nivel del mar reducen hasta dos metros de arena anuales en sectores urbanos de la provincia de Buenos Aires, amenazando el turismo y la infraestructura.

El cambio climático en las playas argentinas ha dejado de ser una proyección teórica para transformarse en una crisis visible y cotidiana. En gran parte del litoral bonaerense, la pérdida de superficie de arena es drástica: donde antes se desplegaban amplias zonas de recreación, hoy el oleaje golpea directamente contra la infraestructura turística. Este fenómeno, potenciado por sudestadas cada vez más frecuentes y pleamares inusualmente altas, quedó evidenciado este verano en puntos críticos como Playa Grande, en Mar del Plata, donde el espacio público se redujo al mínimo, dejando carpas y servicios a merced del agua.

Una vulnerabilidad estructural del litoral

Según el geólogo Federico Iñaki Isla, investigador del CONICET, el problema responde a una combinación de factores naturales y antrópicos. El cambio climático en las playas argentinas acelera el ascenso del nivel del mar, pero la crisis se profundiza por una «mala alimentación» de las playas. El sistema costero funciona mediante el transporte de sedimentos de sur a norte a través de la Corriente de Deriva Litoral; cuando este flujo se interrumpe, la arena que el mar se lleva durante las tormentas no regresa.

Los datos relevados por especialistas son alarmantes:

  • Zona Sur (Mar del Plata a Pehuencó): El retroceso promedio es de medio metro por año.

  • Barrera Oriental (Pinamar, Villa Gesell, Partido de la Costa): En áreas urbanas, la pérdida oscila entre uno y dos metros anuales.

  • Registros históricos: En décadas pasadas, algunos sectores llegaron a perder hasta cinco metros de costa en un solo año.

El impacto de las obras sin planificación

A pesar de la influencia del calentamiento global, los expertos coinciden en que la intervención humana ha sido determinante. La construcción de espigones, escolleras y rompeolas sin una visión regional ha generado «trampas de arena». Estas estructuras retienen sedimentos en un punto específico, pero privan de ellos a las playas vecinas, rompiendo el equilibrio natural.

Un caso testigo es Santa Clara del Mar, donde la construcción de siete espigones hace cuatro décadas protegió el casco urbano pero dejó desprovista a la zona de Camet Norte. Hoy, esta última localidad enfrenta derrumbes de acantilados que ponen en riesgo viviendas y un yacimiento paleontológico único en el mundo. Situaciones similares se replican en Mar del Tuyú, Santa Teresita y Bahía de los Vientos, donde la erosión ya es un problema instalado que compromete el patrimonio natural y privado.

Desafíos ambientales y soluciones técnicas

El boom inmobiliario y prácticas extractivas obsoletas —como retirar arena de zonas altas para rellenos temporales— han agravado el cuadro. El geólogo Andrés Folguera (CONICET/UBA) advierte que, aunque existe arena en reservas naturales como Punta Médanos o el Faro Querandí, de nada sirve volcar toneladas de sedimentos si las obras costeras impiden su distribución natural. «El mar se la va a llevar si no hay un plan ambiental coordinado», sostiene el especialista.

No obstante, el escenario no es irreversible. Existen alternativas técnicas menos invasivas que los espigones tradicionales:

  1. Espigones cortos y escalonados: Permiten un flujo de arena más fluido hacia las playas contiguas.

  2. Rompeolas desvinculados: Aunque son más costosos, reducen la energía del oleaje sin anular el transporte de sedimentos.

  3. Planificación regional: Superar las intervenciones aisladas de cada municipio para tratar la costa como un sistema único.

Actualmente, algunas de estas soluciones se están implementando en el partido de General Pueyrredón y en Las Toninas. Sin embargo, la velocidad del cambio climático en las playas argentinas exige una respuesta política y técnica urgente para evitar que el patrimonio natural más importante de la provincia de Buenos Aires termine sumergido bajo el Atlántico.