La AUH cubre apenas la cuarta parte del costo de crianza

La Asignación Universal por Hijo quedó rezagada frente a una canasta de crianza que ya supera los 600.000 pesos mensuales, evidenciando una brecha crítica en la protección social argentina.

El costo de criar a un hijo en Argentina ha alcanzado niveles críticos, dejando a las partidas de asistencia social en una situación de insuficiencia severa. Durante el primer mes de 2026, la Asignación Universal por Hijo (AUH) logró cubrir apenas la cuarta parte de los gastos básicos necesarios para el desarrollo de un menor. Mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 2,9% en enero, la canasta de crianza avanzó un 3,5%, profundizando una brecha que afecta directamente a los sectores más vulnerables del país.

El desfasaje de la asistencia frente a la inflación

La realidad económica ha desactualizado de forma acelerada el monto destinado a la Asignación Universal por Hijo. En enero de 2026, la prestación se mantuvo en $125.518 por hijo (ascendiendo a $408.705 en casos de discapacidad), una cifra que palidece frente a los requerimientos mínimos relevados oficialmente. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el costo de criar a un recién nacido o bebé menor de un año pasó de $460.178 en diciembre a $476.230 en enero.

Este incremento mensual de $16.052 refleja una tendencia preocupante: en términos interanuales, el alza de estos costos específicos ya supera el 21%. La velocidad con la que se encarecen los bienes y servicios esenciales para la niñez supera el ritmo de actualización de las políticas de transferencia de ingresos, lo que coloca a las familias en una situación de malabarismo financiero constante.

Desglose de la canasta por rangos etarios

El informe oficial permite observar cómo el costo de vida se incrementa a medida que los niños crecen, alcanzando su pico en la etapa escolar primaria. La estructura de gastos no solo contempla bienes materiales, sino también el valor del tiempo dedicado al cuidado.

  • De 1 a 3 años: El costo mensual trepó un 3,5%, situándose en $567.124.

  • De 4 a 5 años: Se registró un aumento del 3,6%, elevando la canasta a $483.497.

  • De 6 a 12 años: Este segmento es el más costoso, superando la barrera de los seiscientos mil pesos. El monto ascendió de $586.627 a $607.848 mensuales.

Al analizar la composición interna de estos valores, se observa que los bienes y servicios aumentaron un 3,9% mensual (de $148.236 a $154.079). Por otro lado, los gastos vinculados al cuidado —que miden el valor monetario del tiempo y las tareas necesarias para la crianza— se incrementaron un 3,3%, alcanzando los $322.151. Esta última cifra subraya la importancia de las tareas de cuidado como un factor de peso económico que muchas veces queda invisibilizado en las discusiones presupuestarias.

Un escenario de presión inflacionaria

El incremento de los costos de crianza se produce en un contexto donde el índice general de precios marcó en enero su quinta suba consecutiva. El 2,9% informado por el Indec representa el registro más alto desde marzo de 2025, cuando la inflación alcanzó el 3,7%. Este escenario se da, además, bajo el marco de la reciente controversia por la postergación del nuevo IPC, una medida que el Ministerio de Economía, liderado por Luis Caputo, decidió no avanzar.

El principal motor de esta aceleración ha sido el rubro de alimentos, que mostró un salto del 4,7%, con una incidencia particularmente fuerte en el precio de la carne. Otros sectores que presionaron el índice general fueron comunicación (3,6%) y vivienda (3%), componentes que impactan de lleno en la economía de los hogares con hijos a cargo.

Reflexión sobre la vulnerabilidad infantil

La insuficiencia de la Asignación Universal por Hijo para cubrir incluso un tercio de la canasta básica de crianza plantea un interrogante ético y económico sobre la eficacia de las redes de contención actuales. Cuando el Estado logra cubrir solo el 25% de lo que un niño necesita para desarrollarse dignamente, la responsabilidad del cuidado recae casi exclusivamente en ingresos familiares que, en su mayoría, no logran ganarle a la carrera contra la inflación.

La disparidad entre el IPC general y el costo de crianza sugiere que la inflación «de los más pequeños» es más voraz. Sin una revisión estructural de los montos de asignación o una estabilización drástica de los precios de los alimentos y servicios de cuidado, la brecha seguirá expandiéndose, comprometiendo no solo el presente, sino el capital humano futuro de la nación.