Capacidad instalada industrial cae al 53,8% y marca el cierre de 2025

La industria manufacturera argentina finalizó el año con una fuerte contracción, operando a poco más de la mitad de su potencial productivo, registrando su nivel más bajo en veintiún meses.

La parálisis industrial en Argentina ha alcanzado un nuevo punto crítico. Según el último informe del INDEC, la capacidad instalada de la industria manufacturera se hundió al 53,8% en diciembre de 2025, consolidando una tendencia contractiva que enciende alarmas en todo el arco productivo. Este indicador no solo representa el tercer retroceso mensual consecutivo, sino que se posiciona como el registro más magro desde marzo de 2024, evidenciando que el aparato fabril del país está funcionando apenas por encima de la mitad de su potencial técnico.

Un escenario de retroceso estructural

El dato de diciembre (53,8%) refleja un deterioro significativo en comparación con el mismo mes del año anterior, cuando el uso de las plantas se ubicaba en el 56,7%. La caída interanual y la secuencia de bajas mensuales sugieren que las políticas económicas vigentes han impactado de lleno en el consumo y la inversión, forzando a las empresas a ralentizar sus líneas de producción.

Históricamente, un nivel de utilización de capacidad instalada cercano al 50% indica una economía en estado de hibernación. Para el sector industrial, esto se traduce en una pérdida de eficiencia operativa, mayores costos unitarios y, fundamentalmente, un desincentivo total para la creación de nuevos puestos de trabajo o la renovación de bienes de capital. El cierre de 2025 deja así una herencia de capacidad ociosa que será difícil de revertir en el corto plazo sin un cambio en la dinámica de la demanda interna.

Radiografía sectorial: ganadores y perdedores

El promedio general del 53,8% oculta disparidades profundas entre los distintos rubros de la economía. Mientras que algunos sectores logran sostener niveles de actividad aceptables gracias a la exportación o a necesidades básicas, otros se encuentran en una situación de virtual parálisis.

Los sectores que lograron mantenerse por encima de la media fueron:

  • Refinación del petróleo: 87,1% (impulsado por la demanda energética y exportaciones).

  • Papel y cartón: 65,0%.

  • Alimentos y bebidas: 63,6%.

  • Sustancias y productos químicos: 58,6%.

  • Industrias metálicas básicas: 57,5%.

En la vereda opuesta, la realidad es dramática. La industria automotriz, otrora motor del empleo calificado, operó apenas al 31,2%. Le siguen el rubro de caucho y plástico con un 33,4% y el sector textil con un 35,2%. Estos números no solo son estadísticas; representan turnos cancelados, suspensiones de personal y una cadena de pagos bajo máxima presión.

El desplome de la metalmecánica y el agro

Uno de los datos más preocupantes del informe es la incidencia negativa de la metalmecánica (excluyendo el sector automotor), que registró un uso de apenas el 38,9%. Dentro de este grupo, la fabricación de aparatos de uso doméstico sufrió una caída estrepitosa del 43% interanual. El consumo de electrodomésticos, sensible al poder adquisitivo y a las tasas de financiación, parece haber desaparecido del radar de las familias argentinas.

Por otro lado, la maquinaria agropecuaria, vinculada directamente a la inversión del campo, retrocedió un 22,9%. A pesar de las proyecciones optimistas para las cosechas, la incertidumbre económica y la falta de crédito accesible han llevado a los productores a postergar la renovación de sus flotas, impactando directamente en las fábricas del interior del país.

El acero: la única nota discordante

En medio del pesimismo generalizado, las industrias metálicas básicas aportaron el único alivio estadístico. Con una utilización del 57,5%, el sector se vio beneficiado por un incremento del 11,9% interanual en la producción de acero crudo, según datos de la Cámara Argentina del Acero. Este repunte, sin embargo, parece estar más vinculado a compromisos de exportación y stock preventivo que a un renacimiento del mercado interno, dado el parate generalizado en la construcción y la metalmecánica pesada.

Un futuro condicionado por la capacidad ociosa

El cierre de 2025 bajo la gestión de Milei deja un panorama industrial desolador. Con las fábricas trabajando al 53,8%, el riesgo de un proceso de desindustrialización se vuelve tangible. La capacidad instalada no es solo un número; es el termómetro de la confianza empresarial. Sin señales claras de reactivación del consumo interno y con costos crecientes, el escenario para 2026 abre interrogantes críticos sobre la sostenibilidad del empleo industrial y la viabilidad de muchas pequeñas y medianas empresas que hoy tienen sus máquinas apagadas.