Paro en Coca-Cola: lanzan una medida por tiempo indeterminado
Tras una masiva asamblea en la planta Mega, 1.500 trabajadores votaron un cese de actividades indefinido exigiendo mejoras salariales, el pase a planta permanente de contratados y mayor dotación de personal.
El conflicto laboral en la industria de las bebidas ha escalado a un punto crítico tras el anuncio de un paro en Coca-Cola por tiempo indeterminado. La decisión fue ratificada este viernes durante una asamblea multitudinaria encabezada por Pablo Moyano en la planta Mega de la compañía. Ante la falta de respuestas a las demandas de mejores condiciones de trabajo y recomposición salarial, los 1.500 trabajadores presentes decidieron iniciar una medida de fuerza de carácter permanente, marcando además el regreso del dirigente camionero a la primera línea del escenario gremial tras meses de un perfil público moderado.
La asamblea en la planta Mega y los ejes del conflicto
La jornada de protesta comenzó en las primeras horas de la mañana en las instalaciones de la planta Mega de Coca-Cola. El encuentro no fue solo un acto de presencia, sino un espacio de deliberación donde el cuerpo de delegados, junto al secretario Gremial del sindicato, Marcelo Aparicio, expuso la situación de estancamiento en las negociaciones con la patronal. Los trabajadores, que enfrentan jornadas de alta intensidad productiva, manifestaron su descontento ante lo que consideran un desfasaje entre la rentabilidad de la empresa y sus condiciones de vida.
Los puntos centrales que motivaron el paro en Coca-Cola se desglosan en tres ejes fundamentales:
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Efectivización de contratados: El gremio exige el pase a planta permanente de una gran cantidad de operarios que actualmente se encuentran bajo modalidades de contratación precaria.
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Revisión del presentismo: Los trabajadores denuncian que los criterios actuales para el cobro de este ítem son punitivos y no consideran situaciones de salud o fuerza mayor.
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Incorporación de personal: Se solicitó formalmente el refuerzo de las cuadrillas, especialmente en el turno nocturno, para mitigar la sobrecarga laboral que afecta la seguridad e integridad física de los empleados.
Moyano retoma el protagonismo con un discurso combativo
La presencia de Pablo Moyano en la asamblea fue el factor determinante para elevar la temperatura del reclamo. El dirigente, que venía manteniendo una postura expectante ante el panorama político nacional, eligió este conflicto para reafirmar su liderazgo. «Estamos de paro y nos vamos a quedar en la planta hasta que tengan una solución», sentenció Moyano ante la ovación de los operarios, dejando en claro que la permanencia en el lugar de trabajo es parte de la estrategia para presionar a la gerencia de la multinacional.
Este movimiento no solo afecta la producción y distribución de la firma, sino que envía un mensaje directo a la Cámara de la Industria de Bebidas Sin Alcohol. La determinación de no fijar una fecha de finalización para la medida de fuerza pone a la empresa en una situación logística compleja, dada la alta demanda estacional que suele caracterizar a este periodo del año.
El rechazo a la reforma laboral y la movilización del 11 de febrero
Más allá de las reivindicaciones puntuales dentro de la planta de Coca-Cola, Moyano aprovechó el estrado para nacionalizar el conflicto. En su discurso, el sindicalista vinculó la lucha local con la resistencia a la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, la cual calificó como un retroceso histórico para los derechos de la clase trabajadora.
En este contexto, se lanzó una convocatoria de urgencia para el próximo 11 de febrero. Ese día, cuando el proyecto de reforma sea tratado en el Congreso de la Nación, los trabajadores de Coca-Cola se sumarán a una movilización masiva. «Hay que estar todos en la calle para defender los derechos conquistados», afirmó el dirigente, consolidando un frente de resistencia que trasciende el sector de las bebidas.
Articulación sindical y el rol de la UTEP
La reaparición de Moyano coincide con una intensa agenda de reuniones estratégicas. Recientemente, el líder camionero recibió en su despacho a figuras clave como Abel Furlán, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), y Alejandro Gramajo, referente de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP).
Esta alianza entre los gremios tradicionales de la CGT y los movimientos sociales de la economía popular sugiere la formación de un bloque de presión mucho más amplio. La articulación busca unificar criterios frente a la crisis económica y el ajuste, utilizando el paro en Coca-Cola como un caso testigo de la resistencia que el sindicalismo está dispuesto a ofrecer en los próximos meses. Por el momento, la planta permanece paralizada y la empresa no ha emitido un comunicado oficial sobre posibles mesas de diálogo.
